Escritores

Cien años de morriña por Emilia Pardo Bazán

La escritora gallega vive en su centenario una reivindicación total como una de las grandes novelistas del XIX-XX y una defensora radical de los derechos de la mujer. Ensayos, inéditos, adaptaciones teatrales y reediciones la hacen más viva que nunca

La escritora Emilia Pardo Bazán, retratada en 1869, 1885 y hacia el final de su vida. / MUSEO LÁZARO GALDIANO / ATENEO DE MADRID
La escritora Emilia Pardo Bazán, retratada en 1869, 1885 y hacia el final de su vida. / MUSEO LÁZARO GALDIANO / ATENEO DE MADRIDEMILIA PARDO BAZAN

Cuentista nata. Autodidacta y primera catedrática. Quiso, y no le dejaron, ser también la primera académica de la lengua. A la vanguardia en libros (suya es la primera novela sobre el movimiento obrero femenino) y lecturas (trajo a España a Tolstoi y demás tropa rusa). Feminista radical en un siglo y un país sin feministas. Conspiradora carlista durante el sarampión juvenil. Católica de círculo aristocrático en la hora final. Madre de tres hijos que no creía que la maternidad fuese el destino de la mujer. Entre matrimonio y literatura, escogió la literatura. Con Galdós construyó uno de los amores más igualitarios y clandestinos de las letras europeas de su tiempo. Nació en A Coruña en 1851 y murió en Madrid el 12 de mayo de 1921 dejando tras de sí obras canónicas y clichés hostiles. Cien años después emerge más reconocida y libre que nunca. Una aproximación a Pardo Bazán en diez palabras.

Academia

Carta de Emilia Pardo Bazán para pedir su ingreso en la Real Academia Española en 1912.
Carta de Emilia Pardo Bazán para pedir su ingreso en la Real Academia Española en 1912.Archivo de la RAE

El 29 de mayo de 1912 Emilia Pardo Bazán escribió una carta de tres folios donde enumeraba sus méritos para entrar en la Real Academia Española: presidenta o socia de unas 50 entidades culturales y autora de más de 50 obras, muchas traducidas y alguna estudiada en liceos franceses. “Creyéndose con títulos suficientes para ocupar una de las plazas vacantes en la Real Academia Española, respetuosamente la solicita”, concluía la escritora. Aunque la controversia sobre su entrada no era nueva, esta vez la institución se vio forzada a dar una respuesta. En el archivo de la RAE figura la carta que rechaza su ingreso por ser mujer y que la institución no difunde porque no le concede validez oficial. “Ella considera un triunfo que planteen su negativa por razones de género y no de méritos”, observa la historiadora Isabel Burdiel, que publicó en 2019 una biografía sobre la escritora y prepara una exposición sobre ella en la Biblioteca Nacional. Pardo Bazán ironizó: “[También a Santa Teresa] le habrían dado con la puerta en las narices”.

Cátedra

Emilia Pardo Bazán, en la Galería de Retratos del Ateneo de Madrid.
Emilia Pardo Bazán, en la Galería de Retratos del Ateneo de Madrid.

En 1916 se convirtió en catedrática de Literatura contemporánea de Lenguas Neolatinas en la Universidad Central de Madrid. La primera catedrática de España. Otra polémica a sus espaldas, aunque esta vez ella no había movido un dedo. Eva Acosta, autora de la biografía La luz en la batalla, publicada en 2007 y reeditada ahora con actualizaciones por Ediciones del Viento, achaca la decisión al ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Julio Burell. Uno de sus alumnos, Pedro Sáinz Rodríguez, aseguró que para no cerrar la cátedra por falta de estudiantes “invitaba a un buen número de muchachas señoritas de la buena sociedad, amigas suyas”. A la salida de clase, la escritora llevaba a Sáinz Rodríguez, único alumno oficial, a pasear en landó por el Retiro y tomar un helado. “Emilia Pardo Bazán tenía la autoestima muy bien colocada, clara conciencia de su valía como escritora y estudiosa de la literatura, y plena seguridad de que cualquier hombre de su tiempo con la mitad de méritos que ella gozaría de indiscutido reconocimiento externo”, opina la biógrafa. Sin embargo llegó a tener más de 800 alumnos en sus clases de literatura francesa en el Ateneo, donde fue la primera mujer socia.

