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Luis Ortega: “Reconstruyo mi adolescencia, salvo que no maté a nadie”

El director de 'El ángel' recuerda sus años de juventud, que ha fusionado en el cine con la auténtica historia de Carlos Robledo Puch, el asesino múltiple más famoso de Argentina

Luis Ortega, en septiembre en el festival de cine de San Sebastián.
Luis Ortega, en septiembre en el festival de cine de San Sebastián. Getty Images

¿Es El ángel la historia de Carlos Robledo Puch, el asesino múltiple más famoso de Argentina, o la de su director, Luis Ortega? El cineasta no ha matado a nadie, pero ha aprovechado un biopic para ahondar en su adolescencia, vivida en parte en Estados Unidos y marcada por ser el hijo de un mito argentino, el cantante y político Palito Ortega.

La reflexión le parece pertinente a Ortega (Buenos Aires, 1980), autor de pequeñas películas y de grandes series de televisión. “Estoy habituado al fracaso y a las salas vacías. En este caso me alié con productores que respaldaran mi visión. Yo, que no sé ni sumar, era un desastre como productor, filmaba a medias los guiones... Por primera vez sentí que mi libreto podía llegar con fuerza a la pantalla. Lo difícil fue encontrar al actor”. El director buscaba alguien distinto: “Vi a mil personas, y curiosamente Lorenzo Ferro, el elegido, fue el primero. Ni me miró la cara, me ignoró. Eso me ganó. Yo quería a alguien que no construyera un personaje, sino al que pudiera trasplantarle mi sistema nervioso. Porque no quería hacer tanto una película sobre Robledo Puch como un repaso a mis recuerdos de mi adolescencia”. Y ahonda en esos tiempos: “Prácticamente reconstruyo mis andanzas de aquellos años, salvo que no maté a nadie. Rememoro una libertad peligrosa, porque es muy difícil que por ti mismo encuentres los límites, sepas dónde está el punto de no retorno”. ¿De esa manera uno exorciza demonios? “De forma no consciente, seguro. Por ejemplo, la relación con la madre de un amigo, que he reflejado en el personaje de Mercedes Morán, y que tenía una relación muy sexual cuando nosotros apenas habíamos cumplido los diez años. Ella nos llevaba a entrar en casas vacías, a robar en mansiones de millonarios que estaban de viaje. Se había divorciado de un narcotraficante, y con ella aprendí, qué sé yo... A, por ejemplo, hurtar cosas en los grandes almacenes. Nos divertíamos mucho, y a la vez había una relación muy carnal con ella, siendo nosotros muy pequeños y mi amigo su hijo. Eso me marcó mucho de chico”.

De igual manera, la relación de Robledo Puch con su amigo nace de una “suposición” del cineasta. “Me planteé que podría haber sido así, aunque en realidad lo basé en mi experiencia. En aquellos años intentaba ganar la amistad de aquel amigo. Era más temerario que yo y luché por conquistarlo, porque en la infancia y en la adolescencia la amistad tiene un lado romántico —de casi enamoramiento— que con la edad se pierde, deviene en complicidad”. ¿Ha sido, entonces, una sesión de psicoanálisis muy cara? “No te creas, he gastado más a lo largo de mi vida en médicos, terapeutas y medicinas”.

Con este gran presupuesto, Ortega da un gran salto en El ángel, la propuesta de Argentina para los Oscar. “Cierto, el dinero me ha dado la libertad. Uno es independiente cuando puedes hacer lo que quieres, así que no entiendo por qué llaman cine indie al que no tiene dinero. Sin plata, a no ser que te motive una idea muy simple, no vas a ningún lado. No es como pintar un cuadro, que puedes hacerlo a solas en casa”.

Así que se ha sentido feliz con una productora grande respaldando sus deseos. “Siempre me tonificaron, me impulsaron”. Y recuerda que tuvo miedo al proponer a “alguien que no había ido ni a una clase de teatro” como protagonista. “Cuando Esther García [productora de El Deseo] vio los ensayos, apoyó mi elección”.

Al cineasta no le gustan las películas de época. “No soy fanático de la historia. Y entiendo que sea un refugio estético muy grande porque la realidad es espantosa. Y va a peor. Si vamos para atrás, la música era mejor, la ropa, los coches eran más elegantes. Carlos vivía influido por el cine, es un personaje que cree que vive dentro de una película, que es una manera de creerse dios". Luis Ortega asegura que existe el destino. “Si no, ¿cómo apareció alguien como Lorenzo? Un ser magnético para un personaje magnético. Honestamente, al inicio, pensaba que iba a lograrlo solo a ratos. Pero tuvimos un año de ensayos. Entraba a robar a mi casa y yo lo filmaba, bailábamos sin parar, salíamos a la calle y veíamos que todo es mentira, que el mundo es un teatro y que por qué no disparar contra ese escenario”.

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