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Cinismo pasado de fecha

Es una lección magistral sobre las inconveniencias de recurrir a un modelo de historia, tan gastado por el uso y el abuso, que llega veinte años tarde

Gringo
David Oyelowo, Charlize Theron y Joel Edgerton, en 'Gringo'.

GRINGO: SE BUSCA VIVO O MUERTO

Dirección: Nash Edgerton.

Intérpretes: Joel Edgerton, Charlize Theron, David Oyelowo, Amanda Seyfried.

Género: comedia. Australia, 2018.

Duración: 111 minutos.

Especialista de acción, actor, cortometrajista y director de vídeos musicales para Bob Dylan, Nash Edgerton, hermano del también actor, guionista y director Joel Edgerton, imparte en Gringo: se busca vivo o muerto, su segundo largometraje, una lección magistral sobre las inconveniencias de recurrir a un modelo de historia, tan gastado por el uso y el abuso, que la presencia de esta película en la cartelera sólo puede compararse, si es que puede compararse a algo, a la sorpresa de encontrar una fecha de caducidad de hace diez (o veinte) años en un producto recién adquirido en el supermercado de la esquina. Su trabajo también invita a preguntarse si habría que pedir responsabilidades a algunos cineastas de referencia –en este caso, Tarantino y los hermanos Coen-, cuando el rastro de su influencia en el cine contemporáneo empieza a adquirir la forma de un montón de metralla no solo redundante, sino especialmente caracterizada por malinterpretar la esencia de sus fuentes de inspiración.

El lanzamiento al mercado farmacéutico de un medicamento basado en las virtudes de la marihuana da pie a una comedia negra sostenida sobre los cruces del azar, donde el íntegro empleado de una corporación se verá abocado a un juego de supervivencia entre neoliberales irredimibles, mercenarios sin moral, torpes buscavidas y capos de la droga aficionados a la última etapa de los Beatles. El mayor (por un año) de los Edgerton maneja su película como si creyera que el slapstick cruel, el sarcasmo sin fundamento y el cinismo como complemento supuestamente cool fueran, todavía, valores al alza. Si, pongamos por caso, esta película se hubiese estrenado el mismo año en que se rodó Love & a .45 (1994) de C. M. Talkington, una de las primeras subtarantinadas, ¿hubiese parecido mejor de lo que parece hoy? Quizá hubiese caído más simpática.

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