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Comedia afásica de un ictus

Ser audaz, y esta peli lo es, poco tiene que ver con el talento. Y el director no lo demuestra en el desarrollo de un relato sin lógica interna alguna

Hablame de ti
Fabrice Lucchini, en 'Háblame de ti'.

Empecemos por la gran virtud de Háblame de ti, que es única, aunque inservible: su valentía. En su tercera película como director, el francés Hervé Mimran se atreve a hacer comedia con un ictus. Comedia física, con las señales iniciales, con los síntomas del posterior ataque cerebrovascular, con el entumecimiento y los problemas de movimiento y de visión de un deleznable y exitoso hombre de negocios, de un fabuloso orador. Y comedia verbal, posterior al ictus: con el proceso de recuperación tras las alteraciones en el lenguaje, con la afasia y la frustración interior y exterior. Hay que ser muy osado, pero el cine es para los osados. El problema es que no tiene ninguna gracia.

HÁBLAME DE TI

Dirección: Hervé Mimran.

Intérpretes: Fabrice Luchini, Leïla Bekhti, Rebecca Marder, Igor Gotesman.

Género: comedia. Francia, 2018.

Duración: 100 minutos.

Ser audaz poco tiene que ver con el talento. Y Mimran no lo demuestra en su exposición cómica, en la amabilidad a machamartillo, en el desarrollo de un relato sin lógica interna alguna, como el trastorno del lenguaje de su criatura. ¿Cómo va a dar ese hombre en ese estado un discurso en una convención empresarial? ¿Cómo es que sus jefes y su doctora lo dejan? ¿Cómo es que sale bien? ¿Por qué a pesar de salir bien lo echan? ¿Para qué hace el Camino de Santiago, para salvar a Bambi del ahogamiento, para que los espectadores se rían o para que se sonrojen?

Cada uno de los acontecimientos de Háblame de ti tienen menos sentido que el anterior. Y las tramas paralelas parecen de otra película. ¿Qué tiene que ver la búsqueda de la madre natural por parte de la ortofonista que ayuda al enfermo con el tema principal del relato? ¿Y su historia de flirteo y amor con el enfermero? Simplemente nada, salvo aglutinar un tono meloso, ayudado por una colección de canciones con semejante identidad que las tramas de la película: ninguna. Así que solo alguna mirada extraviada de su protagonista, el siempre excelente Fabrice Luchini, perdida, de indefensión dentro de la vanidad exterior de su personaje, muestra lo que podría haber sido la película sin tanto buen rollo impostor. Y ni eso lo acaba de aprovechar Mimran.

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