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Riesgo y personalidad

Me despierta mucha curiosidad en cuanto a la reacción que tendrán los espectadores en el estreno comercial de la nueva película de Javier Fesser

Javier Gutiérrez, rodeado del equipo de baloncesto de 'Campeones'.

CAMPEONES

Dirección: Javier Fesser.

Intérpretes: Javier Gutiérrez, Itziar Castro, Luisa Gavasa.

Género: comedia. España, 2018.

Duración: 100 minutos.

Me asaltan sensaciones extrañas durante el metraje de esta película. Me sorprende la audacia expresiva del director Javier Fesser en el arranque y me planteo cómo va a salir de un jardín tan peligroso. El protagonista, segundo entrenador de un equipo de baloncesto, vocacionalmente problemático consigo mismo y con los demás, eterno metepatas, debe redimir su pena por haber tenido un accidente de tráfico en estado etílico prestando servicios sociales, consistentes en entrenar a un grupo de discapacitados. Pero este señor, sin filtros entre lo que piensa y lo que dice, se refiere a ellos con descripciones que actualmente suenan a trueno, tan políticamente incorrectas como subnormales y mongólicos. De acuerdo, esto sale de la abrupta boca de un personaje de ficción que sabemos mostrará finalmente un corazón de oro y su respeto, admiración y cariño hacia esta pandilla aquejada con taras físicas y mentales, pero algún espíritu agotadoramente sensible puede juzgar inadmisible que se pronuncien los viejos y anatemizados términos.

Y desde las primeras secuencias reconoces el muy personal sentido del humor de Javier Fesser, rozando el surrealismo en lenguaje y situaciones, independientemente que los personajes sean de animación o de carne y hueso, las características y el tono de El milagro de P. Tinto, La gran aventura de Mortadelo y Filemón y Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo. Todas ellas han dispuesto de múltiple y regocijado público. A mí me cuesta disfrutar con ese universo, aunque reconozco la insólita e inquietante personalidad de su autor. Sin embargo, su vena dura y trágica me provocó escalofríos y piedad en Camino.

Campeones, que veo y escucho con cierto agrado, me despierta mucha curiosidad en cuanto a la reacción que tendrán los espectadores en su estreno comercial. En los pases de prensa la risa no es muy popular. Y sabemos que esa reacción es contagiosa, que la comedia y el cine cómico alcanzan su esplendor en una sala repleta de público normal.

También me ocurre en la primera visión de esta película algo patético, que me despierta alarmas sobre los estragos que me provoca la vejez y el machaqueo. Lo percibía en la desmemoria, las lagunas mentales y otras consecuentes fatalidades, pero lo que me ocurrió con "Campeones" me deja anonadado. Y es que durante la proyección pensaba que el grupo de discapacitados lo interpretaban actores y actrices profesionales absolutamente creíbles. También admiro el maquillaje, la peluquería, la caracterización de sus personajes. Así lo cuento en un programa de radio en directo. Mi amigo Carles Francino me revela con tacto, pero también firmeza, que no son intérpretes profesionales, sino que todos ellos padecen discapacidad en la vida real. Me quedo pasmado, no sé dónde meterme, es que ya no me entero de nada. Recuperado del susto, aumenta mi admiración hacia la capacidad de riesgo y el espléndido trabajo que ha realizado Javier Fesser con ellos, acompañando al siempre modélico Javier Gutiérrez. Igualmente ha sorteado otros peligros como el ternurismo o el tono sensiblero que podría acompañar al delicado tema. Es una película extraña. En el buen sentido.

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