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FERIA DE OTOÑO

El novillero Tomás Rufo abre la puerta grande de Madrid

El toledano corta dos orejas al mejor lote de una desigual novillada de Fuente Ymbro

El novillero Tomás Rufo, por la puerta grande de Las Ventas.
El novillero Tomás Rufo, por la puerta grande de Las Ventas.

En el toreo, como en la vida, la suerte es fundamental. Y cuando llega, hay que aprovecharla. Eso hizo Tomás Rufo, un joven novillero nacido en Talavera de la Reina (Toledo), que, tras un derroche de frescura, cumplió el sueño de cualquier torero: salir a hombros por la puerta grande de Madrid.

Era su día. Sin duda. La tarde, perfecta; el público, entregado; y el lote, casi el soñado. Todo estaba de su parte y no lo dejó escapar. Tras acariciar el triunfo en el certamen de novilladas nocturnas celebrado este mismo verano, el toledano cortó por fin las dos orejas que le abrían las puertas de la gloria.

FUENTE YMBRO / EL RAFI, RUFO, PLAZA

Novillos de Fuente Ymbro, bien presentados (salvo el muy terciado 2º) y de juego desigual, aunque la mayoría mansos y nobles. Destacaron por su calidad el 2º y, sobre todo, el 5º.

El Rafi, que se presentaba: bajonazo atravesado perdiendo la muleta (silencio); medio bajonazo en la suerte de recibir (silencio).

Tomás Rufo: estocada defectuosa (oreja); estocada (oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo).

Fernando Plaza: pinchazo hondo muy tendido, media estocada muy tendida y un descabello (silencio); estocada atravesada que hace guardia, pinchazo _aviso_, otro pinchazo y estocada desprendida (saludos).

Plaza de toros de Las Ventas. Viernes, 27 de septiembre. 1ª de la Feria de Otoño. Alrededor de media plaza (16.361 espectadores, según la empresa).

Una paseó del segundo, que sacó buen fondo en el último tercio, y otra del notable quinto, de gran nobleza, clase y recorrido. Un utrero que, como el resto de sus hermanos, manseó en varas, pero que luego embistió con prontitud y alegría en la muleta.

Tras brindarle su muerte al mayoral de la plaza, el popular Florito, Rufo comenzó la faena en el tercio, vertical la figura, cerrado el compás. Después, y tras un par de tandas en redondo de diversa factura, el trasteo -y la plaza- rompió con un soberbio natural de remate ejecutado con la pierna flexionada. Larguísimo. Lentísimo. Ese muletazo y otros cuantos adornos, preñados de gusto y torería, fueron lo mejor.

También una tanda de naturales templados y bien rematados, o el magnífico epílogo con el que cerró su primera labor: Media docena de doblones que pusieron los tendidos en pie. Por medio, alternados en el tiempo y el espacio, otros instantes más acelerados y lineales que no estuvieron a la altura.

Actitud y valor, mucho valor, demostró también Fernando Plaza. Pero a él, al contrario que a su compañero, la suerte le fue esquiva. Ante un lote de escasas opciones, solo pudo ponerse en el sitio y quedarse muy quieto. Como ante el descastado y soso tercero dijo poco, se la jugó sin cuentos frente al sexto, que se movió sin entrega y con la cara por las nubes.

Bastante menos afortunada fue la actuación de El Rafi, que se presentaba en Las Ventas. Aunque anduvo solvente y sobrado de oficio, se colocó de forma ventajista y mató a sus dos oponentes de sendos bajonazos.

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