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Julio Velasco: el ‘outsider’ del fútbol al que acuden Guardiola y Sampaoli

Es el entrenador de la selección argentina de voleibol, pero su palabra trasciende ese deporte. Ex estudiante de Filosofía, todos escuchan sus consejos

El entrenador de la selección argentina de Voley, Julio Velasco, en junio pasado durante una rueda de prensa en Córdoba.
El entrenador de la selección argentina de Voley, Julio Velasco, en junio pasado durante una rueda de prensa en Córdoba. Telam

En lo que debe ser el trabajo más volcánico de Argentina, el de entrenador de la selección de fútbol, Jorge Sampaoli tomó una decisión integradora desde que asumió el cargo: reunirse con sus pares nacionales de otros deportes, por ejemplo con el técnico de la selección de voleibol, Julio Velasco, un outsider del fútbol al que también se acercó Pep Guardiola varios años atrás, cuando el español jugaba en Italia y aprestaba su carrera como entrenador.

La palabra de Velasco, que tiene 65 años y a finales de la década del 70 estuvo a ocho materias de recibirse de licenciado en Filosofía cuando debió esconderse de la dictadura que hacía sangrar a la Argentina (y que había secuestrado a su hermano y a su mejor amigo de la Universidad, que continúa desaparecido), es escuchada como si fuera el anciano de una tribu deportiva: su pensamiento trasciende las fronteras del voleibol, un juego infinitamente menor en popularidad y economía, pero que no le impide llamar la atención de los gurúes del fútbol.

Velasco ya había ganado dos Mundiales y una medalla de plata olímpica como entrenador de la selección de Italia, además de haber sido elegido por la Federación Internacional como el mejor entrenador del siglo XX, pero en su país recién comenzó a ser reconocido fuera del voleibol en 2013, cuando Pep Guardiola comentó durante una visita a Buenos Aires que uno de los inspiradores para su carrera de técnico había sido aquel argentino externo al fútbol.

A mitad de camino entre Buenos Aires y Bologna cuando se lo permite el calendario internacional de voleibol, Velasco recuerda aquel contacto original con el actual entrenador del Manchester City, en 2002: “Guardiola lo contó cuando vino al (teatro) Gran Rex, hace unos años. ‘Yo estaba con [Gabriel] Batistuta en el banco de suplentes de la Roma, nos aburríamos y hablábamos de muchas cosas, y entre ellas conocer a ese entrenador de voleibol que había escuchado en televisión’, dijo. Y ahí me llamó, fuimos a comer, hablamos un montón de horas de entrenamiento y a él le quedaron algunas ideas. Después de varios años, cuando yo dirigía a la selección española, nos volvimos a reunir y ahí le dije ‘ahora yo te voy a preguntar a vos’. Y charlamos de entrenamientos”.

Esa reunión fue en 2009, cuando el Barcelona estaba en lo más alto de Europa, y Guardiola masticaba la posibilidad de cambiar a Samuel Eto’o por Zlatan Ibrahimovic. Era una decisión arriesgada: implicaba cambiar lo que funcionaba bien. En ese contexto, el entrenador de fútbol le dijo al argentino: “Vi que cambiaste luego de ganar con Italia en voleibol".

Así como Velasco despertó el interés de Guardiola, también había seducido a parte de la sociedad italiana. El técnico de voleibol traspasó la frontera de su deporte a partir de una charla organizada por universidades y transmitida por la RAI en la que sorprendió con un discurso contracultural a una platea de jóvenes estudiantes. Allí dijo que la vida no se dividía entre ganadores y perdedores, sino entre buenas y malas personas. “Me invitaron a hablar y yo tenía que elegir un tema –recuerda-. Hay un mensaje del uso que se hace del deporte como que la vida es un campeonato y hay quien sale campeón y quien se va al descenso y el tema es siempre ganar, y yo no creo que la vida sea eso. La vida es más compleja y difícil. Y me pareció que era un mensaje interesante para los más jóvenes. Y en efecto lo fue. Tuvo una gran repercusión. Esperaban de mí otra cosa: había ganado mucho y esperaban que dijera que lo importante era ganar. Por supuesto que es importante, aun en la vida, pero es un mensaje demasiado simple y unilateral”.

