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OPINIÓN i

Una mujer fantástica y plural

Carmen Alborch fue una defensora de los derechos de las mujeres desde los años setenta, cuando eso no era frecuente en nuestro país

Carmen Alborch, en el Día Internacional de la Mujer Trabajadora en Valencia, en 1994.

Hemos perdido una gran persona. Una mujer fantástica y plural, capaz de desarrollar actividades de lo más variado a lo largo de su vida. Carmen Alborch ha sido profesora de universidad, promotora cultural y siempre activa en política. También ha sido una escritora de éxito y, desde su juventud, una feminista convencida.

Carmen Alborch fue una defensora de los derechos de las mujeres desde los años setenta, cuando eso no era frecuente en nuestro país. Y lo ha seguido siendo cuando el feminismo ha entrado plenamente en la agenda política. En buena medida, el avance de las ideas feministas en España se lo debemos, y se lo tenemos que agradecer, a mujeres como Carmen Alborch.

En todas las encarnaciones de su biografía fue excepcional. En la Universidad de Valencia, además de Profesora de Derecho Administrativo, fue durante unos años decana de la Facultad de Derecho. Como escritora ha publicado, con gran éxito, una serie de libros de los que se puede destacar Solas, Malas y Libres, tres ensayos sobre la posición social femenina en los que defiende nuevas fronteras de acción para lo que las mujeres quieran alcanzar.

Carmen Alborch defendió siempre la necesidad de que las mujeres se incorporen a la política, para desarrollar una nueva clase de poder y de liderazgo. Decía: “Cuando una mujer entra en la política cambia la mujer, cuando entran muchas mujeres, cambia la política”.

En el terreno cultural, Carmen Alborch lo fue todo. Primero, directora general de Cultura de la Generalitat valenciana, más tarde directora del IVAM, el Centro Valenciano de Arte Moderno, y, posteriormente, ministra de Cultura. Como ministra se propuso “reanimar la cultura”. Llegó con talante rompedor y moderno y se dedicó a apoyar el sector audiovisual. Positiva y combativa, no se dejó amilanar por tener poco presupuesto y marcó como una de sus prioridades el Museo del Prado, que definió como un “patrimonio de todos los españoles”. Bajo su mandato comenzaron las obras de renovación y ampliación que han sido tan beneficiosas.

Carmen Alborch ha sido diputada y senadora a lo largo de 13 años, miembro de la Comisión de Igualdad del Congreso y del Senado, en unas legislaturas en las que se han aprobado leyes trascendentales para el avance de los derechos de las mujeres en nuestro país.

En su trabajo político, tuvo la aspiración de ser alcaldesa de Valencia, pero no lo consiguió. Sin embargo, de aquella campaña quedó un magnífico libro: La ciudad y la vida. Es un libro lleno de pasión en el que va mezclando sus recuerdos con la historia de la ciudad, sus épocas de la universidad y las luchas contra la dictadura, sus experiencias políticas y académicas. Y recuerda a los amigos que fueron víctimas de la intolerancia y el terrorismo de ETA: Ernest Lluch, Manuel Broseta y Tomas y Valiente. Es un libro profundo y ágil, que llega al fondo de los temas y sabe hacerlos atractivos. Es un libro sobre la ciudad de Valencia y, a la vez, sobre su experiencia vital. Habla de hacer Valencia más hermosa, más importante y más cosmopolita. Y, a la vez, más solidaria y más atenta a todas sus gentes, a sus barrios y a sus tradiciones.

Además de trabajar en todos estos campos, Carmen Alborch ha sido una mujer solidaria, que ha apoyado siempre las causas más progresistas, una buena amiga de sus amigos y alguien con la que siempre se podía contar. Carmen Alborch fue siempre luchadora, optimista y positiva. Siempre buscando lo mejor en sus colaboradores y en sus amigos. Por eso tuvo tantos y supo sacar lo mejor de todos. No podremos olvidarla.

Inés Alberdi es catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

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