Y el flamenco desaparece

La categoría ha sido eliminada de los premios Grammy Latinos. ¿Motivo? No se presentaron suficientes candidaturas

Paco de Lucía, uno de los máximos representantes del flamenco.
Paco de Lucía, uno de los máximos representantes del flamenco.Carlos Saura

Los premios Grammy Latinos, que se entregan en Las Vegas (EE. UU.) el 14 de noviembre, no tendrán un hueco para el flamenco, dejando aparte a la omnipresente Rosalía. La organización responsable, la Latin Recording Academy, ha anunciado que el apartado de flamenco no ha contado con el mínimo de candidaturas -veinticinco- exigidas para entrar en competición. Los discos flamencos que se presentaron fueron desplazados al cajón de sastre de la “música folclórica”, donde ninguno fue preseleccionado para la votación final. 

Se trata de un golpe para la autoestima del flamenco, que difícilmente se consolará sabiendo que no es un caso único: por el mismo motivo, la escasez de candidatos, en esta vigésima edición tampoco habrá espacio para la bachata y el merengue dominicanos o la denominada “música clásica contemporánea”. Sin embargo, sí se entregaran los premios para géneros más fértiles como el tango, el samba o la música cristiana. Luis Cobos, presidente de AIE (Artistas, Intérpretes y Ejecutantes), entiende la decisión: “como para todo, se necesita un quórum.” Desde hace un par de años, la AIE recuerda a sus miembros que no desaprovechen la oportunidad: “de hecho, hubo años en que comprábamos nosotros los discos de pequeñas compañías y nos ocupábamos del trámite de inscribirlos”. Cobos, que conserva fuertes vínculos con la organización que reparte los premios, cree que “en España no tenemos una idea clara de la importancia comercial de ganar un Grammy”.

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También estamos ante un resultado del encogimiento del mercado discográfico, fruto de aquel espejismo que pedía, no, exigía que toda la música debería ser gratuita. De las grandes compañías, solo Universal dedica esfuerzos continuados a su catálogo flamenco; a menor escala, también Sony cuenta con figuras como Vicente Amigo, Niña Pastori o El Niño de Elche. Después vienen empresas independientes con lanzamientos puntuales, como Karonte, La Bodega, Nuevos Medios o La Droguería Music. Y en un tercer escalón están las autoproducciones, obra de artistas que financian y gestionan sus grabaciones, no necesariamente novatos: hasta Carmen Linares publica sus propios discos.

Para Alberto Martínez, responsable de la tienda madrileña (y editora discográfica) El Flamenco Vive, la dura realidad es que las grabaciones de flamenco han dejado de ser rentables: “actualmente, las ventas se cuentan por centenares, no por miles de copias. Los artistas necesitan grabar para recordar que siguen activos y dejar constancia de su momento creativo, pero nadie se va a hacer rico editando flamenco. Así que ha bajado el número de lanzamientos: en un año, sin contar reediciones, pueden salir unos treinta títulos; lo de confiar en que se presenten prácticamente todos a algo que se monta desde Miami no es realista”.

Martínez puntualiza que no resulta fácil el proceso de inscribirse en línea para participar: “nosotros lo hicimos en 2016, presentando el Directo en el Círculo Flamenco de Madrid, de Antonio Reyes con Diego del Morao, que no ganó”. Los artistas flamencos, añade, “no son tontos. Han advertido que suelen ser premiados los guitarristas”. Cierto, consiguieron múltiples Grammy Latinos tanto Paco de Lucía como Tomatito o Vicente Amigo: “el cante puro rara vez ha ganado. Casi siempre triunfan artistas de multinacionales, gente que ya tiene presencia en los circuitos internacionales”.

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José Manuel Gamboa, productor de flamenco, asegura que las instituciones también deberían implicarse: “puede parecer una simpleza, pero conviene recordar que pocos artistas o representantes hablan inglés. Si el flamenco es Marca España, correspondería al Ministerio de Cultura y a la Junta de Andalucía recordar al mundo que aquí hay un poderío musical impresionante. Está muy bien que se declare que el flamenco es patrimonio inmaterial de la humanidad, pero eso no se traduce en bolos”.

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