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La mejora de Del Potro, ‘drive’ y control de bola

Su derecha invertida es difícil de superar y tiene la particularidad de jugar muy plano y profundo. Su tenis es lo suficientemente agresivo, además, como para subsanar su punto más débil: la movilidad

Del Potro, al resto durante el partido de cuartos contra Isner en Nueva York.
Del Potro, al resto durante el partido de cuartos contra Isner en Nueva York. EFE

La primera vez que vimos jugar a Juan Martín del Potro fue en la primera o segunda participación de mi sobrino en Roland Garros. El argentino participaba como júnior y alguien nos propuso entrenar con él. Cuando acabamos la sesión Rafael y yo coincidimos en vislumbrarlo entre los mejores del mundo en poco tiempo.

A pesar de que era aún muy joven y con bastante margen de mejora –no tenía un buen saque a pesar de su enorme altura, por poner un ejemplo– enseguida vimos en él una característica que suelen tener en común los mejores tenistas: era difícil hacerle un hueco y él, en cambio, tenía una buena capacidad de hacer un golpe ganador.

En el año 2009, Juan Martín ganó en las semifinales del US Open a Rafael y se impuso en la final a Roger Federer. Se situó en el puesto número cuatro de la clasificación mundial y se proclamó como uno de los candidatos a optar al número uno. Solo la mala suerte, debido a sus problemas de muñeca, le impidió estar en esa lucha en los años posteriores.

La lesión lo apartó del circuito por dos largas temporadas en el 2010 y entre 2014 y 2015. Tuvo que pasar por tres operaciones y durante mucho tiempo no pudo ejecutar su golpe de revés con confianza, soltando el brazo y liftando la bola sino que, por el contrario, se veía obligado a cortarla más veces de lo normal. Hoy en día, tiene este problema totalmente subsanado y vuelve a golpear la pelota de revés con mayor normalidad.

Como bien habíamos previsto, hemos visto con los años la mejora de Juan Martín en muchos aspectos. Hoy en día su potentísimo golpe de derecha es uno de los mejores del circuito. Su drive invertido es difícil de superar, sin lugar a dudas, y tiene la particularidad de jugar muy plano y profundo. La mejora en su saque, que le proporciona unos porcentajes muy altos, y su control de bola que es magnífico, le permiten evitar, en gran medida, los fallos no forzados.

Su tenis es lo suficientemente agresivo, además, como para subsanar el que quizás es su punto más débil: la movilidad en la pista. Al tener unos primeros golpes tan buenos, tanto en el saque como en el resto, puede permitirse casi siempre llevar la iniciativa de los puntos y complicar, así, al rival la tarea de obligarlo a desplazarse.

Los partidos que ha jugado con Rafael han sido por norma de un altísimo nivel, sobre todo los cuatro últimos que han disputado. Imaginando la semifinal que están a punto de jugar y, sobre todo recordando la del año pasado en el mismo escenario, no es nada difícil prever un partido de máxima calidad. Tanto el uno como el otro tendrán que dar su mejor versión si quiere tener la posibilidad de imponerse y ganarse el puesto en la final.

En fin, me espera otra noche en vela y de disfrute ante un gran partido. O de sufrimiento, no sé qué decir. En muchas ocasiones, solo distingo ambos conceptos después del resultado final.

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