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Un refugio en el ciclismo

El Marco Polo está integrado por deportistas que huyeron de sus países en guerra

Abraham, izquierda, y Desane, en Amersfoort, Holanda Ampliar foto
Abraham, izquierda, y Desane, en Amersfoort, Holanda

En 1994, cuando era un niño de ocho años, Daniel Abraham cambió Eritrea por Etiopía. Allí tuvo una vida tranquila y sin complicaciones, hasta que estalló la guerra por un conflicto fronterizo. Solo por la nacionalidad, los eritreos debían abandonar el país vecino. Su tío murió durante la guerra y cuando sus padres fueron deportados, su padre también falleció, posiblemente por enfermedad, aunque Abraham no está seguro. Entonces su familia decidió enviarle lejos, a Holanda. Desde hace dos años, Abraham ha estado detrás de su antiguo equipo ciclista, el Marco Polo Team, con una idea: relanzarlo exclusivamente con ciclistas que tuvieran el estatus oficial de refugiado. "Soy el mismo tipo de refugiado que los que vienen ahora, solo que yo vine en avión y ellos vienen en bote", explica Abraham.

“No quisimos escucharle hasta la reciente oleada de publicidad sobre el drama de los refugiados, y empezamos a pensar que queríamos hacer algo por estas personas y ayudarlas a integrarse en la sociedad”, reconoce el holandés Gudo Kramer, director del equipo ciclista. Daniel había formado parte del Marco Polo en su anterior etapa, cuando su objetivo era dar oportunidades a deportistas de países sin tradición en ciclismo (Hong Kong, China y Etiopía). 20 de sus corredores lograron un contrato profesional tras pasar por el equipo. La mitad alcanzó un nivel de World Tour.

El empeño de Abraham tuvo sus frutos. Comenzó entonces una selección de la que ya han salido cuatro componentes más: Wedeb Fikadu, (23 años, Eritrea); Firas Wardeh (22 años, Siria); Nahom Desale (22 años, Eritrea) y Abel Gebrehiwet (19 años, Eritrea). Todos llegaron a Holanda en los dos últimos años.

El equipo se encuentra inmerso en un proceso de crowdfunding (financiación colectiva) con el que esperan conseguir al menos 10.000 euros. Hasta ahora, han logrado algo de presupuesto con ingresos procedentes de marchas cicloturistas benéficas y ya negocian con varios patrocinadores. En el apartado deportivo, el objetivo es que compitan con equipos profesionales pequeños y con los mejores del ciclismo aficionado. Abel Gebrehiwet, por ejemplo, fue el campeón sub-23 en Eritrea, donde venció a Kudus Merhawi, el corredor más joven del Tour de Francia.

No pude ir al colegio hasta que obtuve el estatus de refugiado. ¡No era un criminal, pero tenían que comprobarlo y tardaron ocho años!

Daniel Abraham

“Espero que puedan llegar a correr la Vuelta a España”, dice, optimista, Daniel Abraham, de 30 años. Él será el mentor del equipo, el veterano y la referencia. Les ayudará no solo durante las pruebas, sino también en su vida diaria, para que tengan más oportunidades que él cuando llegó a Holanda. “No tenía documentos y el proceso duró mucho tiempo. No pude ir al colegio durante ocho años, hasta que no obtuve el estatus de refugiado. ¡No era un criminal, pero tenían que comprobarlo y tardaron ocho años! ¿Por qué me dejaron tanto tiempo sin nada? No sé qué pasó”, lamenta. Ahora todo es mucho más fácil. En la mayoría de los casos, según explica Kramer, no se tarda más de dos meses en conseguir el estatus de refugiado para cinco años.

Abraham, además, tiene en la mente otro ambicioso proyecto. Cuando era un niño, perdió varios nervios de un pie, lo que le dejó una discapacidad física. Por eso participa también en competiciones paralímpicas. Este año acabó segundo en la Copa del Mundo, está entre los cinco mejores del ranking, y se encuentra a un paso de clasificarse para Río 2016.

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