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‘Turandot’ cuadra las cuentas del Teatro Real

La dirección anunció hace un mes a los sindicatos un déficit de más de 300.000 euros pero "la buena taquilla de la ópera de Puccini y nuevos patrocinios" han logrado al superávit

El tenor David Butt Philip y la pianista Patricia Barton, durante la representación de 'Turandot' que ofrecieron por sorpresa en el aeropuerto de Barajas.

Los tres principales responsables del Teatro Real se reunieron con el comité de empresa el pasado 31 de octubre. Les anunció que preveían un déficit en las cuentas anuales de entre 300.000 y 400.000 euros dentro de los 56,8 millones totales previstos. Sin embargo, este miércoles, la dirección no pronunicó la palabra déficit ni ante los medios de comunicación ni ante los trabajadores del teatro. “Equilibrio presupuestario”. Esa fue la conclusión para cerrar el ejercicio con 9.352 euros en positivo.

Gregorio Marañón, presidente del patronato, explica las razones: “El excelente comportamiento en la taquilla de Turandot y algunos patrocinios de última hora han dado un vuelco a las cuentas”. La recaudación de la ópera de Puccini, actualmente en cartel, ha provocado un impulso a las cuentas que va por encima de lo previsto con mucha cautela. La apuesta con Bob Wilson al frente de la escena era muy arriesgada y nunca se puede prever la reacción del público. Junto a Aida, la otra producción más rentable de la temporada –diametralmente opuesta en la concepción conservadora y anticuada de la escena por parte de Hugo de Ana-, han logrado cuatro millones de euros.

En cualquier caso, los sindicatos han pedido un detalle de las cuentas. “Nos resulta muy extraño”, asegura Ana Mesonero, presidenta del comité de empresa. Ella asistió a la reunión en la que Marañón, Ignacio García-Belenguer, director general y Joan Matabosch, responsable artístico, anunciaron el desajuste.

“el excelente comportamiento en la taquilla de Turandot y algunos patrocinios de última hora han dado un vuelco a las cuentas”, afirma

Los datos de las cuentas también arrojan un saldo positivo en otros aspectos, aunque no del todo beneficiosos para recabar apoyos en el ministerio de Cultura. El patrocinio y la taquilla suponen el 75% del total y las subvenciones –del Gobierno central, el regional y el Ayuntamiento de Madrid-, el resto. A este respecto, subirá el próximo año la contribución de la ciudad respecto a la del ministerio.

El modelo de éxito en cuanto a aportaciones privadas, resta fondos públicos por parte del ministerio que dirige José Guirao. Pese a que han ido a pedir un aumento de recursos, no lo han logrado. En cambio, Manuela Carmena pasa de 660.000 euros a un millón en 2019. “Esta es una fundación pública. En el ministerio deben saber cuál es la política adecuada para las subvenciones, si socorrer a quién lo ha hecho mal o fomentar la labor de quienes lo hacen bien. El ministro sabe que tenemos la vocación de ser la ópera nacional de referencia”, apuntó Marañón.

El año del centenario –dos siglos desde que se puso la primera piedra en 2019- se vive como una gran apuesta por la programación artística. “Todo esto, ¿para qué lo hacemos?”, se pregunta el presidente del patronato. “En base a una excelencia”, se responde. Pero el año que viene toca reducir ese apartado. De los 22 millones de euros con los que ha contado este año Joan Matabosch, tendrá que conformarse con 20 millones el próximo ejercicio. “No voy a decir que estoy contento con eso, pero nuestro objetivo no es gastar por gastar, sino que lo tomamos como una inversión que puede llegar a producir al teatro un ingreso”.

La necesidad de buscar recursos propios y patrocinios privados ha llevado a muchos a temer por las prioridades artísticas. Ese fue el motivo de algunas luchas internas que se han producido en la parte técnica y artística con la de gestión, según varias fuenets del teatro. Luchas que han terminado con el despido del anterior responsable técnico, Massimo Teoldi, tras 11 años en el teatro. Las quejas de su departamento por la utilización de recursos para organizar eventos y recaudar por el alquiler de la sala han desgastado al personal y creado fricciones concretamente con Ignacio García-Belenguer. “Este es un edificio público, no hay que rasgarse las vestiduras por apostar por otra forma de trabajar. Cuando propones cosas diferentes, es lógico que las estructuras crujan. Ocurre lo mismo en todas partes”, asegura el director general. Teoldi, por su parte, ya fuera del Real, teme que el ansia recaudatoria ponga en riesgo la eficacia de algunos montajes en el escenario.

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