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Carlos Aranda corta una oreja y deja una buena impresión en Las Ventas

El novillero Carlos Olsina dio dos vueltas ante los desiguales novillos de La Guadamilla

carlos aranda toros
Carlos Aranda pasea la oreja que cortó al quinto novillo de la tarde.

El novillero Carlos Aranda cortó este domingo una oreja en la tarde de su presentación en Madrid, un premio que vino a reconocer el conjunto de una labor en la que dejó muy buena impresión y en la que también gustó el francés Carlos Olsina, que dio dos vueltas al ruedo, informa Javier López.

Aranda ha tenido que esperar cinco años hasta presentarse en la capital, pero llegaba fogueado tras disfrutar en las últimas temporadas de un buen número de novilladas en los pueblos de Castilla-La Mancha, donde ha sabido forjar su bastión.

En su primero corroboró estas tablas para justificarse ante un animal que apenas se prestó. Mansurrón en los primeros tercios, muy a su aire, esperó e hizo hilo en banderillas para llegar a la muleta con el viaje muy medido y soltando también mucho la cara. Y eso que quedó prácticamente sin picar.

El esfuerzo de Aranda fue encomiable. Y la puesta en escena tampoco fue mala. Supo en cada momento lo que había que hacer, es decir, esperar al novillo con la muleta retrasada y aprovechar la poca inercia que tenía el de La Guadamilla. Así logró pasajes aislados de buen tono dentro de un conjunto en el que se mostró por encima de las circunstancias. El único lunar, el mal manejo de la espada.

LA GUADAMILLA/MONTALVO, ARANDA, OLSINA

Novillos de La Guadamilla, de distintas hechuras, sin perder la seriedad, y de juego también desigual.

Javier Montalvo: estocada desprendida y dos descabellos (ovación tras aviso); media trasera y tendida, y descabello (palmas tras aviso).

Carlos Aranda: metisaca muy abajo con derrame (ovación); estocada corta y tendida recibiendo (oreja tras aviso).

Carlos Olsina: pinchazo y casi entera caída (vuelta al ruedo tras aviso); estocada trasera (vuelta al ruedo).

Plaza de Las Ventas. Novillada. 11 de agosto. Menos de un cuarto de entrada (6.198 espectadores, según la empresa).

Al quinto le faltó humillación y, sobre todo, entrega. Aranda volvió a mostrarse muy firme y, sobre todo, técnico y capaz hasta que acabó robando dos tandas sensacionales por el lado derecho ya casi en las postrimerías del último tercio.

Fue una faena para aficionados, de esas que dejan muy buen regusto y, sobre todo, muchas ganas de volver a verlo, pues, además de oficio y cabeza, se le adivinan unas formas también de mucho gusto en la interpretación. La oreja, quizás, se antoja demasiado premio tras una estocada que cayó de aquella manera, pero tampoco fue de las de clamar al cielo. Ojalá le sirva.

El primer debutante fue Javier Montalvo, un joven madrileño que venía a cumplir su sueño de hacer el paseíllo en Madrid después de seis años desde que se presentara con caballos y con apenas una decena de novilladas a sus espaldas. Desde luego, se antojaba muy poco bagaje para una papeleta tan exigente como es torear en la primera plaza del mundo.

Supo "tapar" su corta experiencia, en parte, con su primero, un novillo que se sujetaba con alfileres, pero dejándose mucho y con el que se acopló a medias, mejor si cabe por el derecho, y en las dos primeras tandas. Pero fue cambiar al otro pitón y aquello ya no salió tan fluido.

Pero más allá de lo artístico, el mérito estuvo en que no pareció pesarle la situación en ningún momento, que se le vio muy sereno y hasta seguro en la cara del novillo, y eso ya es más que loable.

Con el cuarto, en cambio, poco pudo hacer Montalvo ante un novillo que se rajó a las primeras de cambio y al que trató de buscarle las vueltas insistentemente al hilo de las tablas en una larga y tediosa porfía.

Carlos Olsina, el tercer debutante, llegó a Madrid con ganas de dejar su impronta. Quedó demostrado en el inicio de faena de rodillas en su buen primero, un pasaje que conectó mucho con el público. Ya de pie supo también mantener el diapasón en las tandas siguientes por el derecho, y enganchó muy bien al animal, que embestía de dulce, para llevarlo largo y por abajo.

Quizás le faltó algo más de ajuste y, sobre todo, de temple, el mismo que pareció surgir cuando probó el toreo por naturales. Un final por bernadinas fue el corolario a una labor en la que no dejó mal sabor de boca este francés, que dio una vuelta al ruedo después de la ovación que se llevó también el novillo en el arrastre.

Al sexto le faltó clase, y Olsina, todo entrega, volvió a estar por encima, tanto que hasta le llegaron a pedir la oreja que el usía no tuvo a bien conceder. Volvió a dar otra vuelta al ruedo.

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