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Rezando ante una Virgen falsa

Los vecinos de Bulbuente (Zaragoza) descubren que en 1954 les cambiaron una pintura gótica por una burda copia

Copia de Santa Maria de los Ángeles que está en Santa María de Bulbuente.
Copia de Santa Maria de los Ángeles que está en Santa María de Bulbuente.

La comisión parroquial de Bulbuente (Zaragoza) escogió en diciembre la imagen de la Virgen de los Ángeles para ilustrar el calendario que repartió en Navidad, casa por casa, a los poco más de 250 vecinos de la localidad. “Después de proponer varias imágenes se impuso esta”, explica el sacerdote Francisco Sánchez Sánchez, que lleva al frente de la iglesia de Santa María desde hace un año. Por eso, y porque los vecinos llevan rezando delante de esta imagen gótica del siglo XIV más de 60 años, ha causado una gran sorpresa descubrir que en se trataba de una burda copia. “La gente se ha sentido defraudada y que se les han engañado hace años”, dice el cura.

No lo sabían los vecinos “pese a que había un runrún, unos rumores de que había pasado algo”, prosigue Sánchez. Tampoco los expertos que habían estudiado la tabla. Se había mencionado que su aspecto colorido era fruto de una excesiva restauración que había respetado poco el original, pero nadie había dicho nunca que la obra fuera falsa.

El fraude se ha descubierto tras pedir un particular al Estado permiso para exportar una obra suya llamada Tabla de la Virgen de los Ángeles, valorada en 180.000 euros y atribuida a Enrique Estencop, un pintor del llamado gótico internacional, con la idea de subastarla fuera del país. Tras las consultas a la Brigada de Patrimonio de la Policía Nacional y al Prado se comprobó que existían dos obras con el mismo nombre, iconografía y procedencia. Y la policía ha actuado requisando la pintura y depositándola en el Museo Diocesano de Zaragoza para ser sometida a estudios técnicos.

La obra 'Virgen de los Ángeles' de Bulbuente (Zaragoza) en 1947, antes de su restauración.
La obra 'Virgen de los Ángeles' de Bulbuente (Zaragoza) en 1947, antes de su restauración.

Todo apunta que el artífice del engaño es Josep Bardolet (1891-1985), un marchante y anticuario barcelonés que se hizo con la tabla en uno de sus viajes por Aragón comprando piezas que luego vendía a coleccionistas como Frederic Marès y Jesús Pérez-Rosales para nutrir sus colecciones de Barcelona y Sitges. Al parecer, el párroco de entonces entregó la obra a Bardolet, calificado en el contrato de entrega de “pintor-decorador”, para que restaurara la pieza en octubre de 1954 y cuando, meses después, la devolvió, fue cuando dio el cambiazo. “No es la forma de proceder de Bardolet. Es la primera vez que me encuentro con algo así. Siempre compraba las obras para él o para otros”, explica Meritxell Cano, que ha investigado y tiene documentadas las andanzas del anticuario por las mismas zonas de Zaragoza donde se encuentra Bulbuente y en esas mismas fechas.

“Es un personaje que tiene sus luces y sus sombras. Durante la Guerra Civil conservó las llaves de la catedral de Barcelona y no faltó ninguna obra”, añade. Para Cano, la operación pudo esconder la compraventa de la pintura entre el párroco de entonces y el anticuario. “Posiblemente el acuerdo entre ellos comportaba entregar una copia con el fin de no levantar sospechas entre los feligreses, pero en realidad fue una venta. Una cosa era lo que decía delante del pueblo y otra lo que se acabó haciendo”, señala Cano, que ha comprobado los problemas que se encontraba Bardolet cuando llegaba a los pueblos y se interesaba por la adquisición de determinadas obras. “Él no restauraba, pero conocía a los que lo hacían, e incluso se enorgullecía de conocer a gente que hacía falsificaciones muy buenas”.

“Eso es mucho suponer. El párroco de entonces ya no vive, pero algo así no se puede ni sospechar”, remacha Sánchez sobre su antecesor, que aprovechará la misa de este domingo, “no el sermón, sino al final de la ceremonia, para informar de todo lo que ha pasado esta semana”.

La pintura ha sido intervenida por la policía y está a disposición del juez para que investigue lo ocurrido. “La tabla pertenece a la comunidad cristiana de este pueblo. Eso está claro”, asegura Sánchez sin dudar. No obstante, expertos consultados por este diario aseguran que el propietario actual de la pintura, que la compró en 1980 de buena fe, también tiene derechos y se le puede considerar legítimo propietario.