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Carolina Durante, la banda de colegas que no vota a Ciudadanos

El grupo de rock publica su primer álbum aupado por el triunfo viral de la canción 'Cayetano' en que parodia a la derecha española

Los miembros de la banda Carolina Durante, en la Taberna Los Claveles, en Madrid. En vídeo, el concierto en el que presentaron su tema 'Perdona, ahora sí que sí' junto a Amaia en la sala Razzmatazz, el pasado 13 de octubre. EL PAÍS

Los cuatro esperan sentados en taburetes al lado de la barra en el bar de siempre, el de los “colegas”, mientras se oye la retransmisión de un partido de fútbol en diferido en la televisión, que descansa en lo alto de una balda. A la hora de la siesta los bares madrileños de toda la vida adquieren una atmósfera perezosa, como de cámara lenta, pero los chicos de Carolina Durante van a otro ritmo. A su ritmo. “Venimos mucho a este bar desde antes de que tuviésemos la más remota idea de que seríamos una banda”, confiesa Martín, bajista del grupo. “Es un bar barato”, señala el cantante Diego Ibáñez. “Además, no es un 100 montaditos ni ninguna mierda de esas”, añade Juan Pedrayes, el baterista. Desde los años del colegio la taberna Los Claveles ha sido el lugar de encuentro de “la previa del Siroco” y todavía lo sigue siendo. Nada ha cambiado para ellos, aunque mucha gente esté pendiente de este grupo que se ha convertido en menos de dos años en el último gran fenómeno de la música independiente española.

Acaban de publicar su primer disco, al que han titulado con el nombre de la banda–que viene del nombre de una examiga del colegio- y que se edita con la multinacional Universal. Hace un par de años, muchos en la industria musical se pensaban que Carolina Durante era el nombre de una nueva cantante salida de alguna campaña de marketing, pero ahora no hay nadie que no sepa que se trata del grupo de Cayetano, la canción que con dos millones de reproducciones en Spotify y cerca del millón y medio en YouTube se hizo viral por su crítica sin cortapisas a los pijos de Madrid. “El vídeo y la canción la hicimos en plan colegas de risas”, cuenta Martín. “La respuesta fue de locos. El primer medio que nos llamó fue Vanity Fair y pensamos: ‘Qué cojones pasa’”, señala Diego, quien añade: “Los conciertos se convirtieron en un karaoke”.

La banda nació en 2016 en Madrid. Diego y Mario se intercambiaban música en el colegio Santa María de Yermo e iban juntos a conciertos. Después de salir entusiasmados de uno en el que tocaban Perro y Belako, ambos pensaron lo mismo: montar un grupo. “Fue básicamente por envidia. Le dije a Mario: ‘Molaría ser ellos’”, confiesa el cantante. Martín era amigo del hermano de Diego y se sumó como bajista, aunque “no sabía tocarlo”, apunta el propio Martín con una risa. Luego, llegó Juan, al que conocían de Axolotes Mexicanos y que sustituyó a otro batería que dejó la banda antes de darse a conocer.

Al primer ensayo, los cuatro fueron con canciones de otros grupos para versionar. No volvió a pasar. La segunda vez que se vieron en el local ya se pusieron a componer su propio material. “Queríamos crear”, dice Diego enfatizando la palabra “crear”. Necromántico, una acelerada composición de menos de dos minutos, fue la primera en salir. Tenía ya las señas de identidad de Carolina Durante: ritmo frenético, guitarras macarras y letras ácidas y directas, como salidas de las mejores juergas madrileñas. “Ser feliz es aburrido… yo lo que quiero es estar contigo”, cantaban, citando los amores etílicos del Nasti, célebre local indie de Malasaña.

Carolina Durante son fruto de Malasaña, el barrio más musical de Madrid, zona de resistencia independiente, toda una efervescencia guitarrera desde que bandas como Los Enemigos o Sex Museum fueron la respuesta alternativa y con actitud rockera a la conocida movida madrileña en los ochenta. Allí donde triunfaba el pop para todos los públicos –y oídos-, Malasaña era el movimiento subterráneo menos complaciente. Pero el grupo, quizá como toda su generación millennial, no se alimenta de nostalgia. Ese Malasaña romántico no está en sus coordenadas, aunque tengan un hilo conductor con el rock camorrero de sus predecesores. También con el sarcasmo lúcido de Siniestro Total y Los Nikis, con los que llegaron a tocar en Madrid. “Tenemos claro que no queremos ser una banda aburrida. Queremos que la gente mueva el culo”, dice Diego.