Educación

Caricatura anónima de Emilia Pardo Bazán hacia 1895.
Caricatura anónima de Emilia Pardo Bazán hacia 1895.MUSEU DEL PUEBLU D'ASTURIES

Casi cuatro décadas antes de que Virgina Woolf reivindicase una habitación propia, Emilia Pardo Bazán defendió el derecho de las mujeres al destino propio. En el congreso pedagógico internacional celebrado en Madrid en 1892 exigió el acceso de las mujeres a todas las profesiones y el derecho a la educación en escuelas mixtas. Una subversión tras otra, la verdad. Casi nadie había llegado tan lejos en España. “Ella censura que los hombres llevan una educación pautada desde que empiezan mientras a las mujeres se las forma para ser buenas amas de casa y madres. Es también consciente de que ella fue una privilegiada porque su padre era un liberal que le permitió acceder a su biblioteca. Todo lo que sabe lo aprende leyendo y luego viajando”, indica Marisa Sotelo, catedrática de Literatura española en la Universidad de Barcelona y autora del estudio que acompaña a las obras de bolsillo de la biblioteca Pardo Bazán que está publicando Alianza.

Feminismo

Retrato de Emilia Pardo Bazán pintado por Joaquín Sorolla en 1913. HISPANIC SOCIETY OF AMERICA
Retrato de Emilia Pardo Bazán pintado por Joaquín Sorolla en 1913. HISPANIC SOCIETY OF AMERICA

En febrero de 1914 dijo: “Yo soy una radical feminista. Creo que todos los derechos que tiene el hombre debe tenerlos la mujer”. Su feminismo, sin embargo, acabó sepultado por la literatura y el chascarrillo. Marilar Aleixandre, coautora junto a María López Sández de Moviendo los marcos del patriarcado. El pensamiento feminista de Emilia Pardo Bazán (Ménades en castellano y Galaxia en gallego), se preguntó por qué algo tan vertebral de la escritora permanecía tan inexplorado. Identificó dos factores. “Es una prosista magnífica y eso centra la atención de los especialistas literarios. Casi los únicos estudios sobre su feminismo se hicieron en universidades de EE UU”, expone. “El otro factor es la codificación de Pardo Bazán como conservadora, adoptada incluso por el régimen franquista, que hace que pueda haber un distanciamiento”, agrega. Sus posiciones fueron tan lejos que siguen resultando modernas, como su visión de la maternidad, tan de moda en la literatura de hoy. “La maternidad es función temporal, no puede someterse a ella entera la vida”. Ella defiende el sufragio femenino y traduce al español La esclavitud de la mujer, de John Stuart Mill.

Galdós

Benito Pérez Galdós, en 1894, en la última visita que realizó a Gran Canaria, en la finca familiar de Los Lirios.
Benito Pérez Galdós, en 1894, en la última visita que realizó a Gran Canaria, en la finca familiar de Los Lirios.CASA-MUSEO PÉREZ GALDÓS

Es difícil dar con una relación del XIX que despierte tanto morbo en el XXI como la que vivieron Pardo Bazán y Pérez Galdós, mantenida en secreto hasta 1971 y desvelada por Carmen Bravo-Villasante en un congreso de hispanistas. Ermitas Penas y Marisa Sotelo acaban de publicar en la Universidad de Santiago su estudio sobre el epistolario que se conoce, el que la autora de Insolación envió al autor de Misericordia. Son 98 cartas escritas entre 1883 y 1915: un fluido de pasiones e ideas. “Se subraya mucho lo sentimental y para nosotras es muy importante la parte intelectual. En las cartas se nota que hay una comunidad de gustos, de lecturas, hablan de sus proyectos literarios”, explica Penas, profesora de Literatura española en la Universidad de Santiago. “Fue una relación absolutamente clandestina, que llevaron con una discreción enorme. Nadie supo de ella y nadie se enteró siquiera del viaje que hicieron juntos por Europa”, agrega. Adelina Batlles acaba de publicar Diario de un viaje por la Europa de 1888 (Guillermo Blázquez editor) donde reproduce las anotaciones sobre la ruta de Galdós. En la antesala de esa escapada, ella le escribe: “Antes de que fueses mi amantito, cuando solo eras mi amigo del alma y el hombre con quien charlaba más gustosa, ya ese viaje constituía para mí un hermoso sueño; ahora, figúrate”. Una relación entre iguales, a veces triangulada (él con Lorenza Cobián y ella con José Lázaro Galdiano), que no dejó rehenes ni rencores cuando acabó.

