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¡Gracias, Mambrino!

Rellenar cada día sus crucigramas ha sido un bello ejercicio de lealtad, un ritual que ha tejido una complicidad especial entre esta cabecera y sus lectores

José Luis Herencia Robles, 'Mambrino'.
José Luis Herencia Robles, 'Mambrino'.

Suele medirse la influencia de un medio de comunicación, de un periódico, por su capacidad para ofrecer exclusivas, que es tanto como introducir en la agenda pública un asunto que antes no lo estaba porque a otras personas influyentes no le interesaba que estuviera. Pero no es solo eso. El mejor parámetro para medir esa influencia son sus lectores: por supuesto, cuántos tiene, pero también la relación que establece con ellos. Me gusta pensar que somos como un matrimonio viejo, que se conoce muy bien y en el que cada una de las partes mejora a la otra. EL PAÍS es un gran periódico porque tiene grandes lectores, informados y muy exigentes, que a veces se enfadan con nosotros como uno se enfada a veces con la familia. Miles de ellos se casaron con Mambrino hace 17 años, cuando hizo su primer crucigrama en esta casa. Rellenarlo cada día ha sido un bellísimo ejercicio de lealtad, un ritual que ha tejido una complicidad especial. Y son esa clase de vínculos los que hacen poderosa a una cabecera.  

Nunca le vi, y sin embargo, tengo la sensación de conocerlo. Cuanto más le conocías, cuanto más te sumergías en su peculiar sentido del humor, cuanto más aprendías de lo que a él le gustaba (la literatura, el Real Madrid…) más posibilidades tenías de adivinar sus juegos de palabras y completar el Mambrino con éxito.

Muchos momentos de felicidad han coincidido con él porque hacer uno de sus crucigramas significaba no tener prisa, aparcar las obligaciones y durante un rato – más, o menos largo según lo difícil que lo hubiese puesto ese día-, disfrutar del lujo de parar para concentrarte en algo que te gusta. Completar cada casilla implicaba, además, irse a dormir habiendo aprendido siempre algo nuevo. Los periódicos son eso: informan, forman y entretienen.

Como tantos lectores, he visto ahora, en la triste noticia de su fallecimiento, su cara y su nombre (José Luis Herencia) por primera vez. El emotivo obituario escrito por su hermano, Fernando, ofrece datos que no sabía, como su edad (68 años) o el nombre de la persona con la que ha compartido su vida (Araceli), y eso ha hecho que me lo imaginara en su casa, apartando- él también- todo lo demás durante un rato para entregarse cada día a la tarea de retarnos a adivinar su pensamiento, en horizontal y en vertical.

Me guardo el primer crucigrama que publicó en el diario para hacerlo, como último homenaje, con otro lector que también es fan. Porque el Mambrino también se compartía, como se comparte todo en una familia. Por todas las veces que sonreímos al adivinar uno de tus acertijos, de tus juegos palabras, por todo lo que hemos aprendido, muchísimas gracias, compañero.

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