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La química y la metafísica

El filme se mueve, como una de sus criaturas, en aguas tan turbulentas que sale escaldada de sus excesivas ambiciones

James McAvoy y Alicia Vikander, en 'Inmersión'.
James McAvoy y Alicia Vikander, en 'Inmersión'.

INMERSIÓN

Dirección: Wim Wenders.

Intérpretes: James McAvoy, Alicia Vikander, Alexander Siddig, Celyn Jones.

Género: drama. Alemania, 2017.

Duración: 111 minutos.

En un diálogo de Inmersión, última película del veterano director alemán Wim Wenders, sus protagonistas hacen un paralelismo entre las investigaciones de una bióloga matemática que trabaja en un proyecto de sumersión en las aguas más profundas de los océanos, con el que intenta demostrar el origen de la vida en el planeta, y las operaciones de un espía británico para la erradicación total del terrorismo en años venideros. Suena trascendente y quizá lo sea, pero en la película, aparte de que los cometidos de ambos se muevan en una categoría cercana a la imposibilidad, y de que esa dicotomía esté presente hasta el desenlace del relato, ambas cuestiones, pese a su interés, quedan excesivamente difuminadas. Bravo por la ambición de Wenders, inspirado por una novela de J. M. Ledgard. Y, sin embargo, qué complicado es aspirar a la metafísica en el cine. Quizá, como ocurre con las labores de sus dos personajes, incluso improbable.

Extrañísima coproducción entre una decena larga de empresas cinematográficas de diversos países, entre ellas las españolas Morena Films y Atresmedia, Inmersión se mueve, como una de sus criaturas, en aguas tan turbulentas que sale escaldada de sus excesivas ambiciones. Una filosofía sobre el principio y el fin del ser humano que, de forma paradójica, donde mejor acaba circulando es en el intangible universo de la química. Y no el de la rama de la ciencia que estudia las propiedades de la materia, sino la que a veces se produce entre dos intérpretes que, a pesar de que el guion que los mueve no acabe de ayudar, logran componer instantes de cine verdaderamente pasional.

Y en esa estructura cambiante en la que se mueve la historia, con tres estratos dramáticos y cronológicos bien distintos —la historia de amor entre la científica y el ingeniero hidráulico que trabaja como agente del servicio de inteligencia británico; la inmersión en el océano; y el secuestro en Somalia por parte de un grupo de la yihad—, es la franja romántica la que mejor logra enganchar gracias a la mutua complicidad de sus dos magníficos intérpretes: Alicia Vikander y James McAvoy.