Galicia

Emilia Pardo Bazán, retratada por Joaquín Vaamonde en 1896. ARQUIVO DE LA REAL ACADEMIA GALEGA
Emilia Pardo Bazán, retratada por Joaquín Vaamonde en 1896. ARQUIVO DE LA REAL ACADEMIA GALEGA

La literatura de Pardo Bazán es un liquen pegado a la tierra natal donde nació en 1851. Su obra más célebre, Los pazos de Ulloa, es un tratado sobre el caciquismo, la violencia, el analfabetismo, la degradación de la hidalguía o el fanatismo religioso del siglo XIX. Sus obras, rurales o urbanas, siguen sin caerse de las manos. Si Rosalía de Castro hizo la mejor poesía sobre la emigración, Pardo Bazán hizo los mejores cuentos, en opinión del escritor Manuel Rivas. Presentadas a veces como antagonistas –Manuel Murguía, el marido de la poeta, la llegó a cuestionar por su maternidad: “¡Una madre que no logra enternecernos cuando habla de su hijo!... Es lo que faltaba por ver”–, Pardo Bazán suscitó recelos entre el nacionalismo a pesar de que ayudó a fundar la Real Academia Galega, que ocupa la casa familiar de la calle Tabernas de A Coruña, donada por su hija Blanca Quiroga. “La lengua era crucial en el debate en Galicia en aquel tiempo del Rexurdimento, pero creo que es una imprecisión pensar que se opone al gallego. Ella considera que es apto para los temas locales, para la poesía y para el folklore, que significa la recuperación de una cultura popular no bien vista”, señala Rivas. “Tiene una mirada amplia, es cosmopolita y no cosmopaleta. Las visiones reduccionistas y unilaterales llevan a polémicas muy simples. Puede que los escritores gallegos que escriben sobre Galicia en castellano, como Pardo Bazán o Valle-Inclán, quedaran en una tierra intermedia pero cuando estuvieron más olvidados, la mejor defensa que se les hizo fue desde Galicia”, añade Rivas, que acaba de dedicar un monográfico a la escritora en Luzes, la revista en gallego que codirige.

Literatura

Caricatura de Pardo Bazán publicada en los años veinte para publicidad de los laboratorios E. Boizot.
Caricatura de Pardo Bazán publicada en los años veinte para publicidad de los laboratorios E. Boizot.

Cuenta Marisa Sotelo que en 1882, José Quiroga y Pérez Deza, marido de la escritora, “disgustado por la polémica que estaban suscitando en la prensa los artículos sobre La cuestión palpitante, le planteó el dilema del matrimonio o la literatura”. Pardo Bazán eligió la literatura. “Decisión muy valiente a pesar del hecho de que una mujer se interesara por el naturalismo, corriente calificada de atea y pornográfica”, escribe Sotelo en su estudio preliminar para Algo de feminismo y otros escritos combativos, que acaba de publicar Alianza para sumarse al centenario. Autora de más de 650 cuentos y decenas de libros, suya es la primera novela sobre el movimiento obrero, La Tribuna, construida a partir de visitas y observaciones en la fábrica de tabacos de A Coruña. Mecenas, editora y redactora de una revista cultural, Nuevo Teatro Crítico, fiasco económico y odisea creativa (se publicó tres años solo con sus textos). Escribió de pintura, de teatro, de literatura, de filosofía y de religión. De autores franceses, americanos, rusos y españoles. Cultivó la narrativa, el ensayo, el periodismo, la poesía, el teatro y los libros de cocina. Todo le interesó y a todo dedicó una pensada.

