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Tratar a esos dos impostores de la misma forma

Espero que no sea de forma inminente, por lo que afecta a mi sobrino Rafael, pero solo es cuestión de tiempo que Dominic Thiem se corone Mosquetero en la Philippe Chatrier de Roland Garros

Thiem y Federer posan tras la final del domingo en París.
Thiem y Federer posan tras la final del domingo en París. Getty

El domingo por la mañana, antes de salir desde el hotel hacia Roland Garros, hablé unos momentos con el equipo y con la madre de Dominic Thiem. Les dije en tono jocoso que no les deseaba suerte para aquel día; que aplazaba mis buenos deseos para otra ocasión. La madre de Dominic, que aceptó mi broma con su gran simpatía, me comentó que estaba muy nerviosa y dio por supuesto que Rafael, su equipo y familia no debíamos estarlo después de levantar tantos trofeos.

Le expliqué que no era así, que los nervios siempre te atrapan antes del momento crucial. Es verdad que sí sabíamos, y en ello confiábamos también, que la experiencia y el haber pasado tantas veces por esta situación podía dar más temple a mi sobrino.

Intentando anteponer siempre mi reflexión, sé de la importancia real, y por lo tanto relativa, de una victoria en la carrera de Rafael, como también en su vida. Siempre he intentado rebajar la euforia de los triunfos y quitar dramatismo a las derrotas porque soy pudoroso para los aspavientos, y porque comulgo con los famosos versos del poema If de Rudyard Kipling, los que pueden leer los tenistas encima de la puerta que les lleva a la pista central en Wimbledon: “Si puedes encontrarte con el éxito y el fracaso / Y tratar a esos dos impostores de la misma manera”.

Llegamos al club en un día que amaneció espléndido y, después de una sesión de entrenamiento muy buena, decidimos destensar nervios haciendo lo que en los últimos años nos ha tenido acaloradamente entretenidos: jugar al parchís. Todo lo que abstraiga y permita no pensar demasiado en el partido, viene fenomenal.

Lo que pasó en la pista central, a continuación, ha estado en las crónicas deportivas del día de ayer. Pienso que Rafael volvió a jugar un partido inteligente, teniendo en mente en todo momento, cómo tenía que jugarle al austríaco. Rafael consiguió combinar buenos tiros desde el fondo con bolas altas al revés de Dominic. Esto le obligaba a dar un paso atrás y a cederle unos metros más a mi sobrino; era entonces cuando él conseguía una posición favorable que le permitía, o bien atacar con el drive, subir a la red o hacer una sutil dejada.

Esta táctica le permitió tener el dominio del partido, un factor clave para acabar imponiéndose. Él sabía que no debía entrar en peloteos fuertes desde el fondo de la pista, desde donde la juventud y potencia de su rival hubiera complicado mucho más el enfrentamiento.

No tuve ocasión de ver más a la madre de Dominic antes de tomar mi vuelo de regreso a casa. Me habría gustado despedirme de ella y decirle unas palabras con las que creo no equivocarme. Espero que no sea de forma inminente, por lo que afecta a mi sobrino, pero solo es cuestión de tiempo que su hijo se corone Mosquetero en la Philippe Chatrier.

Y solo es cuestión de tiempo, que ella pueda ver sus nervios felizmente compensados.

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