Apadrinada por Los Punsetes –“les debemos mucho”, dice Diego- y Juanita y Los Feos, a los que dedican la primera canción del disco, Carolina Durante es el más exitoso representante de una atractiva corriente musical madrileña emergente formada por Cupido, Axolotes Mexicanos, Cariño, Putochinomaricón o Cariño, entre otros. Todos son veinteañeros independientes, desprejuiciados, divertidos, críticos y que no tienen deudas con ningún pasado artístico. Se mueven por la horquilla de salas y clubs de Malasaña y alrededores como Siroco, Maravillas, Tempo, Café La Palma, Aleatorio, Lucy in the Sky o Wullitzer. “Lo que no puede ser es que la peña todavía haga cola para entrar a la Vía Lactea. O que diga: ‘Qué guay que este es el bar de La chica de ayer’. No me jodas”, asegura Diego.

Después de haber caminado por la parte de Malasaña cercana a Conde Duque y sentarse a tomar otras cervezas en su bar, muestran desparpajo juvenil cuando hablan de su repentino triunfo. Se ríen de sí mismos, pero también de los demás. Recuerdan su primer concierto el 25 de febrero de 2017, que se lo montó un “colega”. “El comentario general es que todos creían que íbamos a ser una puta mierda pero, tras el concierto, decían que teníamos canciones mazo guapas”, dice Martín. Tan guapas como El himno nacional, que critica la fiebre futbolística, o La noche de los muertos vivientes, que bromea con los excesos nocturnos del fin de semana. Pero ninguna como Cayetano, una radiografía social certera y contundente sobre una parte de la derecha española. “Todos mis amigos se llaman Cayetano, no votan al PP, votan a Ciudadanos”, dice la letra. Tras la salida de Cayetano en marzo de 2018, y sin ningún disco publicado, les llamó el festival Bilbao BBK. No fue el único.

Lazos con Amaia de 'OT'

Carolina Durante también es el grupo que contó con la colaboración de Amaia, la gran ganadora de Operación Triunfo y que anda cocinando su primer disco. Su primera aparición tras salir de la academia televisiva fue cantando con ellos en Perdona (Ahora sí que sí), que tiene ya más de cuatro millones de reproducciones en Spotify y casi tres en YouTube. Más que la propia Cayateno. La prensa del corazón quiso saber del grupo por la relación de Diego con la cantante tras su ruptura con Alfred. “Es un coñazo, pero ya no me afecta”, dice Diego, que dijo que algunos fans de OT le deseaban la muerte.

La mecha del fenómeno fue imparable el verano pasado mientras algunos quisieron ver en ellos la respuesta al éxito de Taburete, el grupo formado por el hijo de Bárcenas y al que citan en Cayetano. “La gente nos quiere ver como las dos Españas. Me hace gracia”, indica Diego, que, como el resto de la banda, niega cualquier rivalidad. “Te sorprenderías la cantidad de Cayetanos que puede haber en nuestro público”, apunta Juan. Visto el panorama político, ¿sería necesaria una nueva revisión de la canción con la irrupción de VOX? “Eso es más chungo. Esos tienen ya la música de los del Imperio Contrataca”, afirma Martín.

Con Madrid como paisaje, el nuevo disco incide en esa visión descreída por el entorno, cargando contra la hipocresía social y los convencionalismos en canciones aguerridas como Cementerio, Joder, no sé, Buenos consejos, peores personas y Nuevas formas de hacer el ridículo. El grupo, que protagonizará la temporada de festivales al ser la formación que más citas tiene cerradas en el circuito nacional, dice que su objetivo “no es hacer otro Cayetano”. No quieren ser eso que los anglosajones llaman one-hit wonder, banda de un solo éxito. “Una canción como Cayetano no sale más que una vez cada muchos años”, confiesa Diego, compositor del grupo, quien reflexiona: “Escribo sobre cosas que me pasan día a día. Mi vida es como la de cualquier chaval de 20 años que vive en Madrid”. Un Madrid que tiene en esta banda de colegas a su último gran fenómeno, dispuesto a dar guerra.

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