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Iconoclastias varias

La guerra civil española se alzaría en un puesto de honor en el ranking de lista de las más elevadas montañas bibliográficas suscitadas por acontecimientos históricos

Retirada de la estatua de Antonio López el domingo pasado en Barcelona. 
Retirada de la estatua de Antonio López el domingo pasado en Barcelona. 

1. Testimonios

A menudo me pregunto qué lugar ocuparía la guerra civil española (GCE) en la hipotética lista de las más elevadas montañas bibliográficas suscitadas por acontecimientos históricos. Suponiendo que alguien tuviera tiempo y ganas de elaborar semejante ranking, no me cabe la menor duda de que se alzaría a un puesto de honor. Y no sólo entre nosotros: la GCE, sus protagonistas, su épica —barnizada a menudo de romanticismo impostado— y sus inmediatas consecuencias, que tanto han llamado la atención de historiadores y novelistas de todo el mundo, siguen atrayendo, 80 años después, a lectores propios y ajenos. Recientemente, el suplemento literario de Le Monde (que acaba de cumplir medio siglo de existencia, propinando un contundente mentís a los que proclaman la obsolescencia de estas instancias culturales intermediarias) ha dedicado su cubierta a la reciente traducción francesa (en Christian Bourgois) de Muerte después de Reyes, de Miguel de la Escalera (México, 1895-Santander, 1994), quizás el más estremecedor de los testimonios provenientes de los condenados a muerte por los inclementes tribunales fascistas de posguerra. Redactado clandestinamente en el “corredor de la muerte” de la cárcel de Alcalá de Henares durante 1944-1945, el diario-ensayo del conspicuo escultor y militante comunista sigue siendo un relato imprescindible para conocer el lado más vulnerable y humano de los presos, su zozobra sin esperanza, las vicisitudes de su mezquina cotidianidad, la humillación y el castigo a los que eran sometidos, la quemante añoranza de los suyos. Publicado bajo el seudónimo de Manuel Amblard por la mexicana Era en 1966, la única edición española en el mercado es la que publicó Akal en su colección de bolsillo en 2015.

2. Tendencias

La literatura de, sobre, para, con y por mujeres, junto con la llamada nature writing, es decir, la ficción o el ensayo en torno al medio ambiente natural, son dos tendencias editoriales que estos días pueden apreciarse en las mesas de novedades librescas. La consigna expresada en el globalizado #MeToo, la acelerada extensión del empoderamiento de las mujeres, la contundencia de sus reivindicaciones hace tiempo que se reflejan en la edición. Entre los últimos libros de mujeres (pero no solo para ellas), permítanme que hoy les recomiende, por tomarme un descanso de la actualidad, dos clásicos revisitados: la breve pero equilibrada Antología de poetas españolas, publicada por Alba (prólogo de Ana Gorría), y la edición “restaurada” de Honesto y entretenido sarao, de María de Zayas y Sotomayor (edición de Julián Olivares), publicada en el estupendo catálogo de las Prensas de la Universidad de Zaragoza. Del primero les sugiero especialmente la lectura de la selección de poetas del siglo XX, pero sobre todo el estremecedor, barroquísimo y moderno Primer sueño, de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), incluida un poco forzadamente en la antología por “su influencia decisiva en la poesía española posterior”. En cuanto al libro de María de Zayas, “nuestra primera feminista” y una de las grandes —y menos frecuentadas— plumas del Siglo de Oro, se trata en realidad de la recuperación (más allá de las interpolaciones de editores y “libreros” a lo largo del tiempo) de la edición completa y recuperada, tal como la concibió doña María, de sus Novelas amorosas y exemplares (1637) “corretas y enmendadas por su misma Autora”. En los dos volúmenes de Honesto y entretenido sarao —en los que se aprecia la huella de Bocaccio y la influencia de Cervantes— se contienen algunos de los relatos “a maravilla” y “desengaños” más divertidos, ingeniosos y desprovistos de la convencional moraleja que pudieron leerse en su tiempo. Por eso no le gustaban nada a los inquisidores.

3. Estatuas

Espero que Claudio López Lamadrid, el atento y sagaz editor de Literatura Random House, haya puesto sus barbas a remojar, confiando en que la pasión iconoclasta que ha llevado a la ultraoportunista Colau a privar a Barcelona de la estatua de su pariente don Antonio López y López, marqués de Comillas, “por esclavista”, no llegue a afectarle. Y es que no me extrañaría que Colau, como Yahvé, estuviera empeñada en castigar “la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la cuarta o quinta generación” (Éxodo, 20:5). No importa que la del prócer empresario e indiano, ahora estúpidamente des-urbanizado, no fuera la única de las grandes fortunas catalanas del XIX —entre cuyos reaccionarios descendientes, por cierto, abundan los simpatizantes del procés— que no hiciera ascos a ese lado oscuro tolerado por la legalidad de entonces. Es lo malo de derribar estatuas de grandes hombres y mujeres del pasado que, como todo el mundo, tuvieron sus más y sus menos: se empieza con retirar la del “negrero” de Comillas y se termina por decapitar la de Fernando III el Santo (en la plaza Nueva sevillana) a cuenta de su “islamofobia”. Lo único que ya le falta a la consistorial dama tan ensandecida es un poeta o narrador “laureado” —hay quien no le haría ascos al puesto— que cantara sus oportunismos y vaivenes con el vigor de un Asurancetúrix que hubiera sido discípulo de Mossèn Cinto Verdaguer (quien, por cierto, fue confesor de don Antonio y debió de perdonarle sus pecados de acumulación primitiva).

4. Machismos

Tal como va el clamor del #MeToo, barrunto que Nicolás Guillén se lo pensaría dos veces a la hora de escribir este “madrigal”: “Sencilla y vertical, / como una caña en el cañaveral. // Oh retadora del furor / genital: / tu andar fabrica para el espasmo gritador / espuma equina entre tus muslos de metal”. Y hasta el gran Catulo dudaría antes de escribir los acuciantes versos de su canto 32 en honor de su querida Ipsitila: “Quédate en casa y resérvame / nueve folladas seguidas”, traducción libre de sed domi maneas paresque nobis / novem continuas fututiones.