A su condición de entrenador desde hace más de 40 años, Velasco le suma su paso como estudiante de Filosofía, una combinación que le permite entender dónde están ubicados él y sus colegas: “Es una exageración decir que hay corrientes filosóficas en el deporte. Es más, creo que hay un fenómeno de ideologización de los métodos de entrenamientos y de la forma de jugar, quizás porque han muerto ciertos paradigmas de algunas ideologías, y es como si se necesitara ideologizar otras cosas. El ser humano necesita que la religión o la ideología lo haga sentir seguro, y decimos ‘nosotros, los que pensamos lo mismo’ porque te ayuda a combatir la soledad o la volatilidad de estar en el mundo. Entonces en el deporte surge este fenómeno de ideologización, ‘los que vemos el fútbol así, los que vemos el voleibol así’, y sin embargo el deporte es una cosa muy práctica. Es como ideologizar la música o el arte. Los entrenadores debemos ser personas pragmáticas. Los jugadores quieren que le indiquemos el mejor modo para jugar bien”.

El fútbol italiano intentó seducir a Velasco en 1991, cuando Silvio Berlusconi, el entonces presidente del Milan que comenzaba su candidatura política, dio a entender que el argentino sería el reemplazante ideal de Arrigo Sacchi, el entrenador bicampeón de la Champions Legue que daba el salto a la selección italiana. Velasco se negó a ser entrenador de fútbol aunque sí aceptaría dos experiencias en el calcio, una en Lazio y otra en Inter, como dirigente.

“En Lazio tenía contrato por cuatro años pero después de un año no quise seguir –recuerda sobre su paso en 1998 por el club presidido por Sergio Cragnotti, el empresario que a los pocos años caería preso por la bancarrota de la empresa alimentaria Cirio-. Yo estaba como director general deportivo del Lazio y el presidente me dejaba hacer mucho, pero había algo, no en el ambiente del fútbol sino en una situación particular, que hizo que yo dejara. Después los hechos me dieron la razón. En cambio en el Inter tenía un cargo más organizativo, lo relacionado con el primer equipo, con Marcello Lippi como entrenador, pero cuando lo echaron vino otro técnico con su nuevo equipo de trabajo. Terminó el contrato y decidí volver al voleibol porque lo que a mí me encendía la llama era entrenar. Tengo una gran admiración por los entrenadores de fútbol porque sus condiciones de trabajo son infinitamente más difíciles que las nuestras”.

El regreso

Después de haber dirigido a República Checa, España e Irán, Velasco volvió en 2014 a Buenos Aires para dirigir a la selección de su país. En 1982 había sido el segundo entrenador del equipo nacional que terminó tercero en el Mundial organizado en una Argentina todavía en dictadura. Como a veces el éxito genera invitaciones incómodas, Velasco y el resto del equipo fueron convocados a la Casa Rosada. “Con algunos jugadores nos informamos y me dijeron que a alguien que no había ido a una manifestación de este tipo le habían caído con la patota a la casa. Por lo cual decidimos ir. Sé que hay jugadores que tienen la foto con Bignone [Reynaldo, el último presidente de facto antes del regreso de la democracia, en 1983] en un cuadro, yo en cambio las quemé. Fue una sensación muy fea pero uno se tenía que transformar para no correr riesgos”.

A 35 años de aquella experiencia, la selección albiceleste de Velasco consiguió hace pocas semanas la clasificación al Mundial que se jugará el año que viene en Italia y Bulgaria, pero en todo caso 2017 será recordado en Argentina como el año del angustioso paso por las Eliminatorias a Rusia 2018 del equipo que Sampaoli dirigió en las últimas cuatro fechas.

“A un entrenador de selección solo se lo puede juzgar cuando viene el Mundial, que es cuando tiene a los jugadores –dice Velasco-. Pero esta experiencia tan difícil de las Eliminatorias es por enésima vez la experiencia del deporte argentino. Cuando nos las creemos fácil y decimos que tenemos a los mejores, se crean situaciones muy difíciles para el equipo. Hay que tener perfil más bajo. Respetar más a los adversarios, aunque tengan menos nombre. Hace poco cantábamos ‘Brasil decime qué se siente’, los gozamos a los brasileños en Brasil. Ese es nuestro punto débil. Es como el chiste del escorpión. Apenas se puede, creemos que ganamos de taquito, y sin embargo nos ha ido bien cuando tuvimos perfil bajo y trabajamos mucho sin creernos, pero con confianza. Por eso digo ‘con humildad y con confianza’”.

De las reuniones que Sampaoli mantuvo con los entrenadores de las selecciones argentinas de otros deportes, surgió un grupo de WhatsApp. El mensaje de Velasco siempre dice algo.

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