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El secreto del escultor de la gravedad

Pedro Durán revalida el título europeo de creaciones artísticas efímeras con piedras en equilibrio

Pedro Durán con una de sus creaciones.
Pedro Durán con una de sus creaciones. EL PAÍS

El viento azuza con tal coraje que las nubes se mueven rápido y el agua del embalse de Arcos de la Frontera (Cádiz) está revuelta. Parece imposible que Pedro Durán pueda conseguir crear una de sus esculturas en equilibrio. Semihundido en la orilla, abstraído de tanta agitación, coloca piedra a piedra en vertical. Cuando llega a la quinta —la más grande—, respira hondo, retira las manos, mira a la cámara y sonríe. Contra todo pronóstico, ahí está su última creación. Hay que creerle cuando relata lo que le contesta a matemáticos y arquitectos cuando cuestionan, incrédulos, su arte: “Lo que yo hago es pegar las piedras… Con gravedad. No hay más”.

Pedro Durán puede pasarse horas ideando formas aparentemente imposibles que se sostienen en el aire

Pedro Durán (Arcos de la Frontera, 1974) descubrió de forma fortuita el stone balance o piedras en equilibrio un verano de hace tres años en la playa gaditana de El Palmar: “Me puse a equilibrar unas piedras con mi hijo y sentí algo que nunca había experimentado. Me llevó a otro lugar. De pronto, estaba rodeado de gente sorprendida por lo que estaba haciendo, pero ni yo mismo lo sabía”. Durán acababa de iniciarse en una de las disciplinas del land art (arte que utiliza la naturaleza como materia de creación), de la que ahora es campeón europeo y único representante español conocido.

El artista, jardinero de profesión, emplea las piedras que encuentra en entornos naturales —como playas, lagos y ríos— para crear impresionantes esculturas efímeras en las que el equilibrio y el desafío de la gravedad son la clave. Puede pasarse horas ideando formas aparentemente imposibles que se sostienen en el aire. Hasta que su obra no está terminada, “todo se desvanece, no existe el tiempo, ni el hambre, ni el frío”. Cuando concluye, inmortaliza su creación en una foto que sube a su perfil Piedras en Equilibrio en varias redes sociales (en Facebook ya tiene más de 21.200 seguidores) y la desmonta. “Devuelvo cada piedra a donde estaba porque no es estético ni bello poner todo patas arriba”, añade.

Devuelvo cada piedra a donde estaba porque no es estético ni bello poner todo patas arriba

El stone balance surgió como disciplina artística en los años 60. Tras unos años de desarrollo, cayó en el olvido y ahora ha resurgido como una destreza efímera que gana adeptos. Así resume Durán, a grandes rasgos, la historia de un arte que él mismo fue descubriendo “de una forma totalmente autodidacta”.

De hecho, no fue hasta el año pasado cuando participó en su primera competición en Escocia, la European Stone Stacking. De entre más de 20 concursantes, se alzó con el título de campeón europeo tras apilar 32 piedras en equilibrio. Luego llegó la competición Llano Earth Art Fest, en Texas, donde este pasado mes de marzo consiguió un primer y un segundo premio en dos de las tres categorías en las que participó. Y hace apenas unos días que regresó de Dunbar, en Escocia, donde ha revalidado su título de campeón europeo.

Cuando empecé era consciente de que o me salía bien o me metían en el manicomio

El palmarés de Durán crece, aunque reconoce que no era ese su objetivo primordial: “Yo no buscaba hacerme conocido en esto, ha ido fluyendo”. Ni la creación en sí es, siquiera, la clave primordial. “Ante todo, busco la meditación, quedarme a cero”, reconoce el artista. Es justo esa necesidad vital de abstracción la que le lleva a mejorar sus creaciones “buscando, cada vez, lo más difícil para poder entrar en ese estado”.Ahora, tres años después de aquel verano en El Palmar, Durán tiene claro que el camino entre el equilibrio y la gravedad que empezó a recorrer ese día mereció la pena: “En mi vida he pasado tantas cosas que siento que todo, al final, me ha llevado hasta aquí. Cuando empecé era consciente de que o me salía bien o me metían en el manicomio, porque pueden pensar que estás loco”. Pero esas cinco piedras en el aire, en medio del atardecer ventoso y agitado del embalse de Arcos, demuestran que, finalmente, acertó con el primero de sus vaticinios.