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Crítica:

Música y buenos sentimientos

Las reposiciones llegan con los calores, como si los empresarios buscaran solucionar sus problemas de comercialización con viejos y suculentos títulos, que hicieron su fortuna en el pasado. Las reposiciones tienen su estrategia y requieren una habilidad nada común, aunque es necesario afirmar que en general, nada tienen que ver con el arte cinematográfico y poco con la cultural. Los filmes seleccionados lo son en virtud de criterios puramente comerciales y si, además, poseen una cierta calidad cinematográfica, ésta jamás será el factor definitivo para arrancar la película del olvido de los almacenes. En el caso de Música y lágrimas -una de las producciones más taquilleras de la historia del cine, sólo recientemente batida por El Padrino y Tiburón- las causas de su exhumación están claras.Las reposiciones serían una gran oportunidad para reparar entuertos históricos, pero casi nunca se aprovechan. La versión original de The sound of music, opereta salzburguesa estrenada en Broadway, por la pareja Rogers y Hammerstein tenía el único interés de escuchar la partitura original, si era uno capaz de soportar la confitura rosácea del libro de la familia Trapp, moderno cuento de hadas sin la gracia de los originales y receptáculo de todos los encantos, burgueses imaginables. En su momento, alguien tuvo la genial idea de doblar los textos de todas las canciones a una variedad del arameo oriental barroco que debía sonar como castella: de Valladolid. El resultado es una de las más sutiles formas de tormento que conozco, con lo fácil que hubiera sido respetar en este reestreno la banda sonora original, al menos en los cantables.

Música y Lágrimas (The Sound of Music)

Guión: Rogers y Hammmerstein, basado en «La familia Trapp», libro de la baronesa Bertha Von Trapp,Director: Robert Wise. Intérpretes: Julie Andrews, Christopher Plummer.Reestreno: Lope de Vega

Robert Wise es el responsable de esta tarta con exceso de azúcar que debe ser escuchada con tapones en los oídos, lo cual supone una contradicción dificilmente soportable. Es una pena que el montador de, Citizen Kane y autor de Marcado por el odio, Star y West Side Story -en las escenas dramáticas- por citar unos pocos títulos interesantes de su carrera, haya accedido a poner en pie esta obra cuyo unico mérito para pasar a la historia es el río de oro que ha originado en las taquillas. Que Wise es un profesional como la copa de un pino está uera de toda duda, pero esta categoría sirve lo -mismo para un roto que para un descosido.

Esta historia de monja salvada del claustro por el atractivo de unos niños educados prusianamente a los que la música sirve de bálsamo y motor vital, con aguerrido y guapo almirante antinazi reúne todos los tópicos imaginables de la narrativa decimonónica y ninguna de sus virtudes, aunque es verdad que Wise hace todo lo que puede para no dejar que el producto se desmelene por completo, y por dotarle de una cierta dignidad formal. Intentar averiguar las razones que le han llevado a ser uno de los filmes más comerciales de la historia del cine es tarea que sobrepasa los límites de esta crítica y que debería encajar más bien en una psicopatología del público de todo el mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de junio de 1976

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