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Me alegraré el día que gane Thiem

Me parece importante, y más hoy en día que se estila todo lo contrario, destacar ejemplos que se alejan de lo que son rivalidades mal entendidas y odios equivocadamente asociados

Dominic Thiem reacciona durante el partido contra Nadal en Nueva York.
Dominic Thiem reacciona durante el partido contra Nadal en Nueva York. AP

Los lectores que se tomaron la molestia de leer el artículo que escribí al día siguiente de la final que disputó mi sobrino contra Dominic Thiem en el Roland Garros de este año, puede que recuerden que le dediqué unas palabras a la madre del jugador austríaco. En ellas destacaba la actitud de esa madre que, lejos de mostrarse distante o recelosa, se me acercó afablemente y me manifestó sus nervios. También me deseó, y eso no lo conté en aquel artículo, un partido en el que disfrutáramos todos.

Justo después del partido que ambos disputaron ayer, a eso de las 8.00 y, por supuesto después de mi noche en vela, me entró un mensaje de Karin, que es como se llama la madre de Dominic. El primero que me llegó y a escasos minutos del final del encuentro.

Me parece bien importante, y más hoy en día que se estila todo lo contrario, dar a conocer y destacar ejemplos que se alejan de lo que son rivalidades mal entendidas, odios asociados equivocadamente a enfrentamientos deportivos, políticos o de cualquier índole.

El día que Dominic levante un trofeo de los grandes, y lo veremos más pronto que tarde, me alegraré mucho. Yo soy un seguidor de tres deportes, básicamente, el tenis, el fútbol y el golf, y siempre he celebrado que ganen personas correctas, educadas y de buenos sentimientos si se da el caso que tengo este tipo de información.

Cuando llegué a la academia de mi sobrino a eso de las 8.30, y después de un café doble, aproveché la ocasión para hacerles un discurso a los tenistas que tenemos allí y ponerles de ejemplo la actitud de los dos jugadores. De qué manera se sobrepuso Rafael después de encajar un 6-0 en el primer set, de qué manera lo hizo Dominic después de perder el segundo y el tercero. De qué manera lucharon los dos hasta el extremo de sus fuerzas, bajo un calor y una humedad difíciles de soportar y con una tensión fácil de imaginar

El partido fue de gran intensidad en todo momento. El dominio de Dominic al principio del encuentro se debió a unos golpes demoledores y a una táctica muy clara de máxima agresividad, gracias a la cual el austríaco evitó que Rafael pudiera llevarlo a su terreno. Pero ya se sabe, los partidos de Grand Slam suelen ser largos y es difícil mantener un ritmo tan alto por mucho tiempo.

A partir del segundo parcial Rafael consiguió serenar un poco el juego. Creo que, con la decisión que tomó de irse un poco más atrás, dispuso de más tiempo para ejecutar correctamente sus golpes y hacerle frente. Como se vio, el partido se desarrolló de principio a fin con una igualdad que, como ocurre en estos casos, cede el resultado final al factor suerte.

En más de una ocasión ha sido mi sobrino quien ha perdido en partidos que penden de un hilo y sé perfectamente lo difícil que es sobrellevar las amargas sensaciones, sobre todo si eres un familiar. Es difícil liberarte de imágenes que te persiguen durante días, una bola que se escapa en el momento menos oportuno o un tie-break que se escapa por los pelos.

Es por esto que valoro y agradezco mucho las palabras de esa madre que, en un momento tan doloroso para ella, tuvo la bondad de mandarme.

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