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José de Ribas, la trepidante vida del militar español que fundó la tercera ciudad de Ucrania

La avenida principal de Odesa lleva el nombre del aristócrata de origen catalán, que la edificó por orden de Catalina la Grande y al que el poeta Lord Byron alabó en su obra ‘Don Juan’

Monumento a José de Ribas y Boyons, en Odesa, en una imagen de febrero de 2010.
Monumento a José de Ribas y Boyons, en Odesa, en una imagen de febrero de 2010.Andrey Nekrasov (Alamy Stock Photo)

La calle principal de Odesa, la tercera ciudad de Ucrania, ahora campo de batalla por la invasión rusa, se llama avenida de José de Ribas (1749-1800), un militar español a quien la zarina Catalina II encargó construir una urbe para albergar el mayor puerto del sur del imperio, Odesa, a orillas del mar Negro. Años más tarde, las autoridades soviéticas intentaron en varias ocasiones eliminar su nombre del callejero y sustituirlo por otros más acordes con los héroes bolcheviques, pero los ciudadanos se negaron siempre. En 1994, incluso, el gobierno municipal levantó en la misma vía una estatua en bronce en honor al artífice de la ciudad, en la que se le representa con un plano y una pala en las manos. Lo menciona Antoli Gorbatiuk, historiador experto en la figura del militar, en el documental José de Ribas. El Odiseo español, dirigido por Jorge Latorre y estrenado en 2015. “A él le daría un poco la risa, porque era más de espada y copas de vino”, bromea el especialista.

¿Cómo llegó hasta ahí? José de Ribas era hijo del aristócrata barcelonés Miguel de Ribas y Boyons, mariscal del Reino de Nápoles, en esos momentos bajo la égida española. Así que su vástago nació en esa ciudad y terminó en el mismo cuerpo militar que su progenitor, donde con solo 20 años logró el grado de mayor. “En esa época conoció a Aleksey Orlov, hermano de uno de los múltiples amantes de Catalina la Grande, que se encontraba en Italia en una misión secreta. Orlov se llevó a De Ribas a la campaña que los rusos mantenían contra el imperio Otomano como intérprete y ayudante”, recuerda Pedro Damián Cano Borrego, doctor en Historia y Arqueología, en la revista Crónica numismática.

Este militar de origen catalán destacó así en numerosas batallas, ocupando siempre las primeras filas en las situaciones más arriesgadas. Fue tal su fama que hasta el poeta inglés Lord Byron (1788-1824) incluye expresamente su nombre en su obra Don Juan y señala que tomó la fortaleza turca de Ismail a pesar de contar con fuerzas muy inferiores. Oleksandr Pronkévich, profesor de literatura en la universidad ucrania de Petro Mohila, recuerda que “el aventurero Byron se sentía profundamente atraído por la figura de Ribas”, un hombre que se enfrentó a mandos rusos reticentes a tomar la estratégica posición otomana. Finalmente, los convenció.

Tras participar en la batalla naval de Chesme, donde la flota otomana fue aplastada por los rusos, terminó siendo conocido como Iosif Mikhailóvich Deriba. Gracias a los múltiples idiomas que dominaba ―entre ellos el español, alemán, inglés, francés, italiano y latín―, pronto se convirtió en intérprete de importantes personajes de la corte y del ejército.

Su amistad con Catalina la Grande y con el poderoso príncipe Potemkin, valido de la zarina, además de su exitosa participación militar, le catapultaron hasta el vicealmirantazgo de la flota imperial que, posteriormente, se convirtió en almirantazgo. El Grupo de Estudios de Historia Militar, una plataforma española de expertos en la materia, asegura que fue él quien le propuso a la zarina la conversión de la guarnición turca de Khadjibey en una gran ciudad portuaria del sur del imperio. Catalina aceptó la idea, “y el 27 de mayo de 1794 promulgó un edicto ordenando su construcción y el desarrollo como un centro portuario y comercial, y nombrando a De Ribas jefe del proyecto. Había nacido Odesa, la perla del mar Negro”.

Los planes urbanísticos del español, en aquel momento con 45 años, incluían solemnes edificios administrativos de sillares de piedra al estilo europeo de la época ―arquitectos italianos, franceses y rusos se encargarían de ello―, sugiriendo como nombre de la ciudad el de una antigua factoría griega, Odessos. Sin embargo, no se sabe si por indicación de la zarina, por una errata en un juego de palabras de la poderosa mandataria o como un detalle o halago hacia ella, se feminizó el topónimo, quedando finalmente como Odesa.

Pero la muerte de Catalina en 1796 marcó el declive del español. Durante el reinado de Pablo I se le acusó de malversación. Fue exonerado, pero guardó desde entonces un profundo rencor. De hecho, se unió a una conspiración contra el nuevo zar que fracasó. Poco después, cayó enfermo y comenzó a delirar. ¿Fue envenenado para que no delatase a sus compañeros?

Se le enterró en el cementerio católico de San Petersburgo, y su memoria fue lentamente olvidada en Rusia, pero no en Odesa, donde siempre sus autoridades han reclamado sin éxito el traslado del cuerpo a la ciudad que él construyó. De Ribas acumuló en su vida las principales condecoraciones rusas, como la Orden Imperial y Militar de San Jorge, la de San Vladimiro, la del Santo príncipe Vladimiro, la de San Alejandro Nevski y la de San Juan de Jerusalén.

Oleg de Ribas, periodista ucranio y emparentado con el español, se muestra orgulloso de sus orígenes. Cuenta en el documental de Jorge Latorre que la tataranieta de Félix de Ribas, hermano de José, fue amante de Alejandro II y que la familia emparentó con el literato Alexander Pushkin. “Me siento unido a España. Soy muy fan del Barça, no del Madrid. Barcelona me resulta más cercana. No sé por qué”. A lo mejor porque la capital catalana es la ciudad donde nació el padre del hombre que edificó la bella Odesa.

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Sobre la firma

Vicente G. Olaya
Redactor de EL PAÍS especializado en Arqueología, Patrimonio Cultural e Historia. Ha desarrollado su carrera profesional en Antena 3, RNE, Cadena SER, Onda Madrid y EL PAÍS. Es licenciado en Periodismo por la Universidad CEU-San Pablo.

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