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El negocio editorial del envejecer

Los sellos aprovechan sus aniversarios para rentabilizar el fondo. Este año es el turno de Tusquets y Anagrama (50), Planeta (70), y Acantilado y Minúscula (20)

Nuevas ediciones de clásicos de Anagrama, Tusquets y Planeta: desde la izquierda, La conjura de los necios, Antrobus, Mientras la ciudad duerme y Alta fidelidad.
Nuevas ediciones de clásicos de Anagrama, Tusquets y Planeta: desde la izquierda, La conjura de los necios, Antrobus, Mientras la ciudad duerme y Alta fidelidad.

La cultura española no recuerda, pero anda loca por conmemorar, escribió Rafael Sánchez Ferlosio hace casi tres décadas, y su improvisado aforismo le viene como un guante a este 2019 en el que todo son aniversarios editoriales. Cumplen años Tusquets y Anagrama (50), Planeta (70), Acantilado y Minúscula (20), pero también lo hacen ciertos títulos, como El tiempo entre costuras, de María Dueñas (10), y El primer hombre, de Albert Camus (25), por citar algunos ejemplos. ¿Y qué ocurre cuando una editorial, o cierto título, cumplen años? Que, entre sus celebraciones se incluye una nueva apuesta por el título en cuestión, cuando la efeméride es de un libro, o el relanzamiento de la parte de su catálogo que puede resultar más rentable, cuando es de un sello. Las operaciones son recurrentes e inducen a pensar que, a diferencia de, pongamos, en la danza clásica, envejecer resulta rentable en el mundo editorial.

“No se trata de aprovecharse del aniversario”, dice Juan Cerezo, editor de Tusquets, “sino de poner en valor autores y títulos”. Para Cerezo, el ejercicio es similar al que se haría ojeando un álbum de fotos. “Cumplir años te permite mirar atrás y ser consciente del camino recorrido: las historias cobran sentido cuando vemos dónde conducen, o, en nuestro caso, dónde han conducido”. Tusquets, que este jueves ha montado una fiesta en Barcelona que aspira a marcar época en los anales hedonistas del libro en español, empezó ya a celebrar el medio siglo con una nueva colección en la que recuperan “hits del sello” como Los juegos de la edad tardía, de Luis Landero, y La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. El aniversario, dice Cerezo, es la excusa. Lo importante es que el libro trate de encontrar, de nuevo, su camino, como ha ocurrido con El primer hombre, de Albert Camus. Hasta hace nada, languidecía en el fondo del sello. En menos de un mes, ha alcanzado la segunda edición.

El equipo de Tusquets en 1980, con sus fundadores Antonio López Lamadrid (arriba) y Beatriz De Moura (en primera fila, segunda por la derecha).
El equipo de Tusquets en 1980, con sus fundadores Antonio López Lamadrid (arriba) y Beatriz De Moura (en primera fila, segunda por la derecha).

¿En qué se basa la selección? Responde Silvia Sesé, editora de Anagrama —que también ha relanzado coincidiendo con el medio siglo 50 libros de bolsillo (Compactos, en la jerga del sello)—: “25 títulos los eligieron los libreros, y se encargaron incluso de las contras, y los otros 25, los elegimos nosotros, y las contras se las encargamos a autores de la casa”. Así, la nueva edición de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, el long seller por antonomasia de la editorial, viene recomendada por Concha Quirós, la responsable de la librería Cervantes de Oviedo. El espíritu, en este caso, es el de homenajear a aquellos que han hecho el camino posible. “Tampoco se trata de abusar de los aniversarios, si no se vacían de significado”, asegura la editora. La pregunta debería ser si el regreso de estos 50 títulos resulta rentable. “Debemos pensar que son títulos emblemáticos, que siguen vivos, con continuas reediciones”, dice Sesé. Es decir, el riesgo es mínimo. Siempre funcionarán. Y de paso, servirá para que se vuelva a hablar de ellos y aspiren a encontrar “nuevos lectores”.

Algo así ocurrió con Salamandra y Harry Potter. En 2017 se celebraron los 20 años del primer título, Harry Potter y la piedra filosofal, y la editorial lo conmemoró relanzándolo en cuatro versiones que representaban a las cuatro casas a las que puede pertenecer un niño mago de Hogwarts (Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin), con textos inéditos de la propia J. K. Rowling hablando de cada una de las casas. “Cada generación debería tener su propio Harry Potter”, opina su editora, Sigrid Kraus. Se redobla la apuesta por un valor seguro y, al hacerlo, se lucha contra la tiranía de la novedad que impera en las librerías. “La editorial debe pensar todo el tiempo en cómo vender su fondo, por coherencia con el catálogo, por visibilidad de los autores más representativos, ¡y por rentabilidad!”, apunta Silvia Sesé. Y se diría que cualquier aniversario es una buena oportunidad en ese sentido. Aunque no en todos los casos.

Acantilado, el sello que dirige Sandra Ollo, con cerca de 100 reimpresiones al año, considera que su catálogo “está muy vivo” y que no tendría sentido “marcar ciertos títulos”, ni rescatar ninguno, pues están siempre disponibles. “Enfocamos el aniversario de otra manera: publicar novedades de autores significativos de la casa, y que haya un equilibrio entre la novedad y el fondo, a través de lo que llamamos afinidades electivas. La idea es que todo fluya, que los títulos dialoguen, de alguna manera, entre ellos, y que el pasado, el presente y el futuro se entremezclen”.

Algo parecido ocurre en Minúscula, que también nació en 1999. “Nosotros reimprimimos constantemente los títulos más significativos, así que no tendría sentido relanzar nada. También es cierto que nuestro catálogo es muy compacto, y muy escogido, y que el fondo no deja de moverse”, apunta Valeria Bergalli, editora de Minúscula. Su celebración no es tan escandalosa, se diría, como la del resto, pero no pueden evitar volver al candelero, como afortunadas víctimas de la locura conmemorativa de la que hablaba Ferlosio.

Música en directo en un castillo para echar el resto

Como sucede en una boda o en un cumpleaños, el que celebra recibe mucho, pero también tiene que gastar. Dicho en términos editoriales: los sellos ingresan por la reventa de sus valores seguros, sí, pero también se ven obligados a echar el resto en la celebración. Tusquets ha alquilado un castillo para cumplir este jueves en Barcelona las cinco décadas, algo que hizo que al presupuesto anual “se le añadiera una partida especial que, por suerte, se aprobó”, indica su editor, Juan Cerezo. Habrá música en directo, cena cóctel. No se ha reparado en gastos. ¿Una cifra? No piensa darla.

En cualquier caso, queda claro que celebrar también es gastar. Pero, opina Jorge Herralde, desde Anagrama, “se hace con gusto”. “Los aniversarios son rentables para el distinguido público y para los fans, para nosotros es una cuestión accesoria de la que solo sacamos rédito mediático”, dice el veterano editor. La fiesta de los 50 años de Anagrama se celebrará el 26 de septiembre en el mismo lugar en el que se celebró la de los 40, el restaurante Principal, del que todos, “colaboradores, amigos, autores y equipo” guardan “muy buen recuerdo”. ¿Y qué hay de Planeta, que también cumple nada menos que 70 años? “Esperaremos al premio para celebrarlo [en otoño]”, dice Laura Franch, responsable de comunicación del grupo. Deja claro también que más que ganar, la editorial pierde (económicamente), porque no puede evitar hacer “una inversión especial” que incluye materiales como el facsímil del primer libro que editó el sello hace siete décadas, una primera edición de Mientras la ciudad duerme, de Frank Yerby.

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