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El Papa: “Sí, he dado algunos patinazos”

Francisco habla de política en un libro del sociólogo francés Dominique Wolton

Dominique Wolton, tercero por la izquierda, junto a Víctor Pérez-Díaz, el cardenal Osoro y José Luis Restán.
Dominique Wolton, tercero por la izquierda, junto a Víctor Pérez-Díaz, el cardenal Osoro y José Luis Restán. Europa Press

Ni una semana sin libro. Este es el signo del papa Francisco, que acaba de cumplir cinco años en el cargo en loor de multitudes entre los fieles de base (e, incluso, entre agnósticos o ateos), pero sometido a severas críticas por parte de incontables jerarcas de la Iglesia católica. El sociólogo francés Dominique Wolton, uno de los grandes expertos en comunicación de masas, habla de las causas que hacen del Papa argentino esa figura admirada, querida u odiada. El libro se titula Papa Francisco. Política y sociedad. Conversaciones (Ediciones Encuentro), y lo ha presentado en Madrid en presencia del cardenal Carlos Osoro, el prelado local.

La fórmula del autor es inédita hasta ahora con los papas: sin tapujos, sobre cualquier tema, sin censura, reuniéndose con Francisco en 12 ocasiones durante casi dos años, y abarcando prácticamente todo su tiempo de reinado. También ofrece humor e ironías. “No es fácil hablar con un Papa, pero cuando lo hicimos no paramos de reírnos", dijo Wolton. Una muestra se recoge en la página 198, cuando Francisco habla de su ser argentino, del por qué los argentinos son "tan orgullosos”. No es bueno, pero es fuente de chistes, añade. He aquí unos ejemplos contados por él: "¿Sabe  usted cómo se suicida un argentino? Se sube a la cima de su ego y se lanza desde arriba". Este otro le concierne: "¡Fíjese hasta qué punto es humilde este Papa! Aunque es argentino, ha preferido llamarse Francisco, y no Jesús II". "Somos así. ¿Sabe usted cuál es el mejor negocio que se puede hacer para enriquecerse? ¡Comprar a un argentino por lo que vale, y venderlo por lo que él cree que vale!".

Entre ironía en muchas ocasiones, que demuestran la agilidad mental y la cultura mundana del pontífice a sus más de 80 años, el libro de Wolton, es, sin embargo, un trallazo, muchas veces a la clase política y a los poderosos. Nada le asusta a Francisco. “Es un hombre libre y por eso es terrible”, ha afirmado esta misma semana en el Seminario Conciliar de Madrid, también en presencia del cardenal Osoro, el llamado Gran Predicador del Vaticano, el capuchino Raniero Cantalamessa, encargado en los últimos 39 años de pronunciar los sermones ante los tres últimos papas.

"No es fácil, no es fácil", advierte Francisco dos veces a lo largo de las conversaciones con Wolton. Efectivamente, no es fácil oír en boca de un Papa que "Europa traiciona sus valores cuando se cierra", en ocasiones "porque tiene miedo", o que la mayor amenaza contra la paz en el mundo es el dinero, "el estiércol del diablo", dice textualmente.

También razona por qué suele decir que "Europa está en guerra". "No hay declaración de guerra, habrá que creerse que se trata de algo viejo y superado. Pero se hace la guerra, ¡y vaya que se hace! El problema está en saber quién está detrás de todo eso. Son los traficantes de armas. Pero, ¿es legal fabricar armas? Sí, es legal. Cada país las necesita para defenderse. Pero dárselas a los traficantes que las infiltran en los países en guerra entre ellos… ¿Por qué? Por el dinero. En estos momentos hay en África, y también en Siria, digamos en Oriente Medio para no equivocarnos, lugares a los que no tiene acceso la Cruz Roja para sus misiones de asistencia, pero sí llegan las armas. Hay aduanas que dejan pasar las armas, ¡pero no la ayuda humanitaria!”.

Francisco, que pensó en ser dominico antes que jesuita, habla con rabia de las injusticias y con confianza en las nuevas iglesias, sobre todo las de África y América del Sur, “a pesar de la fragilidad”. También afirma que la unión civil de los homosexuales es posible", pero sin el nombre de matrimonio. “El matrimonio es la unión de un hombre con una mujer. Ese es el término preciso. Llamemos a las uniones del mismo sexo unión civil". (Página 122).

Acompañaron a Wolton en la presentación en Madrid el sociólogo Víctor Pérez-Díaz y José Luis Restán, además del cardenal Osoro. "Francisco no ha puesto ninguna condición, no me hizo ninguna censura. Solo me pidió omitir el nombre de una pareja de homosexuales argentinos para que no se les conociera. El Papa habla con libertad e inconformismos, con amor al pueblo y a los pobres, también con rabia por las injusticias y el deseo de que Europa deje de ser una abuela para ser madre", dijo el autor.

La conversación también aborda las dificultades que encuentra el pontífice en la Curia romana, y de las reformas que se anuncian y no llegan. Probablemente, no se producen tantas faltas de respeto a un pontífice romano entre sus cardenales, hasta tacharlo de hereje o peligroso comunista, desde el papado de Pío IX, el papa que se proclamó infalible por dogma el 18 de julio de 1870, provocando que decenas de obispos abandonasen airados el Concilio Vaticano I.

"Francisco quiere tender puentes, está convencido del papel de las mujeres en la curia y dice que habrá hombres casados en la Iglesia. En Santa Marta [la residencia donde vive y come en el Vaticano] me dijo.... 'No es fácil, no es fácil, Dominique". "¿Cuál es el principal pecado?", le preguntó Wolton. Su respuesta: "Todo lo que está debajo de la cintura es lo de menos, y si un sacerdote os pregunta ¿por qué?, ¿con quién?, o ¿cómo?... que se lleven a ese sacerdote a un psicólogo".

En lo personal, que ocupa la última parte del libro, Francisco se declara feliz en el cargo. "No por ser el Papa, pero el Señor me lo ha dado y rezo para no hacer tonterías… ¡Aunque las hago!". Es en ese momento cuando habla de la virtud de la prudencia. Le preocupa no ser prudente a veces, pero advierte contra una prudencia fría, la que no permite comprender "hasta dónde se pueden decir las cosas, y hasta dónde no hay que llegar". Reacciones y críticas a sus palabras las ha habido, reconoce. "Cometo errores. Me he equivocado dos o tres veces en mi modo de decir las cosas. Hay ciertas cosas que no puedo decir. Sé que sería una falta de educación o de prudencia. O una falta de secreto que debo mantener. Pero lo que puedo decir lo digo. Y algunos se escandalizan, es verdad. No busco hablar como un profesor, sino como un pastor".

¿Y los periodistas? Reconoce que, aunque nunca ha experimentado angustia, cuando se sube al avión con los periodistas, tiene "la impresión de bajar al foso de los leones". Y añade: "Entonces empiezo por rezar, después intento ser muy preciso. Hay mucha presión. Sí, he dado algunos patinazos".