77ª Mostra de Venecia

Arranca la Mostra de Venecia: así será el festival de la “reconquista”

El certamen más antiguo del mundo inaugura este miércoles una edición de perfil discreto y con medidas de seguridad extremas frente a la crisis sanitaria. Pedro Almodóvar y Álex de la Iglesia presentarán sus nuevos proyectos fuera de competición

Asistentes al festival pasean en bicicleta frente al palacio del festival, este martes en Venecia.
Asistentes al festival pasean en bicicleta frente al palacio del festival, este martes en Venecia.Joel C Ryan / AP

La alfombra roja de la Mostra de Venecia, por la que en otro tiempo desfilaron las mayores estrellas del planeta, está cubierta por una tapia de dos metros y un puñado de silenciosos arbustos. Ese muro blanco y aciago, símbolo oficioso de la nueva edición del festival que arranca este miércoles, aspira a disuadir las clásicas aglomeraciones en el lungomare del Lido, el paseo marítimo donde solía reinar el estridente griterío de los cazadores de selfis. Ahora ya ni se entrevé el acceso al palacio del Cine, templo del art déco y sede principal del festival más antiguo del mundo, que esta vez se celebrará entre medidas de seguridad extremas y con un perfil más discreto que de costumbre. Hace un año, Brad Pitt, Meryl Streep, Joaquin Phoenix o Scarlett Johansson pasearon por aquí. En esta edición, la mayor estrella parece Frances McDormand y su participación se hará por videoconferencia.

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Pese al contexto imposible que impone la crisis sanitaria, el director de la Mostra, Alberto Barbera, no se planteó anular la cita. “Es una edición bajo el signo del optimismo, pensada como invitación a volver a empezar”, afirmaba el lunes por teléfono. “El cine no puede seguir confinado más tiempo. El cierre de las salas y el bloqueo de los estrenos ya han tenido consecuencias enormes. Prolongar esta situación pondría todo el sistema en peligro. Con toda la prudencia y el mayor respeto a las normas, debemos reencontrar el placer del visionado colectivo. Netflix y las otras plataformas nos han ayudado a sobrevivir estos meses, pero ha llegado la hora de volver al cine”, añadía Barbera sobre una edición en la que, como reza la máxima lampedusiana, todo ha tenido que cambiar para que todo siga igual.

A partir de este miércoles, la mascarilla será obligatoria dentro y fuera de las salas, cuyo palco quedará reducido al 50% de la capacidad total. Los asistentes deberán reservar entrada para todas las sesiones, incluidas las ruedas de prensa –la del jurado que presidirá Cate Blanchett, que este miercoles se presenta en sociedad, ya está agotada–, y para acceder al recinto tendrán que superar un control de temperatura. Quienes lleguen desde fuera de la zona Schengen —pero también desde España, Grecia, Croacia y Malta, por la gravedad que desprenden las últimas cifras— también deberán presentar un test molecular negativo. “Tarde o temprano nos libraremos del virus. Pero, de momento, este es el precio que hay que pagar para ver una película dentro de una sala”, se resigna Barbera, que ve en esta extraña edición el primer acto de una eventual “reconquista”.

Venecia se convierte en el primer festival internacional que se atreve a organizar una edición presencial, tras la suspensión de Cannes y la decisión de Toronto de organizar una edición limitada y en streaming. Si las estrellas no abundarán y la sección paralela Sconfini ha sido suspendida, la Mostra ha logrado la proeza de mantener sus fechas habituales y reunir un total de 65 películas, sumadas a las que propondrán las secciones paralelas. “Una edición online no tenía sentido. Un festival es compartir en un mismo lugar el placer de ver una película, participar en encuentros con sus autores e intercambiar opiniones con otros espectadores. Para mí, eso no puede suceder en línea”, afirma Barbera.

La inauguración irá a cargo de Lacci, de Daniele Luchetti, una historia familiar en el Nápoles de los ochenta que adapta la novela Ataduras, de Domenico Starnone. A diferencia de los últimos años, los grandes estudios se mantendrán al margen de esta edición, pero Venecia ha podido reunir algunos de los proyectos más esperados del año. Mañana se estrenará La voz humana, el mediometraje de Pedro Almodóvar que protagoniza Tilda Swinton, quien recibirá un premio a toda su trayectoria. Por su parte, Álex de la Iglesia presentará 30 monedas, la serie que ha rodado para HBO. Además, se proyectarán títulos como Nomadland, de Chloé Zhao, o The World to Come, de Mona Fastvold, dos de las ocho directoras que compiten por el León de Oro en una edición que roza, por primera vez, la paridad. Lo nuevo de Andréi Konchalovski (Dear Comrades), Amos Gitai (Laila in Haifa), Michel Franco (Nuevo orden) o Gianfranco Rosi (Notturno) también pasará por el Lido, igual que The Duke, con Helen Mirren, y One Night in Miami, de Regina King, que se proyectarán fuera de competición. Por su parte, Luca Guadagnino presentará un documental sobre Salvatore Ferragamo, dos cortos rodados durante el confinamiento y su nueva serie, We Are Who We Are.

La Mostra, esa vieja cita creada en la posguerra para ayudar a una industria reducida a cenizas y promover la cohesión social en un continente devastado, parece retomar ahora esa misión original, alejándose, por el peso de las circunstancias, de los destellos hollywoodienses. “Debemos recuperar la función social que el cine siempre ha tenido, en un momento en que necesitamos restablecer los vínculos que el confinamiento redujo a cero”, confirma Barbera, que afronta su última edición al frente del certamen. Será, sin lugar a dudas, la más complicada.

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