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Karen Quinlan respira sin ayuda

Karen Quinlan, la joven norteamericana, (22 años), que lleva trece meses viviendo en coma con un respirador artificial, respira por sí misma, después de que el Tribunal Supremo de Nueva Jersey autorizara a sus padres a no prolongarle más la vida. El hecho, sobre el que los médicos aún no se han pronunciado, da un nuevo giro a una cuestión que durante meses ha merecido la atención mundial; la decisión del Tribunal Supremo de Nueva Jersey sienta un precedente sobre el que se apoyarán muchos partidarios de la eutanasia.El problema de Karen Quinlan, como el de otras muchas personas que se han encontrado o encuentran en parecidas circunstancias, plantea cuestiones morales, médicas, religiosas y sociológicas de indudable trascendencia. EL PAIS recoge en esta información, elaborada por Alfonso Pérez, además de una sucinta historia del propio caso Quinlan las opiniones de dos expertos: Enrique Miret, profundo conocedor de la teología tradicional cristiana y crítico de las posturas oficiales de la Iglesia y el doctor José Antonio R. Piedrabuena, médico humanista, encuadrado en la tradición heredada de Marañón, Jiménez Díaz, Rof Carballo.

El 14 de abril de 1975, Karen fue a festejar el cumpleaños de un amigo a una taberna del lago de Lackawanna. Sus amigos la vieron tomar algunas copas e ingerir a lo largo del día numerosas pastillas. Fue entonces cuando empezó a dar cabezadas. Eran sus últimos momentos de conciencia. Se pensó que lo suyo era un mero efecto de la bebida. Pero cuando sus amigos se decidieron a llevarla a casa se dieron cuenta de que no respiraba ni recobraba el conocimiento.Los médicos del hospital cercano al que fue trasladada rápidamente, no podían determinar la causa de la pérdida de sentido y de los ceses periódicos de respiración. Pero a consecuencia de ello se produjo en su organismo el fenómeno de anoxia que consiste en una reducción de la concentración de oxígeno en células y tejidos.

La muchacha había entrado en coma. Se imponía la necesidad de colocarla en un respirador artificial que es necesario para vivir. Desde entonces hasta hoy, Karen no ha mejorado en su estado neurológico.

Problema moralLos padres de la joven, católicos, decidieron que se la quitase el aparato y se la dejase morir. Pero algunos médicos se negaron a ello. El señor Quinlan acudió entonces a los tribunales. Se celebró un juicio en el que se esgrimieron argumen,tos a favor y en contra de quitar a Karen el respirador. Con ocasión de tan delicado caso se han definido recientemente a favor o en contra de la eutanasia organismos diversos, desde el Vaticano hasta el Consejo de Europa. El profesor Cotta, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Roma, criticó desde Radio Vaticano la decisión del Tribunal Supremo de Nueva Jersey. «Desde este punto de vista -dijo-, cada uno se convirtiría, den dueño de su vida, podría querer o no querer su propia muerte cuando se le antojare. Me parece que estamos en un vértigo, porque de esta manera llegamos al de techo al suicidio.»

Otras opiniones dentro de la Iglesia católica subrayan el aspecto ilegal de la cuestión. Así, el obispo de Estrasburgo se dirigió en diciembre último al Consejo de Europa que iba a estudiar el tema de la eutanasia afirmando que: «Tenemos el grave deber de rechazar la eutanasia porque es un medio de liberado de poner fin a la vida de uno prematuramente... La eutanasia, en el sentido de una provocación voluntaria cle la muerte, debe ser considerada por todos los hom bres como la puerta abierta al asesinato legal.»La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, sin embargo, no tuvo muy en cuenta la opinión del obispo de Estrasburgo, y después de largas discusiones y varias recomendacilones adoptó el 29 de enero, por 64 votos a favor, doce en contra y 13 abstenciones, una reconi endación destinada a definir los nuevos derechos de los enfermos y de los moribundos en, función de los progresos de las ciencias médicas.

Uno de estos derechos se considera el de no sufrir y el de administrar tratamientos destinados a aliviar dolores insoportables, aunque estas medidas tengan como efecto secundario acelerar la muerte. Se recomienda en este documento del Consejo de Europa, a los Gobiernos europeos, que se estudie jurídicamente la autorización a los médicos a renunciar a las medidas para prolongar la vida, en particular en el caso de parada irreversible de las funciones cerebrales.

Un problema nuevo En la línea del respeto a una muerte natural, cuando no hay nada que hacer, es en la que se definió la sentencia del Tribunal de Nueva Jersey. En su sentencia se afirma que la muerte que sobrevendría al retirar el respirador « no constituiría un homicidio, sino una extinción resultante de causas naturales existentes.»

Se exime, en la sentencia, a los médicos de tener que emplear recursos extraordinarios. Al prescindir del respirador y comprobarse que la muchacha puede respirar sin ayuda mecánica, su tratamiento queda reducido al empleo de antibióticos y alimentación proteínica. Si sus padres quieren que se suspenda este tratamiento, tendrán que hacer nuevas demandas judiciales. Y los médicos, pese a asegurar que la muchacha nunca saldrá del estado de coma, probablemente se continuarán oponiendo a la interrupción del tratamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de mayo de 1976

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