Crítica
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Tributo a la inteligencia y al humor

En la serie ‘Supongamos que Nueva York es una ciudad’, Scorsese se parte de risa, y a los espectadores nos ocurre lo mismo, escuchando las ácidas opiniones de Fran Lebowitz

Llevar creando una de las obras más poderosas e identificables de la historia del cine podría sumir a Martin Scorsese en el ego trip permanente, en observar la belleza de su ombligo y olvidarse del resto del mundo. Pero este director genial también posee y ejerce la admiración hacia el talento ajeno. Lo homenajea en los terrenos de la música, la escritura, el cine, las obras de arte que han hecho más feliz su existencia. Y les rinde tributo mediante documentales impagables. Lo hizo con el cine clásico estadounidens...