Marieke Lucas Rijneveld: “Me he criado con la Biblia como el libro donde aprendes a leer”

La revelación de la literatura europea tras ganar el Man Booker Internacional con una obra de tono autobiográfico rechaza la adscripción de género

Marieke Lucas Rijneveld posa el pasado mes de julio en Utrecht.
Marieke Lucas Rijneveld posa el pasado mes de julio en Utrecht.JEROEN JUMELET / AFP

Cuando era una niña de primaria, Marieke Lucas Rijneveld (Nieuwendijk, Países Bajos, 29 años) escribía, editaba y distribuía su propia publicación, De Griezel Krant, algo así como “la revista del horror”, y dejaba el preciado ejemplar en casa de una amiga para que lo leyera. Contaba historias de aires medievales, con brujas y caballeros, y había en la escuela una maestra que la animaba a seguir con sus relatos. “Me acercaba al final de las clases y ella leía la narración. Supongo que yo necesitaba oír eso, que le gustaban mis textos”, reflexiona.

Durante la secundaria volvió a ocurrir. El profesor le decía que hiciera algo con esas narraciones, “pero claro, no me parecía un trabajo concreto, que es a lo se supone que debes dedicarte”. Lo que empezó como un juego impulsivo en la niñez y siguió fluyendo en la adolescencia se ha convertido en una necesidad que, antes de cumplir la treintena, le ha valido el premio Man Booker Internacional por su primera novela, The Discomfort of Evening (La inquietud de la noche, en español, editada por Temas de hoy). Una obra que describe la descomposición de una familia que ha perdido un hijo, Matthies, en un accidente de patinaje a través de los pensamientos, anhelos, dudas, miedos, el cobijo de un abrigo que es más que una segunda piel, y hasta el frío y el sudor de Jas, una de las hermanas. El medio rural y las estrictas convicciones religiosas de los padres, calvinistas en una comunidad pequeña, “hacen que la obra sea reconocible en los Países Bajos, pero creo que la búsqueda descrita puede serlo también para otros”, dice Marieke Lucas en una entrevista por videollamada. Es la persona más joven en obtener un galardón destinado a piezas de autores extranjeros vertidas al inglés, y lo comparte con la traductora, Michele Hutchison. En la novela, Matthies tiene 12 años y Jas 10, y la pérdida de la inocencia va aparejada al dolor de los padres, el abandono emocional de los niños y la diferenciación sexual de la adolescencia.

Además de su juventud, Rijneveld llamó la atención por su rechazo a la adscripción de género. De momento fija su identidad “en el espacio intermedio entre chico y chica”. ¿A qué se refiere cuando dice que está entre chico y chica? “Antes me parecía que tenía que elegir pero ahora creo que no hace falta. Puedes estar donde mejor te encuentres y yo me siento más un chico, pero no sé si quiero ir más lejos, así que está bien quedarme en el medio. Añadir Lucas a mi nombre, Marieke, ha sido muy importante. Era mi amigo invisible de la infancia y ahora es un signo de libertad. He creado una identidad aceptada. Ya veremos en el futuro”, dice en la conversación virtual de cercanía inesperada.

La familia Rijneveld pertenece a la Iglesia Reformada Protestante neerlandesa, relacionada históricamente con Calvino, de ahí el uso generalizado de calvinistas, a pesar de sus muchas ramas. La inquietud de la noche tiene tintes autobiográficos por este aspecto religioso y también porque su hermano murió en un accidente a los 12 años, cuando Marieke Lucas tenía 3. El duelo, por tanto, no le es ajeno, “pero es una novela, y aunque mis padres son religiosos he exagerado en el libro”.

Nació en la pequeña localidad de Nieuwendijk, al sur de los Países Bajos, “y hay vivencias propias y el ambiente y tradiciones de una granja con animales, que es donde yo me he criado, con la Biblia como el libro donde aprendes a leer”. “Pero no son mis padres ni tampoco los hermanos de la obra, Hanna y Obbe, son los míos verdaderos. Me costó explicarlo, porque mis progenitores no habían elegido que yo contara cosas reconocibles para ellos. Era revivir la pena, y lo entiendo. Aunque espero no perder mi mundo interior, he escrito ficción”. ¿Lo han leído en su casa? “Mi madre seguro y creo que mi hermana también. Mis dos hermanos no lo sé. Pero se alegran de lo que he conseguido”.

Paz entre las vacas

El estricto ambiente religioso descrito en el libro permea unas comunidades repartidas por los Países Bajos, que analizan el ritmo y avances de la sociedad moderna para ver si son compatibles con sus dogmas y creencias. “Por eso creo que mi libro es muy neerlandés, aunque hay una búsqueda reconocible más allá que puede o no ser la de Dios”, aventura. ¿Escribir es ya su trabajo? “Sí, no, no sé; creo que estoy donde debo, porque soy impaciente. Vivo en Utrecht y me encanta la ciudad, pero me da paz limpiar el establo de las vacas en una granja una vez a la semana. La diferencia es que ahora escribo para otros, que pueden llevar en su corazón lo que leen mío, y eso me emociona”.

Marieke Lucas descubrió en J. K. Rowling que la fantasía podía superar su propia mente, y el simbolismo “precioso y a veces terrible de la Biblia”. Pidió en la biblioteca el primero de los libros de la saga, Harry Potter y la piedra filosofal, y vio que la imaginación no tenía límites. “En mi hogar no era un libro bien visto por lo de la magia, y como no sabía que se pudiera comprar en una tienda, lo transcribí en un ordenador antiguo. Ya no lo guardo, pero sigue en mi cabeza”.

Sí tiene un héroe literario de cabecera, su compatriota Jan Wolkers (1925-2007) famoso, entre otras, por Turks Fruit (1969) (delicias turcas), novela que fue llevada al cine. “Viene de un ambiente parecido al mío, y su forma de romper con ello, de amar la naturaleza y de tratar la sexualidad me han influido e inspirado”. Rijneveld, que ha publicado también poesía premiada en su tierra, escribe ya una nueva novela, que por ahora prefiere guardarse porque le resulta una sorpresa.

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