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Trump se ríe de los Oscar con la audiencia más baja de la historia

La retransmisión fue seguida por 26,5 millones de telespectadores, un 19% menos que en 2017. "El problema es que ya no tenemos estrellas", dice el presidente

El presentador de la gala Jimmy Kimmel (dcha) y el "jovencito Jimmy Kimmel" en un momento de la gala de la 90 edición de los Óscar.
El presentador de la gala Jimmy Kimmel (dcha) y el "jovencito Jimmy Kimmel" en un momento de la gala de la 90 edición de los Óscar. EFE

La audiencia en Estados Unidos de la 90 edición de los Premios Oscar, que se celebró el domingo en Los Ángeles, cayó un 19 % con respecto al año pasado hasta situarse en 26,5 millones de telespectadores, el peor dato en la historia para la retransmisión televisiva de estos galardones de cine. Y una ocasión demasiado buena como para que Donald Trump, atacado en las dos galas celebradas desde que ocupa la presidencia de EE UU, no aprovechara para vengarse. "Los Oscar con menor audiencia de la HISTORIA. El problema es que  ya no tenemos estrellas, excepto vuestro presidente (es broma, por supuesto)", escribió en su cuenta en Twitter.

Según el medio especializado The Hollywood Reporter, se trata de la primera vez que la gala televisada de los Oscar, que duró cerca de cuatro horas, congrega a menos de 30 millones de personas en EE UU. La ceremonia empeora así el dato de 2017, que ya había registrado la que entonces supuso la segunda audiencia más baja de la historia, con 32,9 millones de espectadores.  El récord negativo, batido ahora por la gala del pasado domingo, pertenecía a la edición de 2008, que contó con Jon Stewart como maestro de ceremonias y que reunió a 31,8 millones de espectadores.

La misma revista publicaba en los días previos a la gala una encuesta que muestra cómo el 66% de los votantes de Trump cambia de canal cuando empieza algún discurso reivindicativo en los Oscar, frente al 19% de electores de Hillary Clinton. De la misma forma, la mayoría de quienes eligieron al presidente considera que la gala suele ser demasiado política y no aprecia los discursos que van más allá del cine; en el bando demócrata, ocurre lo contrario: un porcentaje mayoritario de espectadores agradece las reivindicaciones y pide incluso más. Y si son en contra de Trump, mejor.

La ceremonia del domingo la condujo el comediante Jimmy Kimmel, que repitió en los Óscar después de la desgraciada gala de 2017, cuando, por un error de la auditora PricewaterhouseCoopers (PwC), se proclamó como vencedora del Óscar a la mejor película a La La Land pese a que, en realidad, la ganadora era Moonlight.

La forma del agua, la cinta del cineasta mexicano Guillermo del Toro, fue la gran triunfadora de la noche al llevarse cuatro premios, incluyendo el de mejor película y mejor director.