COLOMBIA EN LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID
Tribuna
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Cosas neutrales

La escritora Melba Escobar renuncia a representar a Colombia en la Feria del Libro de Madrid después de que el embajador asegurara que los autores invitados eran políticamente “neutrales”

Montaje de la Feria del Libro de Madrid en el paseo de Fernán Nuñez dentro del Parque del Retiro, Madrid.
Montaje de la Feria del Libro de Madrid en el paseo de Fernán Nuñez dentro del Parque del Retiro, Madrid.Víctor Sainz

Es cierto que, cuando me invitaron hace varias semanas a la Feria del Libro de Madrid, en el marco de Colombia como país invitado, acepté la invitación. No me resultó ni sospechoso ni inconveniente aceptar una invitación que asumí como un resultado natural de mi trabajo.

Sin embargo, las desafortunadas declaraciones del Embajador de Colombia en Madrid, Luis Guillermo Plata, me llevaron a declinar el lunes la invitación. Como lo dije en correo enviado a los organizadores, nunca consideré que mi participación como parte de la delegación oficial de Colombia en la Feria de Madrid fuese un aval al gobierno de Iván Duque. Quizá porque creo en las democracias, en plural y como ente abstracto que existe cada vez menos en la realidad y cada vez más en la inmaterialidad de los ideales, no partí de la base de que necesariamente algo debía estar mal en la representación de país que habría de hacer el actual gobierno de mi país.

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Llegaron, como es natural que suceda, pues toda selección es arbitraria, las críticas a quiénes fuimos invitados, los señalamientos de quiénes faltaban, quiénes declinaron desde un principio, y quiénes aceptamos. Hasta ahí, nada fuera de lo común. Pero entonces aparece la declaración del embajador Plata, a quien le preguntan cómo se eligieron los autores invitados y responde: “Uno no quisiera que una feria literaria se convirtiera en una feria política. Ni para un lado ni para el otro (…). Se ha tratado de tener cosas neutras donde prime el lado literario de la obra”.

Primero que todo, todo acto cultural es político. Incluso declararse apolítico es una posición. Segundo, ¿qué significa “ni para un lado, ni para el otro”? ¿Se refiere con esto a que eligieron autores cuya obra no fuese crítica del Gobierno, y cuál sería el “otro lado”, el de la propaganda? ¿Y acaso no es esta declaración un acto político? ¿Y cómo se puede hablar de “diversa” o de “vital” en un argumento que infiere que hubo censura en la selección?

Las declaraciones del Embajador dan a entender que la selección de autores que asistirán a la Feria fue definida con base en afinidades políticas al Gobierno o, al menos, que se rechazó a quienes explícitamente han sido sus críticos.

Al saber que el Embajador se refirió de forma explícita a los autores invitados como “neutrales”, no pude sino declinar la invitación, pues estoy lejos de ser “neutral”. ¿De dónde habrán podido sacar semejante conclusión? ¿Será porque mi más reciente libro de crónicas de viajes entre Colombia y Venezuela, es crítico del gobierno de Maduro? En realidad soy crítica del populismo rampante, descabellado y retórico, que cae en todos los excesos y los abusos en nuestro golpeado hemisferio.

Las ideologías de izquierda y derecha se reducen cada vez más a una retórica utilizada como arma blanca por candidatos mercenarios que se inclinan por una u otra según les dicta el termómetro de la popularidad electoral. El corazón de una ciudadanía vota con la ferocidad de los hinchas de fútbol, nunca con la cabeza. La gente vota con hambre, sudor y lágrimas, nunca con mesura. Más aún en América Latina, donde la pandemia ha dejado una pobreza creciente y nos ha devuelto décadas en el crecimiento de la clase media.

Y así ponemos de mandatario a un demasiado, o a otro demasiado. Al final cualquiera de los demasiados acabará cayendo en abusos contra su pueblo, “sean de un lado o del otro”, como diría el embajador Luis Guillermo Plata.

Pues de un lado, tenemos a Nicolás Maduro, cuya representación cultural niega y denigra del talento de quienes son sus críticos. Y, del otro, tenemos a Iván Duque, cuyo Gobierno pasa el censor político por la invitación de una delegación de escritores a una feria internacional. No se diga más.

Lo que cualquier gobierno democrático entiende y ejerce es que es a los gobiernos a los que les compete ser neutrales, no a los ciudadanos. Cualquier política que se haga llamar democrática cobija a todas y a todos, más allá de cuales sean las opiniones, miradas o posturas individuales. Un sistema que privilegia a los “neutrales” sobre quienes piensan distinto no representa la diversidad de un país, mucho menos su vitalidad y ni hablemos de su espíritu democrático.

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