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Una Bienal de Venecia contra “el ideal del hombre blanco”

La comisaria Cecilia Alemani, responsable de la High Line de Nueva York, ha seleccionado un 90% de mujeres para la gran cita del arte contemporáneo, que se inaugura esta semana en la ciudad italiana tras una pausa de tres años. Entre ellas figuran seis españolas

La comisaria de la 59ª edición de la Bienal de Venecia, Cecilia Alemani, en el Arsenale de la ciudad italiana.
La comisaria de la 59ª edición de la Bienal de Venecia, Cecilia Alemani, en el Arsenale de la ciudad italiana.Andrea Avezzù

De los 213 artistas incluidos en la nueva edición de la Bienal de Venecia, que se inaugurará esta semana tras una pausa de tres años provocada por la pandemia, menos de un 10% serán hombres. Es la menor proporción en la historia de la gran cita del arte contemporáneo desde su creación en 1895, un gesto que la comisaria Cecilia Alemani (Milán, 44 años) concibió como un reequilibrio necesario. “Durante su primer siglo de historia, solo hubo un 10% de mujeres”, sostiene la responsable de la exposición principal, que también dirige el programa artístico de la High Line de Nueva York, el paseo elevado sobre el ferrocarril que en otro tiempo cruzaba el barrio de Chelsea.

En su declaración de intenciones para esta 59ª edición de la bienal, que abrirá sus puertas al público el próximo sábado (y a los profesionales, desde el miércoles), Alemani afirma que aspiraba a indagar en “la simbiosis, la solidaridad y la sororidad”, nociones en alza en la historiografía reciente. También quiso oponerse “al ideal universal del hombre blanco” como “centro inmutable del universo y medida para todas las cosas”, añade en una terraza del barrio veneciano de Castello, a pocos días de la inauguración de una edición accidentada, aplazada por la covid y que Alemani tuvo que preparar a distancia durante dos años, a base de innumerables entrevistas con cientos de artistas vía Zoom y de visitas virtuales a sus estudios. “El inicio de la guerra en Ucrania tampoco facilitó las cosas”, sonríe Alemani. El conflicto no estará presente en la muestra, que ya estaba cerrada antes de que estallara. “Pero tal vez podamos encontrar una relación: la guerra también es el resultado de esa misma visión del mundo, de la centralidad ocupada por un hombre solo que toma decisiones en el nombre de pueblos enteros”.

No digo que el trabajo de las mujeres surrealistas sea más relevante que los de Dalí o Max Ernst, pero yo voy a ver una exposición para aprender. No sé si recurrir siempre a los mismos nombres nos permite instruirnos

Pese a todo, la guerra ocupará un lugar importante en Venecia. En las últimas semanas, la bienal ha improvisado una exposición al aire libre, bautizada como Piazza Ucraina, que irá a cargo de los comisarios del pabellón del país, obligados a abandonar el proyecto en febrero tras el comienzo de la invasión rusa. “Una bienal tiene muchas funciones y una de ellas es reflejar el estado del mundo. Y aún más Venecia, al ser la más antigua del mundo. Ha sido testigo de los temblores de la historia, de las guerras mundiales y del Mayo del 68. No solo ha reflejado el arte de cada momento, sino que ha actuado como un sismógrafo”, opina Alemani, que anuncia una edición cargada de arte político. “Aunque será político de una manera más íntima e introspectiva, menos declamatoria, tal vez porque estos dos años el activismo se ha hecho de otra manera, sin protestas en la calle”, advierte.

