Vanessa Redgrave, la lucha sigue para la veterana izquierdista

La mítica actriz, que hoy estrena en España ‘Los papeles de Aspern’, batalla por el futuro del teatro. “La cultura, arrasada por la pandemia, es el alma del ser humano”

Vanessa Redgrave, en la proyección de 'Los papeles de Aspern, en el festival de Venecia de 2018.
Vanessa Redgrave, en la proyección de 'Los papeles de Aspern, en el festival de Venecia de 2018.Stephane Cardinale - Corbis / Corbis via Getty Images

A primera hora de la mañana, la voz de Vanessa Redgrave suena quebrada. Pero que el timbre no llame a engaño: la actriz londinense, a sus 83 años, mantiene ese carácter que le ha granjeado mala reputación a la hora de hacer entrevistas y choques con los directores con los que ha trabajado desde que alcanzara la fama en 1961 como Rosalinda en una versión de Como gustéis de la Royal Shakespeare Company. Desde entonces, la hija de otro grande, Michael Redgrave, no ha dejado de compaginar éxitos en cine y teatro, ni dejado de lado su actividad política. Ni recogiendo su único Oscar, ganado en 1978 por su activista antinazi en Julia. Fue abucheada y en su discurso habló de “matones sionistas”, aunque en aquel momento también criticó el fascismo, la caza de brujas de McCarthy y el antisemitismo. De aquello no se acuerda Hollywood, y sí del “matones”, que complicó durante décadas su relación con la industria del cine. Pocos días antes de realizar esta entrevista, el Partido Laborista había suspendido de militancia a su exlíder Jeremy Corbyn por su fracaso en acabar con el antisemitismo (dos semanas más tarde reculó y lo readmitió). Así que a la mínima que el periodista dice Corbyn, Redgrave responde: “No siga por ahí, no voy a realizar ningún comentario sobre ese tema”.

Al menos en esa respuesta fue educada. A Redgrave nunca le ha interesado caer bien. Como su personaje en Los papeles de Aspern, adaptación de la novela de Henry James que se estrena hoy en los cines españoles, una historia que entremezcla thriller y metaliteratura: un ambicioso crítico literario viaja a Venecia en busca de las cartas que el poeta Jeffrey Aspern escribió a su musa, Juliana Bordereau; y aunque han pasado varias décadas de aquella historia de amor, Juliana (a la que da vida Redgrave) mantiene la correspondencia bajo llave junto a su sobrina Tina (Joely Richardson, hija en la vida real de Redgrave). Curiosamente, en teatro, la veterana actriz ya encarnó a Tina en 1984. La primera en entrar en el proyecto fue Richardson. ¿Fue ella quien convenció a su madre? “Qué tontería. Mi hija es una gran actriz, qué duda cabe. La valoro como profesional, no como madre. Pero es que el personaje de Juliana es fascinante, al igual que la historia. No le dé vueltas, acepté porque es una novela de Henry James, un genio de la escritura”. La británica ha tenido entre su corte de admiradores a dramaturgos a Arthur Miller o Tennessee Williams, que la consideraban entre las intérpretes de mayor talento. Y uno se plantea si eso supone algún miedo a la decepción o a no estar a la altura de esos textos. Redgrave responde iracunda: “¿Está igualando a James, un escritor, con dos dramaturgos? No es lo mismo, no son comparables...”. Aunque a continuación, tras una larga parrafada de alabanzas a James, caiga en una contradicción: “En cualquier caso, para textos sublimes, recuerde que yo he trabajado con el más grande, William [Shakespeare]”.

El cine le ha dado alegrías -y parejas, como el director Tony Richardson, padre de sus hijas Joely y la fallecida Natasha, o como el actor Franco Nero, padre de su hijo Carlo-, y el teatro prestigio y regocijo intelectual. “El teatro es mi gran amor. No me pregunte en qué medio prefiero actuar”. Válgame dios, no. “Muy bien. Pero en el escenario tienes ahí al público”. Y en ello se ha volcado en estos meses: en salvar esos espacios culturales. “A los sitios y a los trabajadores culturales. Que no son solo los actores. Participo en una iniciativa que además de urgir al Gobierno a que incremente las ayudas, está recaudando fondos entre filántropos privados. No podemos elegir salvar unas pocas salas. Hay que luchar por todas y porque cuando reabran disfruten de mejoras. Lo mismo digo de los puestos de trabajo. La mayor parte de nuestros compañeros tienen contratos por obra, y en el Reino Unido se calcula que han desaparecido, tras la primera ola, más de 5.000 puestos relacionados con el arte”. Como el resto del mundo, durante el primer confinamiento, en Reino Unido se ha consumido cultura a través de plataformas digitales o leyendo libros. “Eso es. La cultura ha sido específicamente arrasada por la pandemia. Ese es el problema, mi querido amigo. Y me entristece [se emociona y llora] cómo olvidamos que es la cultura la que nos diferencia del resto de los animales. La cultura es el alma [lo dice en español] del ser humano”.

Vanessa Redgrave, en 'Los papeles de Aspern'. En el vídeo, tráiler de la película.

Durante décadas, el compromiso político de Redgrave iba entrelazado con un activismo social. “No, política no”, rechaza alguien que llegó a presentarse a las elecciones generales con un partido trotskista en su país. “La política no importa. Y los derechos humanos... La mayoría no sabe nada de derechos humanos, de leyes y de sus procesos. Ahora me centro en pequeñas batallas, que creo más eficientes”. Y empieza a contar su actual lucha por los refugiados, por los niños, que se puede resumir en su última frase: “Sé de las guerras y de sus causas”.

Antes de acabar la conversación, la actriz insiste en que Reino Unido es parte de Europa, “compartimos la misma cultura”. Y realiza un último requiebro al periodista: unos días antes de la conversación telefónica ha fallecido otra gloria nacional, Sean Connery. Ambos trabajaron juntos en Asesinato en el Orient Express. De primeras, Redgrave rechaza hablar de él, pero en la misma frase cambia de opinión: “Sean era un artista descomunal, un actor maravilloso. ¿Y sabes? Poca gente conocía sus innumerables obras de caridad. Le echaré de menos”.


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