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Roger Mitchell y la alegría de vivir que rodea a la muerte

El cineasta presenta 'La decisión', un drama familiar con Susan Sarandon, Kate Winslet y Sam Neill, que versiona la película de Bille August

Roger Mitchell y Sam Neill, en San Sebastián.
Roger Mitchell y Sam Neill, en San Sebastián. Getty Images

A Roger Mitchell la pregunta le hace sonreír. "Puede que tenga razón, y que las cuatro películas que he dirigido con guion de Hanif Kureishi sean lo mejor de mi carrera", asiente. El cineasta —nacido en Sudáfrica hace 63 años— de Notting Hill, Mi prima Rachel y El intruso encontró en el escritor un guionista excepcional y un fiel compañero de fatigas —Kureishi siempre asegura que no escribirá para otro director— en películas como The Mother, Venus o Le Week-End. "Siempre estoy en contacto con él. Está adaptando Mi hermosa lavandería a obra de teatro. Tiene también nueva novela en meses. Por eso hace meses que no le veo. Volveremos a colaborar porque soy consciente que nuestras colaboraciones crean obras especiales", remata.

Bille August creó en Corazón silencioso un fornido drama familiar sombrío y agitado en el que no escapaba —y él mismo lo confesaba en su presentación en el festival de San Sebastián de 2014— a la sombra de Ingmar Bergman. En La decisión, Mitchell ha cambiado aquella oscuridad por la alegría de vivir sin pervertir el fondo del asunto: una familia se reúne durante el fin de semana previo a que la madre, víctima de un ELA que avanza irremediablemente, vaya a suicidarse de forma asistida por su marido. Sus dos hijas no comparten opiniones sobre la eutanasia y un crudo combate sentimental marca esas 48 horas. "No he visto la película de Bille August [Christian Torpe, guionista de la primera, se ha encargado también de la versión inglesa] y entenderás por qué: sería un error por mi parte. Quería sentirme lo más libre posible al entrar en este material. Y me daba miedo contaminarme", cuenta. Mitchell estaba muy interesado en la esclerosis lateral amiotrófica y por eso aceptó el encargo, habló con muchos enfermos y, sobre todo, no olvidó que esta película es "sobre todo, un drama familiar". Con un gran reparto: Susan Sarandon, Sam Neill, Mia Wasikowska, Kate Winslet, Lindsay Duncan y Rainn Wilson.

En La decisión se reflexiona sobre qué es vida, sobre cuál es el momento en que aunque un corazón palpite, la mera existencia no puede denominarse vida en toda su plenitud. "Mucha gente llevaría ese límite hasta su último momento, cuando se abren los cielos o te susurra la parca o qué sé yo", bromea el cineasta. "Pero me parecía un buen guion para sentar a una familia alrededor de una mesa para que se planteen ese dilema. O para que miren a las estrellas y piensen si hay algo más allá o miren el vacío, si no eres creyente".

Durante el rodaje, Mitchell vigiló mucho el tono de los actores, porque los actores debían saltar de la risa al llanto en segundos. "Es curioso cómo los dramas sobre la miseria y la muerte pueden ser más divertidos que una comedia. Hubo mucho humor en el rodaje, especialmente en los momentos más graves, y no quería que se me fuera de las manos. La película habla de la alegría de vivir, de lo maravilloso que puede ser una vida plena y ser consciente de ello justo antes de morir". Algo que une La decisión al resto de su carrera: nunca ha hecho una película porque sí, siempre ha tenido cuidado en que sus películas contuvieran algo más. "Jamás he sabido por qué he elegido un proyecto en detrimento del otro. A veces ellos me escogían a mí y solo tras varios años era capaz de comprender por qué había hecho esa película. Dicho eso, nunca he hecho lo mismo dos veces". ¿Confianza ciega en su instinto? "Eso intento. Si algo me interesa, será por una poderosa razón".

En el corazón de La decisión, película que ha inaugurado el 67º festival de San Sebastián, late el debate sobre la eutanasia, que en muchos países, incluido España, aún no ha sido legislada. "Primero, creo que mi película ni es polémica ni hace campaña a favor de la eutanasia. Sencillamente, en este caso, en esta familia, parece una buena solución. Sin embargo, yendo más lejos, me llama la atención cómo en pleno siglo XXI aún no esté encarado y cerrado este problema", arranca el director. "Legislar la eutanasia podría cerrar las puertas, por ejemplo, a posibles casos de abusos en los que unos hijos avariciosos decidieran quitar de en medio a sus progenitores. Y sobre todo, ayudaría a quien la necesite, a quien deja de valerse. En Inglaterra, el mero hecho de comprar un billete desde mi país a Suiza para realizar una muerte digna se considera delito. Esto pasa aún hoy".

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