Pinocho en tiempos de Mussolini o la guerra entre ositos y unicornios: la animación se entrega a los adultos

El festival de Annecy, el más importante en este género, refleja el cambio en las historias de estas películas, con filmes centrados en temas como las relaciones abusivas o los indocumentados en EE UU

Imagen de 'Unicorn Wars'.

El diario de una mujer a su paso por diferentes relaciones abusivas; las voces de los indocumentados en Estados Unidos; una lucha a muerte entre ositos y unicornios fácilmente conectable con la invasión de Ucrania; un Pinocho que cobra vida en la Italia de Mussolini... La animación como técnica para contar historias para adultos empieza a asentarse en el imaginario de los espectadores, y los asistentes la semana pasada al festival de Annecy (Francia), la principal cita mundial del cine de animación, pueden corroborarlo. Como asegura Mickaël Marin, el director del evento, los 13.000 asistentes se unieron en un solo objetivo: “Situar la animación donde se merece”.

Y ese sitio que se merece, como del Toro dijo alto y claro en la presentación de su Pinocho para Netflix, es equiparable al que ocupa el cine de imagen real, como una técnica más de la narrativa cinematográfica. Adiós a los dibujos como sinónimo de género infantil o meramente familiar. Entre los ejemplos que poco a poco llegarán a las salas, My Love Affair with Marriage, de Signe Baumane (sobre las relaciones abusivas); Home is Somewhere Else, de Carlos Hagerman y Jorge Villalobos (inmigración), o la española Unicorn Wars, de Alberto Vázquez (unicornios contra ositos). Había mucho más en la competición de Annecy: la animación se ha hecho mayor y ha encontrado su voz adulta.

“La animación es para todos, niños, adultos, frikis y culturetas”, insistía Vázquez, en estos momentos líder de la animación más autoral española, ganador de tres premios Goya por los cortometrajes Birdboy y Decorado y por su largo Psiconautas, los niños olvidados, y con más de cien premios internacionales en su currículo. Su segundo largometraje, Unicorn Wars, es un épico punk antibelicista con tintes de Apocalypse Now!, Bambi y la Biblia, como le gusta repetir al autor, que con un presupuesto que apenas supera los tres millones de euros aspira a una larga trayectoria. “Ahora la película tiene vida propia, pero estoy muy orgulloso de mi hijo y cuando uno está feliz lo ve todo muy bien”, confirmaba ufano a su paso por Annecy. En España se estrenará en octubre.

Eso no quiere decir que Vázquez, que además es dibujante de cómics e ilustrador gráfico en numerosos medios de comunicación (incluido EL PAÍS), no vea las carencias de la industria española. La principal: que la animación sigue sin ser considerada estratégica. “Este año se van a estrenar ocho películas animadas españolas de todo tipo. Un grandísimo año porque lo normal son solo tres o cuatro y casi todas para el público familiar. Falta más producción propia y, sobre todo, más diversidad. Necesitamos más miradas de autor. Y más apoyo como industria”.

Más autoría y más diversidad

Vázquez se considera un autor con “una mirada un poco bastarda de la animación”, ya que todo lo que sabe de este medio lo aprendió sobre la marcha, en Galicia, creando un equipo de dibujantes procedentes, como él, de otros medios. Para Unicornio Wars necesitó 12 años de gestación que han incluido un cómic y su posterior adaptación al cortometraje (Sangre de unicornio), hasta explotar en una película-universo de colores brillantes y violencia brutal entre unicornios y osos de peluche en Unicorn Wars. Un filme antibélico que irónicamente llega a las pantallas en tiempos de guerra. “No me gusta la coincidencia, pero quizás ahora la película pueda tener una doble lectura porque no deja de ser un cuento antibelicista que habla del origen de todas las guerras”, resumió en Annecy, donde a lo largo de seis días se pudieron ver más de 500 producciones en todos los formatos y de todas las técnicas animadas procedentes de 109 países.

¿Por qué contar estos contenidos en animación? En el caso de Vázquez, porque le gustan los contrastes, jugar con elementos antropomórficos, iconos infantiles como los que utiliza en el filme para contar una fábula que supera culturas y fronteras. La coproducción francesa ya está vendida en Japón y preparando su llegada a Estados Unidos. Las entradas en Annecy se agotaron a los pocos minutos de ponerse a la venta.

Vázquez no está solo. “La animación es una metáfora gráfica de la realidad”, resume Hagerman, codirector de Home is Somewhere Else, contento de usar esta técnica para acercar sus contenidos sobre los problemas de la inmigración a una generación más joven. En el caso de Baumane, la respuesta es un por qué no. “Yo veo la animación como una forma de arte, una abstracción que me permite contar mis historias. Pienso en imágenes animadas, pero además me parece un excelente medio para contar ideas más complicadas de manera más accesible. Y darles humor porque soy de las que creo que si no te ríes de la vida, mejor te mueres”. Aunque como insiste Vázquez, no hay ningún deseo elitista detrás de estas producciones animadas para todas las edades, no necesariamente niños. “Lo que realmente deseo para Unicorn Wars es que tenga visibilidad. Porque hacemos cine para que se vea, no para ser los raros”.

Más de 500 producciones en todos los formatos y de todas las técnicas animadas procedentes de 109 países se dieron cita a lo largo de seis días en esta ciudad francesa. Desde 1960 lleva siendo la meca de la animación, pero ahora, con la cifra récord de más de 13.000 asistentes, se sitúa como el certamen más importante después de Cannes en Francia.

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