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El populismo xenófobo salpica los museos italianos

El centroderecha pide la destitución del director del Museo Egipcio de Turín por ofrecer descuentos a los visitantes capaces de demostrar que hablan árabe

Una mujer visita una de las exposiciones del Museo Egipcio de Turín.
Una mujer visita una de las exposiciones del Museo Egipcio de Turín. EFE

La deriva populista y xenófoba que está adquiriendo la campaña electoral italiana amenaza con embarrarlo todo antes de que llegue el 4 de marzo. Este lunes las constantes amenazas del centroderecha a cuenta de cuestiones identitarias llegaron hasta el director del Museo Egipcio de Turín, Christian Greco, que había ofrecido descuentos temporales para los visitantes de origen árabe que quisieran ver el centro cultural. Una iniciativa sin mayor relevancia –el museo ofrece distintos tipos de ofertas para jóvenes, estudiantes, jubilados…- que pretendía establecer un diálogo cultural con sus visitantes. Pero la coalición de centroderecha, en boca de cuyos socios se han podido escuchar ya estas semanas llamadas a defender la raza blanca o justificaciones sobre sucesos racistas, utilizó el caso para crispar todavía más los ánimos.

El Museo Egipcio de Turín es el más importante en la materia -después del de El Cairo- y uno de los más visitados de Italia (800.000 personas al año). Quizá por esa relevancia, o por la falta de protagonismo en la campaña de odio desatada por el centroderecha tras un suceso racista ocurrido en Macerata hace una semana, Hermanos de Italia –el socio pequeño de la coalición formada junto a La Liga y Forza Italia- emitió ayer un comunicado amenazante dirigido al director del museo, que ha rehusado dar su versión a este periódico "para evitar mayor instrumentalización política del caso". En el texto se advertía de que cuando el grupo que lidera Silvio Berlusconi llegue al Gobierno -las encuestas les dan como favoritos- presentarían un sistema de elección de los dirigentes de los diferentes departamentos de Cultura del país "para garantizar la transparencia y el mérito y no la pertenencia ideológica". Según su lideresa Giorgia Meloni, de indisimuladas inclinaciones posfascistas, se trata de una forma de racismo. A la inversa, se supone, del que practican los socios de su partido.

Meloni, que se encontraba en Turín en plena campaña electoral, se presentó la semana pasada en la puerta del museo con un grupo de individuos que protestaban por la decisión del director. Durante la concentración, Greco bajó a la calle para hablar con ella y explicarle los motivos que le habían llevado a proponer una iniciativa que permite a las parejas que demuestren su conocimienot del árabe entrar por el precio de un solo billete. Una propuesta de tantas -la misma fórmula ya se había lanzado el año pasado- para tratar de demostrar, dijo, que "la cultura es universal" y acercar el centro "a todas las personas posibles". Meloni tuvo que descubrir delante de las cámaras que el museo está financiado de forma privada y la colección pertenece a El Cairo. Pero daba igual. Porque la ultraderechista política romana había lanzado su protesta ignorando la base del debate, confundiendo origen y lengua con religión –“esto es algo dirigido a una religión!”, dijo- y hablando de discriminación, cuando su partido ha basado toda la campaña en la defensa de los derechos de los italianos frente a los inmigrantes.

Las amenazas de Meloni y el show en la puerta del museo de Turín son solo propaganda improvisada. Desde el 2004 la responsabilidad de la gestión del Museo recae en la Fundación Museo de la Antigüedad de Egipto, que puede usar durante 30 años la colección. El ministerio de Cultura solo tiene un asiento de los cinco que integran el patronato, de modo que el Gobierno no tiene ninguna potestad para cesar a su director. Pero la polémica queda y la acusación de relativismo cultural vuelve a lanzarse contra el Partido Democratico. Uno de sus exponentes, el ministro de Cultura, Darío Franceschini, salió ayer a defender a Greco y, como también hizo Matteo Renzi, le mostró su apoyo.

El fenómeno migratorio ha partido a Italia en dos pedazos, como demuestran las dos manifestaciones que se celebrarán el próximo sábado en Roma y Milán. En la capital, los ciudadanos saldrán a la calle para protestar contra el auge de un noefascismo en los partidos políticos. En la ciudad lombarda, convocados por La Liga, se invocará algo así como la defensa de la Italia de la gente de bien. La cultura y el arte, sin embargo, había permanecido hasta ahora al margen de este tipo de barro político.

Italia no quiere directores de museos extranjeros

El verano de 2015, siguiendo un ambicioso plan de renovación de los anquilosados museos italianos diseñado por el ministerio de Bienes Culturales, Dario Franceschini, Italia nombró a siete extranjeros dentro de los nuevos 20 directores. La decisión, muy habitual en otros países, fue ampliamente contestada en un país donde el patriotismo y el nacionalismo emergen solo en contadas ocasiones. El arte y la belleza son un ejemplo de ello.

Casi dos años después, el problema se agravó y la reforma del ministro amenazó con irse al garete después de que el Tribunal Regional del Lacio rechazase cinco de estos siete nombramientos, entre los que está la Galleria de los Uffizi, que dirige con éxito el alemán Eyke Schmidt. El dictamen quedó en manos del Consejo de Estado, que hace una semana confirmó la decisión del tribunal, que afecta especialmente Peter Assman (en el Pacio Ducal de Mantua) y a Martina Bagnoli (en la Galleria de Modena). “Qué pensarán en el mundo de un país en el cual se pone en discusión constantemente una reforma que ha funcionado”, protestó en twitter Franceschini.

El problema es que la reforma funcionó. Los museos italianos recibieron en 2017 la cifra récord de más de 50 millones de visitas con una recaudación de unos 200 millones de euros. El sistema de organización de los flujos de visitantes –uno de los principales problemas de las abarrotadas galerías- comienza a mejorar y a tratarse como un asunto científico. Y el anquilosado sistema funcionarial de gestión se ha modernizado. Pero la reforma seguirá en los tribunales con el recurso del Gobierno.