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Las abuelas animadoras

De tono presuntamente gracioso, pero sin una sola línea de comedia siquiera aceptable, el filme cuenta con una sobreactuada Diane Keaton haciendo mohínes continuos

'Mejor que nunca'
Fotograma de 'Mejor que nunca'.

El conflicto inicial que da pie al argumento general de Mejor que nunca, primera película de ficción de Zara Hayes, hasta ahora documentalista especializada en la perspectiva de género, es directamente el horror pese a tratarse de una comedia. Una mujer a la que diagnostican un cáncer decide no tratarse y dejarse morir poco a poco, vende todos sus recuerdos en un mercadillo a la puerta de su casa de Nueva York y se muda a una residencia de ancianos de la América profunda, en un pueblo reaccionario y de imagen casi apocalíptica en su orden y su belleza prefabricados, que bien podría ser el de la alegoría de Las mujeres perfectas.

MEJOR QUE NUNCA

Dirección: Zara Hayes.

Intérpretes: Diane Keaton, Jacki Weaver, Pam Grier, Celia Weston.

Género: comedia. EE UU, 2019.

Duración: 91 minutos.

En un tono presuntamente gracioso, pero sin una sola línea de comedia siquiera aceptable, con una sobreactuada Diane Keaton haciendo mohínes continuos y tropezando con cualquier cosa en una suerte de slapstick patético, la película no parece que pueda empeorar. Pero aún lo consigue: después de toda una vida, el trauma que aún parece perseguirla antes del fin de sus días es que durante su etapa universitaria no pudo convertirse en animadora porque, tras arduos esfuerzos, cuando logró entrar en el equipo, su madre murió. Así que ahora su última voluntad es formar una agrupación de animadoras entre las ancianas de la extraña residencia.

Aún estamos al final del primer acto, es decir, queda una hora de relato por delante en un producto claramente destinado al arco de público que se supone está retratando. Y, sin embargo, tras la formación del grupo y después de una hora de comedia indigesta, azucarada, ramplona y de mensaje alrededor de la enfermedad tan legítimo como peligroso, en un extraño giro de los acontecimientos y contra todo pronóstico, la película mejora un poco. Solo con presentar a unos adultos de mediana edad patéticos pero reconocibles, y un par de situaciones de ordeno y mando de los hijos hacia sus madres residentes de deleznable dictadura de la comodidad, Mejor que nunca acaba instalándose en la alegría cómplice de sus ancianas protagonistas. Y con la sonrisa de la ilusión de una abuela es imposible enfadarse.

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