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CRÍTICA | KIN CRÍTICA i

Arma fatal

Los primeros minutos de metraje logran crear la ilusión de que aquí, por lo menos, hay una cierta voluntad de estilo (visual)

'Kin'
Fotograma de 'Kin'.

En Bag Man, cortometraje de 2014, los hermanos Jonathan y Josh Baker seguían el enigmático trayecto de un adolescente de Harlem desde su hogar desestructurado hasta los lejanos bosques. Allí, un fortuito encuentro con una banda criminal hacía que se revelase el contenido de la bolsa que cargaba el protagonista: un arma, supuestamente alienígena, capaz de pulverizar todo objetivo. Los cineastas tomaban la decisión de no explicar demasiado y de dejar el relato en el aire, lo que no convertía a Bag Man en una obra sobresaliente, pero, por lo menos, permitía pensar que quizá en el universo imaginario de los hermanos Baker se agitaba algo más allá de la solvencia técnica que distinguía a la pieza.

KIN

Dirección: Jonathan y Josh Baker.

Intérpretes: Myles Truitt, Jack Reynor, Dennis Quaid, James Franco.

Género: ciencia-ficción. Estados Unidos, 2018,

Duración: 102 minutos.

Cuatro años más tarde, los Baker debutan en el largometraje con Kin, extenso desarrollo de lo que Bag Man tan solo había esbozado, y la elementalidad que ha salido finalmente a la luz resulta tan desconcertante como una escopeta alienígena en manos de un chico de Harlem. Los primeros minutos de metraje logran crear la ilusión de que aquí, por lo menos, hay una cierta voluntad de estilo (visual): la elusiva representación de un duelo alienígena en una fábrica abandonada y los primeros planos cenitales lanzan una evidente promesa incumplida.

Kin permite sacar la conclusión de que Bag Man solo era un somero escaparate de solvencia técnica para el ingreso en la industria de un tándem convencido de que el cine empezó –y probablemente terminó- con el primer Terminator (1984), de James Cameron.

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