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‘Los Rivales’ de Diego Rivera se convierte en la obra latinoamericana más cara de la historia

El cuadro del artista mexicano alcanza los 9,76 millones de dólares durante la subasta de la colección Rockefeller

The Rivals' del artista Diego Rivera durante la subasta de Christie's
The Rivals' del artista Diego Rivera durante la subasta de Christie's EFE

Un cuadro de Diego Rivera se ha convertido este miércoles en la obra de un artista latinoamericano mejor pagada en la historia de las subastas. Los Rivales, un óleo sobre lienzo de 1931, ha alcanzado en los salones neoyorquinos de Christie’s la cifra de 9,76 millones de dólares, superando la horquilla estimada inicial –de cinco a siete millones– y rompiendo un nuevo récord en el mundo del arte.

“Es la primera vez que aparecía en subasta y eso la convierte en una oportunidad realmente especial para el mercado”, apuntó hace un par de meses durante la presentación de la obra el director de Arte Latinoamericano de Christie’s, Virgilio Garza. La pieza ha entrado en el jugoso lote de los tesoros que David y Peggy Rockefeller acumularon durante su matrimonio, considerada como la mayor colección privada que sale a subasta.

El récord latinoamericano queda en todo caso lejos de los Picasso o los Monet también en liza y que han rondado los 100 millones de dólares durante la jornada. Y más lejos aún de los estratosféricos 450 millones pagados hace un año por el Salvator Mundi de Leonaro da Vinci, que pulverizó a su vez el récord anterior del Mujeres de Argel de Pablo Picasso: 189 millones.

Los Rivales, un óleo sobre lienzo de medio formato –150 por 127 centímetros–, fue la tarjeta de presentación de Rivera durante su polémica visita a Nueva York, invitado por Abby Aldrich Rockefeller, fundadora del MoMa. El mexicano, que antes de su primer mural en suelo estadounidense había pasado por Moscú para recibir las bendiciones comunistas, se convirtió en el segundo artista, después de Matisse, en contar con una exposición individual en el templo de los Rockefeller

Rivera terminó la obra en el barco que lo llevó junto a Frida a las costas neoyorquinas y supone un cambio de paradigma con respecto a los ocho murales portátiles que colocaría en Manhattan, en el frontón de los cuarteles generales del capitalismo. El más famoso, El hombre en el cruce de caminos, repleto de fábricas, obreros, retratos de Lenin, Trotsky y el mismísimo John D. Rockefeller Jr bebiendo una copa rodeado de prostitutas. Un guiño insoportable para el magnate petrolero, que acabó destruyendo la obra.

“Alejado de cualquier carga ideológica, este trabajo es igualmente monumental pero más íntimo. Se trata de una escena inspirada en una fiesta local del Estado de Oaxaca, expresada magistralmente a través de la interacción de planos y colores, figuras bellamente delineadas y formas reducidas a su esencia”, resumió el director de la Christie’s. Rivera en su esplendor modernista: la fragmentación cubista de la realidad, la concepción vanguardista del espacio, el crisol de colores y la identificación mítica con el pasado prehispánico. La obra cambió de manos en 1941 pero sin salir nunca de la familia. Fue el regalo de boda de los abuelos para Peggy y David Rockefeller.