Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Al abrigo de la escritura

Tiene un tono de coherencia absoluta con lo que está relatando: la caída en desgracia y el levantamiento de un hombre

Buenos principios pelicula
Yvan Attal, en 'Buenos principios'.

Las películas que están bien escritas despuntan en apenas unas frases, sobre todo si se trata de una narración en off en primera persona. Luego pueden estar filmadas con gusto (o no), con coherencia entre fondo y forma, incluso con estilo, ir acompañadas de elementos formales, de música, de fotografía, que encajen con el relato, gozar del tono adecuado. “Había ido a París a que mi agente me convenciese de escribir el guion de una película mala que tenía la sensación de haber visto ya mil veces. Me apresuré en agradecerle su interés por mi persona, olvidando recordarle que se fuese a la mierda…”. Buenos principios tiene un buen comienzo. Se nota que hay detrás un escritor. También delante, en la pantalla, como protagonista. En realidad, ambos son el mismo: el personaje como trasunto del creador. Se habla de lo que se sabe, y este sabe: es John Fante (1909-1983), escritor de Mi perro Estúpido, el relato en el que se basa Buenos principios; también guionista de películas, labor de la que siempre renegó. Pero a un buen novelista siempre se le nota; en apenas unas frases.

BUENOS PRINCIPIOS

Dirección: Yvan Attal.

Intérpretes: Yvan Attal, Charlotte Gainsbourg, Pascale Arbillot, Adèle Wismes.

Género: comedia. Francia, 2019.

Duración: 106 minutos.

Fante, que escribió para Orson Welles (It’s All True), William Wellman (My Man And I), Richard Quine (Llenos de vida, basada en su novela) y Edward Dmytrick (La gata negra), imprime a su relato un tono de derrota, de cansancio vital, de hastío consigo mismo y con los que le rodean: su mujer y sus cuatro hijos. Yvan Attal, director y actor francés, lo filma y lo interpreta encajando piezas: dirección artística, vestuario y fotografía de tonos ocres para una vida apagada, que un día relució con una primera novela de éxito, y que 25 años después ya solo se alimenta de fracasos. Deprimido, pero de pie, el protagonista se sostiene con su propia tristeza, regodeándose en ella. Cínico, brillante, cruel, inseguro, roto, arrogante, mediocre. Attal suele bordar esos papeles.

Cálida pese a su contenido dramático, de sorna inteligente, de comicidad triste, Buenos principios tiene un tono de coherencia absoluta con lo que está relatando: la caída en desgracia y el levantamiento de un hombre; también el de una familia que hace tiempo que andaba destruida y desnutrida. Una obra que transpira una rara melancolía, que sabe enervar y tranquilizar en sus dosis adecuadas. Y que cuando opta por la serenidad, lo hace con la apasionante pachorra del animal coprotagonista, ese perro llamado Estúpido (Idiota en la traducción española de la editorial Anagrama). Entroncando así con otra hermosa obra, esta de los años setenta, protagonizada por un hombre en crisis y un animal de nombre insultante, esta vez gato: la formidable Harry y Tonto, de Paul Mazursky.

Hay un halo de profunda tristeza en el trabajo de Attal y su guionista, Dean Craig, pero la película acaba teniendo también unos matices que abrigan, en los que tiene mucho que ver el trabajo con la banda sonora, donde domina una preciosa versión a piano de Paranoid Android, de Radiohead. A eso se le llama tener ideas: conjugar la extraña aflicción que destila el OK Computer de Radiohead con la historia de redención de un escritor fracasado junto a un perro idiota. “Para escribir hay que amar y para amar hay que entender”. Fante sabía escribir, y Attal lo ha comprendido a la perfección.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >