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Fotografía, fantasmas y frío en el Valle de los Caídos

El fotógrafo Toni Amengual se adentra en el mausoleo de Franco y retrata el lugar con una mirada personal en su libro 'Flowers for Franco'

Una de las páginas del fotolibro 'Flowers for Franco'.
Una de las páginas del fotolibro 'Flowers for Franco'.

El fotógrafo Toni Amengual no recuerda cuántas veces, entre 2011 y 2013, estuvo en el Valle de los Caídos, pero sí que presenció dos celebraciones del 20N y que entrada la noche nunca salía de la hospedería donde se alojaba por las malas vibraciones que sentía. Nada era como lo había imaginado. Esperaba un lugar lleno de turistas y se encontró con un sitio desolado y lúgubre. “La energía de 33.833 cuerpos enterrados en el mismo lugar tiene que manar de alguna manera”, señala el autor de Flowers for Franco, un fotolibro con aspecto de misal que desprende misterio. Con un diseño sorprendente y provocador, cargado de metáforas con las que el autor propone segundas lecturas que hay que descubrir página a página. “Un contenedor hecho a medida del contenido”, como señala Amengual. 

El artista mallorquín convirtió el monumento a los caídos en la Guerra Civil española en el eje de un proyecto fotográfico que quedó finalista en el certamen FotoPres de La Caixa en 2014. Pensó que la majestuosa cruz de piedra de 150 metros de altura, considerada la cruz cristiana más alta del mundo, era motivo suficiente para retratar el conjunto monumental de Cuelgamuros, del que no había encontrado trabajos fotográficos hechos en profundidad. Imaginar a cientos de curiosos haciéndose autorretratos ajenos a la historia del lugar también le resultaba atractivo. Así, sin más pretensiones que las puramente fotográficas y guiado por el desenlace de la película Balada triste de trompeta de Alex de la Iglesia, se adentró en el mausoleo del Generalísimo Francisco Franco.

Los primeros días el monumento estaba cerrado al público. No había turistas y los fantasmas de la guerra campaban a sus anchas por ese lugar que le transmitió energía negativa desde el primer momento. Esto hizo que Amengual diese un giro a su proyecto: su nuevo objetivo fue captar aquella inquietante atmósfera, descubrir todos los elementos capa por capa hasta llegar a lo que no se ve. El horror de una guerra enterrado en esa gigantesca fosa común donde yacen los caídos de uno y otro bando.

Amengual asegura que “Sintió la presencia de la muerte por todas partes”, y así lo refleja en su obra

Después, en sucesivas visitas, el fotógrafo esperó paciente la llegada de sus personajes. Retrató a los que hacían el saludo fascista, a pesar de la prohibición de hacer apología del franquismo; a los que llevaban flores; a los que iban de excursión, a los monjes benedictinos de la abadía como espíritus de vestidos de negro; al personal de mantenimiento; a personas mayores que en sus rasgos reflejaban la historia y a jóvenes que frivolizaban con ella. A unos y a otros.

Captó el dolor en las grietas de las piedras, el drama en detalles de naturaleza muerta y el terror en las esculturas inspiradas en el libro del Apocalipsis, en sus imágenes resaltó esa grotesca escenografía que hiela la sangre. En un escenario en el que confluyen el poder de la naturaleza, la religión y la política, Amengual asegura que “sintió la presencia de la muerte por todas partes”, y así lo refleja en su obra.

Detalle de la portada del libro.
Detalle de la portada del libro.

El fotógrafo quiere que el discurso narrativo de su trabajo represente esa superposición de capas con las que él encuentra sentido a un capítulo de la historia de nuestro país que nunca le fue explicado. Para ello cuenta con el estudio de diseño dirigido por Alberto Salvan, Tres tipos gráficos, que ordena y da rotundidad a su tercer fotolibro, del que se han impreso 500 ejemplares y con el que Amengual completa una trilogía que comenzó con la publicación de PAIN en 2014 y Devotos, en 2015.

Con Flowers for Franco entre las manos uno se siente en otra dimensión. El formato de misal, los adornos de catecismo en la portada y el título grabado en oro anuncian un interior ‘morboso’. Quizás el primer guiño sean las tres efes simbólicas del titular, “Son tres palabras que fonéticamente me sonaban bien. En realidad, es un tributo personal a Leonard Cohen y su libro de poemas Flowers for Hitler”, dice el autor.

Al abrir el libro aparece una foto en cada página par. Los folios impares están en blanco, ese es el ritmo del Valle de los caídos en Flowers for Franco. A la izquierda: la imagen, a la derecha: el vacío, que deja entrever la imagen siguiente. Un juego entre izquierdas y derechas, entre lo que se ve y lo que no se ve, que fluye de metáfora en metáfora hasta el final.

Después de tanta alegoría, un pequeño texto a modo de capítulo de La Biblia, con versículos numerados, escrito por Llucía Ramis Laloux da un respiro antes de llegar a las últimas páginas. Un relato entre la realidad y la ficción que ayuda a entender el discurso fotográfico del autor.

Una de las páginas del libro con una fotografía en la que un monje se adentra en el bosque.
Una de las páginas del libro con una fotografía en la que un monje se adentra en el bosque.

De fotograma en fotograma pasa la película de los caídos en la Guerra civil. Sin tópicos. Con personalidad. El canto gregoriano de los monjes de la abadía se intuye como escalofriante banda sonora en estas últimas escenas. El desenlace comienza con un centro de flores que adornará la tumba de Franco. En la siguiente página, una fotografía del reflejo, en un charco, de la cruz invertida parece ser el cierre perfecto del proyecto. “Esta imagen es mi resumen sobre el Valle de los Caídos, donde la realidad está enterrada. Para mí, es ahí hacia donde tiene que señalar la cruz”, dice Amengual

Este podría ser el final, pero tras los agradecimientos, vuelven la fotografía, el frío y los fantasmas de una España fragmentada que dejan al lector petrificado.

Tony Amengual y la escritora Llucia Ramis, conversarán sobre los tres libros editados por el fotógrafo el próximo día 10 en Fotocolectania, Barcelona.

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