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Macrofestivales sin fronteras estilísticas

Los mayores certámenes musicales españoles buscan a oyentes libres de prejuicios y consolidan carteles variados

J Balvin, en 2018 en el festival Coachella, California
J Balvin, en 2018 en el festival Coachella, California GETTY

En 2015, cuando el Primavera Sound celebró sus 15 años de vida, ofreció una programación encabezada por los siguientes nombres: Patti Smith, The Replacements, The Strokes, Damien Rice, Sleater-Kinney, The Black Keys, Antony & Johnsons, Interpol, Belle and Sebastian, Battles, Panda Bear, Ride, Alt-J y Foxygen. Todos ellos potentes representantes del indie-rock —o indie-pop si se prefiere—, ese concepto abstracto y variado pero que el macrofestival barcelonés tanto ayudó a definir y a consolidar en la psicología y el gusto del público español.

No fue el único. También, a su manera, lo impulsaron el Festival de Benicàssim (FIB), el Bilbao BBK Live o el Mad Cool de Madrid, el más reciente de todos en sus tres años de vida. Sin embargo, los tiempos han cambiado. Los grandes festivales españoles, por asistencia de público y volumen de negocio, han roto con cualquier concepto del pasado. Mucho más que ningún año, estilos como la electrónica, el rhythm and blues contemporáneo, el trap, el hip hop y el reguetón se han asentado en sus escenarios.

“Intentamos ser termómetro de la música actual”, comenta Joan Pons, responsable de comunicación del Primavera Sound. El certamen barcelonés dio la campanada al anunciar una programación repleta de sonidos urbanos y con cabezas de cartel como Solange, Charlie XCX, Cardi B o James Blake. Pero ninguno hizo tanto ruido como el colombiano J Balvin, rey actual del reguetón y toda una estrella de éxito global. “Si el programa está así es porque la realidad es así. Los gustos cambian”, arguye Pons.

Rosalía es cabeza de cartel del Primavera Sound, pero también del Doctor Music Festival y Bilbao BBK Live, que incluye entre sus principales atractivos a Nicola Cruz, Vince Staples o Princess Nokia. La fusión de flamenco con sonidos electrónicos de Rosalía se ha convertido en el último gran fenómeno musical en España. Para Marc Ventosa, encargado de la contratación del BBK Live, es un caso paradigmático para reflejar el panorama actual: “Rosalía ha sacado uno de los mejores discos que se han publicado en este país nunca, pero tiene muchos haters. Suelen ser los mismos que se quedaron estancados en su visión de la música en el pasado, tal vez en los noventa”. Y Ventosa añade: “Algunos quieren tener una visión como si viviera en la serie El secreto de Puente Viejo, pero la situación musical es muy distinta y ha evolucionado mucho”.

Esta evolución se ha podido comprobar en los últimos años, tal y como los responsables de los festivales hacen hincapié cuando comentan que ya añadieron electrónica o rap en carteles antes dominados por el rock y el pop. Sin embargo, de la tendencia se ha pasado a un nuevo paisaje, que poco se parece al de años atrás con festivales con identidades muy marcadas y nichos más cerrados. “Si uno se fija en los carteles del Primavera Sound, la clave está en que estos artistas suben de la letra pequeña a la grande. El momento transcendental para nosotros fue el año que Kendrick Lamar fue cabeza de cartel. Fue un paso adelante”, apunta Pons.

Un motivo para explicar esta radiografía actual tiene que ver con otra realidad: los macrofestivales españoles se miran en sus homólogos extranjeros, que asumieron antes estos cambios. Así lo reconoce Javier Arnaiz, director de Mad Cool, un evento que se abre más que nunca a la electrónica: “Siempre hemos sido eclécticos. Miramos el modelo europeo de los grandes formatos”. Festivales como Glastonbury de Reino Unido, Sziget de Hungría o Coachella o Lollapalooza de Estados Unidos asumieron antes el gusto de los jóvenes asistentes, que tienen menos prejuicios debido a su forma de consumir música, con más posibilidad de escuchar muchos más artistas y estilos que generaciones anteriores gracias al streaming.

Otro motivo importante es que los macrofestivales españoles se han ido nutriendo de público extranjero. El porcentaje de asistentes procedentes de fuera de España fue de un 55% en la última edición del Primavera Sound. En el Mad Cool la cifra se situó en un 30%, mientras que en el BBK Live fue del 31,8%. Unos datos que se esperan que crezcan y, tal y como afirma Arnaiz, “condicionan” la programación de unos festivales que ya no quieren fronteras estilísticas.

No todos se atreven con el reguetón

Muchos todavía se frotan los ojos al ver a J Balvin en el cartel del Primavera Sound, otrora el gran certamen salvaguarda del indie. Pero al festival barcelonés no le preocupa el revuelo montado. “Nunca nos hemos visto como un festival indie. No estamos de acuerdo con esa apreciación”, señala su director de comunicación. “De todas formas, si somos salvaguarda del indie, que no se preocupe nadie: lo hay. Hay varios festivales en nuestro festival. Esto es como lo de elige tu propia aventura, pero eligiendo tu propio festival”. El Mad Cool, por su parte, asegura que hay “líneas rojas” que ellos no quieren cruzar como la del reguetón. “Queremos ser coherentes con la idea de negocio y de imagen que queremos crear. Y el reguetón no entra en nuestra idea”, afirma su director.

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