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Una clase magistral de Memoria Histórica a los políticos del futuro

El antropólogo forense Francisco Etxeberria reclama mayor compromiso de la Justicia en la reparación de las víctimas del franquismo

Francisco Etxeberria (izquierda), junto con Txema Urquijo, durante la conferencia.
Francisco Etxeberria (izquierda), junto con Txema Urquijo, durante la conferencia.

“Hubo un día que me hice mayor y dejé de seguir mirando para otro lado”. El antropólogo forense Francisco Etxeberria se dirige a unos 40 alumnos de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense. Es un hombre contenido, prudente y quienes lo conocen aseguran que ecuánime. También es el español que más pruebas acumula contra los atropellos franquistas durante la guerra civil y dictadura. Hace 20 años que se comprometió en la exhumación de restos en fosas comunes, con la esperanza de que algún día algún juez le pidiera todo lo catalogado, para abrir diligencias contra los culpables de la represión de las tropas de Franco. Por si acaso, el médico —que un día dejó a los muertos para dedicarse a las víctimas— avisa: “No he venido a hablaros de metatarsos y metatarsianos, sino de memoria, crítica y Estado”.

Y no tiene muchas cosas buenas que decir. “No soy optimista, pero lo que no hagamos entre todos no lo hará nadie”, reclama a los estudiantes. La primera lección de la mañana es que el Estado no es ajeno a ninguno, que todos tienen algo que aportar. “Si las víctimas tienen el derecho a la memoria, el resto tenemos deberes y tendremos que aplicarnos el cuento”, dice al grupo para aclarar que no hace falta esperar a una Ley de Memoria Histórica para actuar, que hubo ayuntamientos como el de Oyarzun (Guipúzcoa) que ya repararon la memoria de los asesinados en 1979, con un monumento a las víctimas.

Más abierto y emocional de lo que acostumbra, el responsable de limpiar las consecuencias de las cloacas (los restos de Lasa y Zabala) dice no conocer fosas de huesos, que todas las que ha abierto son de huesos y carne. “La carne la ponen las víctimas, con derechos desatendidos”. A los pies de los trabajos de los arqueólogos e investigadores que rescatan los restos siempre se reúnen las familias. Una vez, una mujer, en una fosa de Soria, les llevó los pantalones agujereados por las balas del asesinado. Su abuelo. A su madre le dejaron llevárselos a la viuda.

“Nosotros podemos convertir esto en prueba. Generamos información para conocer la verdad. Estamos en condiciones de acreditar sin exagerar nada. La justicia debería ejercer la tutela y la reparación, porque son actos simbólicos que se necesitan. A las víctimas les falta el reconocimiento judicial y social”, cuenta el máximo responsable de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que practicó el análisis forense de los restos de Víctor Jara, de Salvador Allende y de los de Miguel de Cervantes. También investiga las torturas en el País Vasco entre 1960 y 2015. Ha documentado más de 4.000 en prisiones.

Cambió hospitales por fosas y reclama algo de compromiso a la Justicia. Recuerda que las 15 intervenciones judiciales en las más de 500 fosas abiertas han acabado todas archivadas, porque el crimen ha prescrito. Es decir, lo que hace su equipo y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica no es oficial. En España son 20 años. Por este motivo, el Tribunal Supremo sentenció que “la posibilidad del enjuiciamiento queda excluida”.

Lo que más le molesta de la dichosa sentencia es que a las víctimas de la represión franquista se les llama “los afectados”. “Es un insulto, como si se tratara de un tsunami. Me da pena que el Supremo se exprese de esta manera”, añade. Por eso reclama una fiscalía especial para la Memoria histórica y una comisión de la verdad, para responder a la víctima, que tiene “derechos pendientes de atender”. “A mí no me corresponde reparar ni administrar justicia”. Su trabajo es reunir las pruebas de la verdad en el campo, para que nadie pueda decir —como ha dicho el ministro de Justicia Grande-Marlaska— que todo lo que no esté asentado en una verdad judicial, no vale. “Según esto durante el franquismo no se asesinó”, señala Etxeberria.

El último aviso a los estudiantes es que no se puede construir el pasado desde los intereses del presente. Porque eso es “hacer trampa”. Y zanja categórico: “Uno debe ser imparcial en su trabajo, pero me pregunto si uno puede ser neutral. Y mi respuesta es: no”. Para muchos, Etxeberria debería ser el responsable de exhumar a Franco, pero como él mismo dice, no se necesita a un forense, sino una empresa funeraria.

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