Mujericidio

Emilia Pardo Bazán con un bebé, tal vez uno de sus hijos, retratada en el estudio de Luis Sellier.
Emilia Pardo Bazán con un bebé, tal vez uno de sus hijos, retratada en el estudio de Luis Sellier. ARQUIVO DE LA REAL ACADEMIA GALEGA

Mucho antes de que los observatorios actuales alertasen de que la violencia de género no podía suavizarse como pasional, lo hizo la escritora en montañas de artículos. Puede que en su posición hubiese pesado el crimen de su abuela paterna a manos de su segundo marido, aunque Cristina Patiño, profesora titular de Literatura española en la Universidad de Santiago, descarta que esa vivencia íntima “se tradujese en un automatismo autobiográfico” en su narrativa. En 1901 escribió en La Ilustración Artística: “Siguen a la orden del día los asesinatos de mujeres. Han aprendido los criminales que eso de la pasión es una gran defensa prevenida, y que por la pasión se sale a la calle libre y en paz, y no se descuidan en revestir de colores pasionales sus desahogos mujericidas”. Cristina Patiño publicó una selección de 35 cuentos sobre violencia de género en El encaje roto (Contraseña), editado en 2018 y camino de su quinta reimpresión: “Esta violencia hacia las mujeres es un eje de su invención creativa que la singulariza en el contexto de la literatura europea, y me atrevo a decir que universal, de la época”.

Novela

Emilia Pardo Bazán, fotografiada en una escalinata en 1883. / MUSEO LÁZARO GALDIANO
Emilia Pardo Bazán, fotografiada en una escalinata en 1883. / MUSEO LÁZARO GALDIANOPARDO BAZAN

¿Cuántos se acuerdan de Juan Valera y José María Pereda? En el XIX tuvieron peso por su literatura y eco por su lengua. Sobre Pardo Bazán hicieron crítica de bajos fondos. Valera: “Parece una sandía con patas”. Pereda: “Por el ansia de llamar la atención es capaz de bailar en cueros vivos en la Puerta del Sol”. Hoy pocos especialistas le racanean a la condesa un lugar en el canon. “Junto con Clarín y Galdós está en el trípode de los grandes novelistas del XIX y principios del XX”, sostiene Darío Villanueva, exdirector de la RAE y editor de las Obras completas de la escritora en la Biblioteca Castro junto a José Manuel González Herrán. “Con ella se dio una especie de condescendencia al principio y cuando se observó que iba en serio los que le habían pasado la mano por el hombro, comenzaron a denigrarla hasta el insulto como hicieron Leopoldo Alas o Menéndez Pelayo”, añade. Cien años después de su muerte se reeditan obras, se lleva al teatro (Insolación, celebración literaria del deseo femenino, o el monólogo Emilia), se repara en nuevos aspectos como el ensayo de la historiadora Blanca P. Rodríguez Garabatos Emilia Pardo Bazán y la moda (Hércules de ediciones), se divulga su biografía para niños (la editorial Bululú ha publicado el libro ilustrado Emilia Pardo Bazán. Una mente poderosa), se la rememora en debates y lecturas y se encuentran inéditos como Selva, novela policíaca que acaba de editar Ézaro.

Pazo de Meirás

Tarjeta manuscrita por Emilia Pardo Bazán con un retrato suyo ante la capilla de Meirás.
Tarjeta manuscrita por Emilia Pardo Bazán con un retrato suyo ante la capilla de Meirás.ARQUIVO DE LA REAL ACADEMIA GALEGA

Lo diseñó para convertirlo en su lugar para la vida y para la muerte. Pardo Bazán modificó la Granja de Meirás, propiedad familiar en Sada (A Coruña), para que se adaptase a las necesidades de una escritora. Trazó los planos de la biblioteca y proyectó las torres. Antes de que Meirás fuese el escenario de la boda de una nieta de Franco, acogió la suya con el hidalgo José Quiroga y más tarde la de su hija Blanca con José Cavalcanti, un militar africanista que apoyaría a Franco durante la guerra. En la capilla de Meirás hay un lugar que la escritora reservó para enterrar sus restos (hoy en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción en Madrid). Nunca se cumplió su voluntad.

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