La exposición se titula The Milk of Dreams, como el cuento infantil Leche del sueño, que Leonora Carrington escribió para leerlo a sus hijos al acostarlos. “Es un relato que habla de seres mutantes e imagina un mundo en metamorfosis constante, en el que cada cual puede cambiar y adoptar una nueva forma”, resume la comisaria. La relación con el mundo de hoy, plagado de debates sobre la fluidez identitaria y el transhumanismo, le pareció obvia. La tesis de Alemani se centra en las mutaciones de los cuerpos en su relación con la tecnología y ante la amenaza de la crisis climática, que se han visto acentuadas por los cambios que la pandemia ha provocado en las interacciones sociales. También indagará en la vigencia del movimiento al que Carrington estuvo asociada, el surrealismo, en el que Alemani ve una insospechada actualidad: “Vuelve a estar en el aire, tal vez porque vivimos una época similar al periodo de entreguerras, con el nuevo auge del autoritarismo y una atmósfera reaccionaria. Los artistas usan métodos parecidos, como la imaginación y el inconsciente, no como forma de evasión, sino para ofrecer otra lectura del mundo”.

'Seeping, Rotting, Resting, Weeping', instalación de la estadounidense Candice Lin, que podrá verse en la exposición principal de la Bienal de Venecia.
'Seeping, Rotting, Resting, Weeping', instalación de la estadounidense Candice Lin, que podrá verse en la exposición principal de la Bienal de Venecia.Awa Mally (François Ghebaly Gallery)

Esta será una “bienal transhistórica”, como la define su comisaria, en la que casi la mitad de los artistas participantes están muertos. La intención ha sido trazar una genealogía alternativa de movimientos como el futurismo, la Bauhaus o el mismo surrealismo que explique parte del arte que se produce hoy. “Cuesta que alguien me cite a una surrealista que no sea Frida Kahlo. No digo que el trabajo de las mujeres sea más relevante que los de Dalí o Max Ernst, y en ningún caso quería compararlos, pero yo voy a ver una exposición para aprender, por ingenuo que suene. Y no sé si recurrir siempre a los mismos nombres nos permite instruirnos”, dice Alemani. Por otra parte, la renovación de nombres es considerable: de los 213 nombres escogidos, 180 participan en la muestra por primera vez y 60 de ellos tienen menos de 40 años. En la lista de artistas incluidos, figuran nombres históricos como Sonia Delaunay, Sophie Taeuber-Arp, Dorothea Tanning, Hannah Höch o Claude Cahun, así como otros más recientes, como Nan Goldin, Rebecca Horn, Barbara Kruger, Paula Rego, Carol Rama, la cubana Belkis Ayón o la chilena Cecilia Vicuña, que recibirá el León de Oro de esta edición junto a la alemana Katharina Fritsch por el conjunto de sus trayectorias.

El mejor año para el arte español

Dos artistas españolas, Teresa Solar (Madrid, 36 años) y June Crespo (Pamplona, 40 años), figuran en la exposición principal de la bienal, rompiendo con la habitual ausencia de nombres del ámbito estatal en las grandes citas internacionales de los últimos años. Las dos participantes aplauden el gesto. “Faltan más miradas hacia España y ojalá nuestra presencia en la bienal permita que el interés aumente. Yo no soy un caso aislado en el desierto, formo parte de un ecosistema rico y con propuestas de calidad”, responde Solar, que acude a la bienal con una escultura de gran formato que unirá el lenguaje de la cerámica con el de la ingeniería. Crespo incide en lo mismo, aunque señala otros factores para explicar la invisibilidad de los artistas españoles de su generación en el extranjero. “Es una cuestión de cómo nos miran, pero también de tener la voluntad de salir. A veces nos acomodamos un poco, porque aquí todo nos resulta más fácil”, afirma Crespo, que presentará esculturas híbridas llenas de “huecos activos y cavidades eróticas”, que ligarán con la idea del cuerpo en metamorfosis que dictó Cecilia Alemani, que hasta ahora no conocía su trabajo, a diferencia del de Solar. Además, cuatro artistas muertas más aparecerán en las “cápsulas históricas” que ha preparado Alemani: Remedios Varo, Maruja Mallo, Josefa Tolrà y Georgiana Houghton, británica nacida en Canarias que se adelantó, junto a la sueca Hilma af Klint, a las pinturas abstractas de Kandinsky, consideradas hasta hace pocos años las primeras de la historia.

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Álex Vicente
Es periodista cultural. Forma parte del equipo de Babelia desde 2020.

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