Marcos Martín Blanco, coleccionista de arte contemporáneo

Fallece a los 93 años el mecenas que atesoraba 800 obras de Barceló, Sicilia, Gordillo, Sevilla o Schnabel y que tenía previsto crear un museo en Segovia

Marcos Martín Blanco posa en su casa de Segovia.
Marcos Martín Blanco posa en su casa de Segovia.Aurelio Martín

Marcos Martín Blanco falleció, este domingo, a los 93 años de edad, cuando estaba a punto de ver cumplido su deseo de crear en Segovia un museo para mostrar parte de su colección de cerca de 800 obras de arte contemporáneo de artistas, tanto españoles como extranjeros, como Miquel Barceló, José María Sicilia, Luis Gordillo, Soledad Sevilla, Julian Schnabel o Eric Fischl, entre otros, por la que recibió el Premio Arco al Coleccionismo, en 2004. Creó la fundación MER ―acrónimo compuesto por las primeras letras de su nombre, junto al de su esposa, Elena Rueda, y el del hijo de ambos, Rafael― para quien había previsto crear un museo en la finca donde la familia tiene su residencia, en el casco histórico de Segovia, en 2009, un edificio de 2.500 metros cuadrados, con un presupuesto de 1,4 millones. Pero no les salieron los números.

Sin embargo sí que estaba a punto de llevarse a cabo un nuevo proyecto, aprovechando los sótanos del inmueble para salas expositivas e ir mostrando la colección y, en un futuro, incorporar también la vivienda para explicar la vida de los coleccionistas. Además, proyectaba unir al proyecto la iglesia románica colindante de San Pedro de los Picos, una vez rehabilitada, para colgar obras de mayor tamaño, actualmente sin uso, propiedad del Ministerio de Cultura y Deporte, con quien mantenían negociaciones junto con el Ayuntamiento de Segovia, después de haber revertido al Estado tras haber sido cedido a los condes de Melgar, por 50 años.

Nacido en el Guijar de Valdevacas, un pequeño municipio segoviano que no alcanza el centenar de habitantes, obtuvo la primera oposición de economistas del Estado, pasando por la Administración, para dedicarse posteriormente a la consultoría y presidir después la cooperativa Proinserga, la segunda productora de porcino en España. Un hombre hecho a sí mismo, trabajador y tenaz.

Con 50 años, junto con su esposa, fueron educando la mirada, como le gustaba destacar, apasionándose por el arte contemporáneo, esforzándose por entender un lenguaje que no comprendían, incluso de artistas que entonces eran poco reconocidos, hasta el punto de que terminaron siendo los comisarios de su propia exposición, integrada por un 46% de artistas nacionales y un 54% extranjeros, principalmente de Estados Unidos, Alemania y Reino Unido. Se trata de una significativa representación de los más destacados artistas actuales, muchos de ellos ampliamente reconocidos por la crítica, los museos y los mercados internacionales del arte. Abarca pintura, fotografía y vídeo de los últimos.

Explicaba que su afición por estas obras le había venido porque encontraba en ellas la belleza. Había huido de cualquier signo de lujo y solo invirtió en arte, abandonando también de las tentaciones del ladrillo. Su hijo Rafael, que ha preparado una despedida cariñosa hacia su padre, que mantenía la utopía como una constante, donde junto con la familia y amigos brindarán por él, una vez que sus restos mortales hayan sido incinerados, este lunes, destaca que la mejor forma de rendirle homenaje es seguir adelante con el proyecto, incluso algunas salas podrán estar abiertas al público, el año próximo, siempre con el hilo conductor de los coleccionistas, al estilo de los museos Sorolla o Cerralbo, en Madrid.


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