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La motivación del odio

Documental imprescindible para entender la política de hoy (y quizá la de mañana) en todo el mundo

'Steve Bannon, el gran manipulador'
Steve Bannon, en el documental.

Sería más fácil si no fuera inteligente, pero lo es. También manipulador y peligroso, pero igualmente rápido, locuaz, preparado en demasiados aspectos, hábil y carismático. El diablo debe ser así. Pero el diablo no existe, solo los seres humanos. Y este se llama Steve Bannon.

STEVE BANNON, EL GRAN MANIPULADOR

Dirección: Alison Klayman.

Género: documental político. EE UU, 2019.

Duración: 93 minutos.

Alison Klayman, documentalista estadounidense de 34 años, ha estado durante un año, entre el otoño de 2017 y el de 2018, junto al estratega político que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca, y ha filmado su día a día, sus teorías, sus ambiciones, sus discursos, sus entrevistas con la prensa y en televisión, sus reuniones por todo el mundo: con Nigel Farage, con Matteo Salvini, con aspirantes a diversos cargos en la política estadounidense... Y el resultado es el apasionante Steve Bannon, el gran manipulador -que se estrena en cines y en la plataforma Filmin-, documento imprescindible para entender la política de hoy (y quizá la de mañana) en todo el mundo, el papel de los medios de comunicación en un universo de infamias, y el mantenimiento en el poder de “una élite que se siente cómoda gestionando los declives”. La ultraderecha ya no se esconde, y la existencia de esta película es uno de los mejores ejemplos. Bannon, como una estrella del rock, difunde su mensaje: el nacionalismo económico y el populismo. A cara descubierta, como un adicto al Red Bull y a la ambición.

A falta de ver el otro documental sobre el personaje que se ha realizado en estos últimos meses, American Dharma, del reputado Errol Morris, este de Klayman resulta revelador en muchísimos aspectos. Y formidable en su ritmo, su estructura y su montaje. Sin juzgar, solo mostrando. “¿Qué haría Leni Riefenstahl con esta escena?”, se pregunta Bannon en un momento de la película, aludiendo a la cineasta oficial del nazismo. Aquí está la propaganda. También sus triunfos. Y, ojo, sus fracasos, sus errores, incluso sus dudas: “Era realmente dura”, dice, con admiración, de una presentadora de televisión que le ha puesto contra las cuerdas. “¿Ha estado bien o he hecho el idiota?”.

Repleto de grandes momentos (la tenaz entrevista del redactor de The Guardian; el modo de explicar el mal rollo que desprendía trabajar en el Casa Blanca…), el documental de Klayman no solo contiene el retrato de un despiadado animal político que cree en “el odio y la ira como elementos motivadores”, sino también el dibujo del país que hace algo más de dos años decidió elegir a Trump como su presidente. Allí, en una de esas cenas-mítines-discurso tan del estilo de la ultraderecha, una mujer interrumpe sus palabras a voz en grito. Se la llevan en volandas. Y Bannon suelta: “Gracias a una de mis exesposas por venir”. Carcajadas, aplausos. De hombres, y también de mujeres.

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