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ANÁLISIS

¿Era Jesús el maestro de justicia esenio?

El Vaticano entró en pánico cuando se iniciaron los estudios de los manuscritos encontrados junto al mar Muerto

El Museo de Israel, que guarda los milenarios Rollos del Mar Muerto.
El Museo de Israel, que guarda los milenarios Rollos del Mar Muerto. EFE

El Vaticano entró en pánico en 1947, cuando se iniciaron los estudios de los cientos de manuscritos de contexto religioso encontrados en unas cuevas en las proximidades del mar Muerto en la localidad de Qumrán (Cisjordania) pertenecientes a la secta religiosa de los esenios. Muchos de ellos habían sido escritos en los dos primeros siglos del cristianismo. El miedo de la Iglesia era que Jesús podía haber sido el fundador de la secta de los esenios, llamado el Maestro de justicia, lo que hacía tambalearse la originalidad del cristianismo.

Se temió que el cristianismo pudiera haber sido solo la continuidad histórica de la comunidad de los esenios. Los ánimos se fueron calmando en la medida en que iban siendo traducidos los manuscritos en hebreo, arameo y griego y apareció que eran la transcripción para la comunidad de libros enteros de la Biblia, de discusiones teológicas y de reglas de los monjes.

Los manuscritos colocaron, sin embargo, el interrogativo de hasta qué punto aquella comunidad de monjes todos judíos y circuncidados, pertenecientes a una élite de la sociedad, muy críticos con la ortodoxia de los fariseos, pudo haber influenciado la doctrina de Jesús transmitida en los cuatro evangelios canónicos. ¿Serían los esenios, en realidad, los padres del cristianismo?

Hoy sabemos que la vida y las enseñanzas de Jesús se distanciaban años luz de la idiosincrasia religiosa de la comunidad de los esenios, a pesar de que es posible que algunos de los preceptos de aquellos monjes hubiesen podido haber inspirado algunas conductas de Jesús, como la dura crítica a los fariseos o la de poner todos los bienes en común. Al revés, se diferenciaban en que los esenios eran todos célibes, mientras que los apóstoles eran todos casados, probablemente el mismo Jesús.

Pero si hay algo que distingue radicalmente al Maestro de justicia de los esenios y a sus monjes de Jesús es el modo de colocarse frente a los excluidos de la sociedad. Mientras un rasgo indiscutible de Jesús era la aceptación y hasta la preferencia en su Reino por los excluidos (pobres, enfermos, lisiados, endemoniados y prostitutas), en las reglas monacales de los esenios estaba escrito, por ejemplo, lo siguiente: “Todo idiota o loco, todo simple y tartamudo, aquellos cuyos ojos no ven, el cojo o tambaleante, el sordo y el niño, ninguno de ellos entrará en la comunidad”.

Mientras los esenios fueron una comunidad elitista, para escogidos sin defectos y con miedo a la sexualidad, los seguidores de Jesús eran un puñado de analfabetos que abrazaban todo lo que la sociedad bien rechazaba y no despreciaba, las alegrías de la vida.

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