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El mercado de los chicos futbolistas

La película narra el dificultoso paso de chupón de barrio a futbolista de altura de un chico al que le resulta imposible convertirse en adulto cuando no es más que un pibe

MI MUNDIAL

Dirección: Carlos Andrés Morelli.

Intérpretes: Facundo Campelo, Néstor Guzzini, Verónica Perrotta, Candelaria Rienzi.

Género: drama. Uruguay, 2017.

Duración: 102 minutos.

Se acerca el Campeonato del Mundo de Rusia y, como cada cuatro años, las distribuidoras cinematográficas aprovechan el tirón con una serie de estrenos futboleros que esta vez inaugura la muy meritoria película uruguaya Mi Mundial, basada en una novela de Daniel Baldi, también futbolista además de escritor, y a la que se sumará la semana próxima la argentina El fútbol o yo.

Primer largometraje de Carlos Andrés Morelli, Mi Mundial está en las antípodas de las habituales comedias familiares blandengues que se suelen acercar al deporte en general y al fútbol en particular, con críos como protagonistas, en una época donde no son pocos los niños que se alimentan literariamente de superventas relacionadas con el balón, conformando así una tan hermosa como ingenua mixtura entre identificación y sueño. Morelli, en cambio, lleva su película por los empedrados derroteros del drama social y moral, centrándose en el mercadeo con los chicos que apuntan a estrella, en la proliferación de representantes en categorías inferiores a la juvenil, en la necesidad de que el aprendizaje deportivo vaya unido a una educación que aglutine los estudios y los valores, y, sobre todo, en el duro encontronazo con la realidad de ciertos padres de clase trabajadora que, de pronto, ven como su hijo de 14 años puede hacer subir en el escalafón económico de la sociedad, de una patada, a toda la familia.

Verdaderamente futbolera, bien interpretada, y con un protagonista, Facundo Campelo, muy natural en la actuación y de exquisita técnica con el balón, por una vez extraordinariamente elegido, la película narra el dificultoso paso de chupón de barrio a futbolista de altura de un chico que, quizá como no pueda ser de otro modo, confunde las prioridades, y al que le resulta imposible convertirse en adulto cuando no es más que un pibe. Y aunque es posible que el mensaje sea en ocasiones demasiado explícito, esta sí es la película con la que padres e hijos futboleros pueden disfrutar, y sufrir, antes de que el Mundial de los mayores, con algunas figuras que han pasado por etapas semejantes, los vuelva a reunir ante la televisión.

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