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Arco, un supermercado del arte para los museos y comisarios

Las instituciones españolas e internacionales también acuden a la feria con la misión de sumar nuevas obras a sus colecciones

Un pasillo de la actual edición de Arco, el miércoles pasado en Madrid. En vídeo, lo imprescindible de Arco 2020.

Son visitantes discretos, pero determinantes en la economía del arte. Los directores y conservadores de museos españoles e internacionales también circulan estos días por los pasillos de Arco. Se interesan por algunas obras, preguntan precios en los estands y anotan nombres en sus libretas. De esas listas surgen las obras que veremos, en el futuro, en las salas de los centros de arte. Por ejemplo, el Museo Reina Sofía cerró ayer la compra de 12 piezas de artistas como Cabello/Carceller, Sara Ramo, Victoria Gil, Daniela Ortiz o Ana Buenaventura, adquiridas en la feria por un valor total de 206.000 euros.

Igual que el museo madrileño, otras grandes instituciones del arte han acudido a la feria. El MoMA de Nueva York ha mandado a su conservadora de arte latinoamericano, la argentina Inés Katzenstein. "Mi visita tiene una doble dimensión: participar en una discusión intelectual con otros comisarios y refrescar mi visión descubriendo artistas que no conocía", señala. En el caso del museo neoyorquino, las compras nunca se producen de forma inmediata. "Apunto nombres en mi listado, pero es un proceso largo y muy consensuado. Nuestro comité de adquisiciones solo se reúne dos veces al año", dice Katzenstein.

Tras su paso por la feria, las propuestas de los comisarios pasan el filtro de esos comités, que deciden qué obras son imprescindibles para completar las lagunas que existen en sus colecciones. El presidente del Centro Pompidou de París, Serge Lasvignes, es otro habitual de la feria. "En Arco vemos obras que no abundan en otros lugares, sobre todo respecto a la escena latinoamericana, que no siempre conocemos como deberíamos", afirma Lasvignes, pese a que en el primer día de la feria su interés se centró en los artistas rumanos. La directora adjunta del museo parisiense, Catherine David, también acude a la feria con la misión de sopesar posibles incorporaciones a su colección. "No vengo con la intención de comprar a toda costa, sino de ampliar nuestro conocimiento y descubrir obras que no están en el top 50. Arco tiene esa dimensión. Es un modelo de feria diferente del de Art Basel y Frieze, que ha contribuido al desarrollo del arte contemporáneo en España".

'Sin título' (1994), la obra de CabelloCarceller comprada ayer por el Museo Reina Sofía de Madrid, una escultura elaborada con pantalones vaqueros usados, medias y espuma.
'Sin título' (1994), la obra de Cabello/Carceller comprada ayer por el Museo Reina Sofía de Madrid, una escultura elaborada con pantalones vaqueros usados, medias y espuma.

Por su parte, Cuauhtémoc Medina, conservador jefe del Museo Universitario de Arte Contemporáneo de México, no comprará nada en esta edición, pero sí ha hecho una prospección de nombres para futuras exposiciones. “Por ejemplo, fue en esta feria donde descubrí el trabajo de Lara Almarcegui, a quien luego invité a participar en la Bienal de Liverpool", recuerda. Medina también adquirió distintas obras en Arco cuando era conservador de arte latinoamericano de la Tate Modern. La obra de Fernando Bryce que figura en su colección, Archive Studies (2005), fue comprada tras ser descubierta en la feria madrileña.

Por su parte, el director del Macba, Ferran Barenblit, lleva acudiendo a esta cita desde 1995. "No compramos directamente en Arco, pero sí a partir de Arco. Para un museo, es imprescindible ir a las ferias para tomar la temperatura del mercado, aunque luego trabajemos con mucha serenidad. Nunca hacemos compras compulsivas", indica. Su antecesor en ese cargo, Bartomeu Marí, que hoy dirige el Museo de Arte de Lima, precisa que el intervalo que separa el descubrimiento de una obra en un estand de su compra "varía mucho, según lo accesible o inaccesible que sea".

Según los galeristas presentes en la feria, para las grandes compras hay que contar un mínimo de un año, salvo si la adquisición se ha apalabrado antes. "Es un proceso lento, porque los comités de compra se reúnen de manera espaciada. Las ventas institucionales suponen un porcentaje menor que las colecciones privadas, pero nos reportan una gran visibilidad", señala Claudia Llanza, de la galería Travesía Cuatro, que ha tramitado la venta de la obra de Sara Ramo al Reina Sofía. La galerista Elba Benítez, que conversaba en la feria sobre una obra de Carlos Bunga con el director del Museo de Serralves de Oporto, Philippe Vergne, considera que este tipo de visitantes son clave para construir la carrera de sus artistas. "A veces, son más importantes las recompensas a largo plazo, aunque no haya ventas inmediatas". Bunga expondrá este año en Toronto, Viena y Londres. En todos los casos, los comisarios de esas muestras descubrieron su trabajo en una feria.

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