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Jerry Lewis: el cómico con alma de niño

El próximo 20 de agosto se cumplirá el primer aniversario de la muerte de Jerome Joseph Levitch, al que conocimos en vida con el nombre de Jerry Lewis

El cómico Jerry Lewis.

El próximo 20 de agosto se cumplirá el primer aniversario de la muerte de Jerome Joseph Levitch, al que conocimos en vida con el nombre de Jerry Lewis. Tenía 91 años y a sus espaldas dejaba una legendaria carrera en el cine y en los escenarios. En 1999 la Mostra de Venecia le otorgó un León de Oro de honor por toda su carrera y con ese motivo protagonizó una larga rueda de prensa que TCM ha recuperado en la serie de reportajes Con mi propia voz, que recoge las declaraciones que grandes cineastas y estrellas hicieron a su paso por los festivales de cine. Ante los periodistas, Jerry Lewis resumió su larga trayectoria artística. “La comedia es siempre lo mismo: un hombre en apuros”, explicó. Además, según él, una buena comedia debe tener otra característica imprescindible: la inocencia. Una inocencia que él identificaba con la infancia. “Si mantienes al niño que llevas dentro, entonces puedes hacer comedia fácilmente. El niño que hay dentro de mí tiene nueve años y no me avergüenzo”.

Jerry Lewis nació en Newark (Nueva Jersey), el 16 de marzo de 1926 en el seno de una familia de artistas judíos de origen ruso. Ya desde pequeño estaba claro de que lo suyo iba a ser el mundo del espectáculo. A comienzos de los años cuarenta hacía números de mimo e imitaciones y en 1946, cuando trabajaba en el Club 500 de Atlantic City, conoció al hombre que iba a cambiar su vida: Dean Martin.

Jerry Lewis y Dean Martin formaron la pareja cómica más popular de los Estados Unidos de aquella época. Juntos hicieron películas como Artistas y modelos o Un fresco en apuros. En 1956, después de rodar Loco por Anita y tras 10 años juntos, decidieron romper su relación artística. En sus memorias Jerry Lewis confesaba que esta ruptura le dejó sumido en una pequeña depresión. Poco tiempo después, sin embargo, su figura renació con más fuerza. Trabajó en la radio, en la televisión, en los casinos de Las Vegas, grabó discos y, por supuesto, continuó rodando películas. “Los cómicos en los años cincuenta éramos iguales a los de hoy. Es la sociedad la que cambia a la comedia”, explicaba en Venecia.

Su trabajo fue cada vez más valorado fuera de los Estados Unidos. La revista Cahiers du Cinéma lo elevó a la categoría de autor, el gran heredero de una tradición humorística que había nacido con Buster Keaton, Charles Chaplin o El Gordo y el Flaco. Él, sin embargo, se desprendía de todo revestimiento intelectual y recalcaba que su trabajo consistía simplemente en hacer reír. Sus personajes eran casi siempre muy parecidos: un hombre tímido, un patoso, un despistado, un ingenuo… “Los payasos son fáciles de entender. Los payasos son como niños. Cualquier cosa que tenga que ver con los niños hace mi trabajo muy fácil. El payaso es maravilloso para todo el mundo”, subrayaba ante los informadores de la Mostra.

En 1960 dirigió su primer largometraje, El botones, y tres años después realizaba y protagonizaba el que para muchos es su mejor trabajo: El profesor chiflado, una deliciosa parodia de El doctor Jekill y Mr. Hyde. “El actor es lo más importante y, como director, no puedo mantenerlo en la pantalla si la película no es divertida”, decía en Venecia para explicar la doble tarea que solía asumir en estos filmes. En 1982 trabajó a las órdenes de Martin Scorsese en El rey de la comedia y en 1993, con Emir Kusturica en El sueño de Arizona.

Políticamente Jerry Lewis fue siempre un hombre progresista, un luchador incansable contra el racismo y colaborador habitual de organizaciones ligadas a la infancia o a combatir enfermedades como la distrofia muscular, incluso fue propuesto para el premio Nobel de La Paz. En 2009 recibió un Oscar honorífico por su labor humanitaria, el premio Jean Hersholt, pero nunca ganó uno por su faceta artística, ni siquiera fue nominado.

Pero, aunque su propia salud se deterioraba, nunca dejó de trabajar. En 2013 rodó su último filme, Max Rose, y hasta casi el final de sus días siguió actuando en Las Vegas. Y aún permanece inédita -se podrá ver a partir de junio de 2024- , una película que dirigió e interpretó en 1972: The Day the Clown Cried, la historia, basada en hechos reales, de un payaso preso en un campo de concentración por burlarse de Hitler y que se dedica a alegrar los últimos días de los niños prisioneros. “Era mala”, confesó el actor en 2013 en el Festival de Cannes. “La escribí, la dirigí y era mala, porque perdí la magia”. Lo que nunca perdió Jerry Lewis fue su alma de niño, un alma infantil que seguimos disfrutando cada vez que vemos alguna de sus películas.