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El reloj: discrepo de Federer

Supongo que el cronómetro es el correr de los tiempos y me pregunto qué pensarán los árbitros de la ATP. Si esta los tuviera en la consideración que se merecen, antepodría su criterio al de una máquina

US Open 2018
Nadal sirve durante el partido contra Pospisil en la segunda ronda de Nueva York. AFP

Cuando la ATP decidió hace un tiempo aplicar a rajatabla la norma del tiempo entre puntos, manifesté, y así se lo trasladé a dicha asociación, que me parecía necesario poner un cronómetro en la pista.

Estoy de acuerdo con Andy Murray en el hecho de que no se le puede pedir al tenista que calcule mentalmente el correr de los segundos. Es como si los coches no llevaran cuentakilómetros y pretendieran multarnos al sobrepasar los 90 por hora. Otra cosa muy distinta, siempre a mi entender, es la idoneidad de la norma; o más bien de la aplicación estricta de la norma.

Ya sé que hay opiniones distintas y así lo ha explicado el que le ha venido en gana hacerlo. De entre ellas, me ha sorprendido la de Roger Federer, que defiende la estrechez de la aplicación a favor de un desarrollo más rápido de los puntos. Si es cierto lo que ha dicho, él piensa que no podemos permitir que en un minuto veamos solo dos puntos. Cualquiera que sienta curiosidad, puede buscar en Internet cuáles han sido los mejores partidos del año y verá como es difícil jugar más de un punto o dos por minuto. También deducirán enseguida que la rapidez suele ir en detrimento de la calidad.

Si un partido de tenis es bueno, hay variedad en la duración y en la ejecución de los tantos. No hay un desarrollo monótono, ni regular, ni pautado a favor de una intensidad constante. El menos entendido puede comprender que no tiene nada que ver la preparación que se necesita después de un punto de tres intercambios, que después de otro de 20. Es evidente que la necesaria recuperación después momentos intensos, requiere algo más de tiempo o sosiego. El estrés de ir a contrarreloj solo puede ir en contra del espectáculo.

Tampoco es lo mismo disponerse a sacar cuando el tenista se juega un set point, un match ball o el momento en el que le pueden romper el servicio. Hay momentos de más tensión o suspense y de nervios que no solo vive el jugador, sino que disfruta el espectador interesado en contemplar un encuentro que le proporcione emociones intensas e inesperadas. No todo se digiere con la misma rapidez o con la misma facilidad en esta vida; o por lo menos, no deberíamos desearlo así, si tenemos un mínimo interés en no ser demasiado tontos.

Cuando leemos una buena novela, necesitamos calma para las páginas más difíciles de asimilar, es necesario meditar o reflexionar lo que se nos cuenta y no pasar páginas rápidamente para poder acabarla cuanto antes. El autor decide, seguramente, dar más espacio y profundidad a lo que requiere nuestra atención y nuestro análisis, a los momentos que despertarán nuestras emociones y nos invitarán a pensar. Lo mismo deberíamos intentar preservar en cualquier actividad que llevemos a cabo los humanos, a no ser que queramos parecernos cada vez más a los que no lo son.

Con la Revolución Industrial se consiguió por primera vez que la maquina sustituyera al hombre, o mejor dicho, las manos, los pies o la fuerza del hombre. Hoy en día pretendemos que una máquina sustituya nuestra inteligencia. No sé si es una gran idea.

Me pregunto qué pensarán los árbitros de la ATP. Si la Asociación los tuviera en la consideración que se merecen, antepodría su inteligencia y su criterio al de una máquina, y les dejaría a su buen entender la decisión de sancionar al que pierda tiempo de manera innecesaria, tanto si el que lo hace se llama Rafael Nadal como si se llama Novak Djokovic.

En fin, supongo que es el correr de los tiempos y que este solo es un paso más.

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